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Oye cómo va Ilustración: Nelson Ponce

Gracias, Edesio

Le digo a Edesio Alejandro que supe que había tenido desencuentros con Fernando Pérez al hacer la música de Suite Habana. “¿Y quién te dijo eso?”, pregunta. Me quedo en blanco, juro que lo había escuchado, quizás en Radio Rebelde, pero ¿cómo uno se mete en estos entuertos? ¿Para qué coño hace uno periodismo?

Me voy a otra pregunta y Edesio insiste, pero logramos salir del tema y entonces la conversación se va clandestinamente de la suite y entramos a hablar de cómo uno ha vivido tantos años a la escucha de este hombre.

Recordamos las más de cien canciones que hizo para El Mago del Cachumbambé, y Edesio entonces me dice que buscó hilar cerca de la balada, pero con temáticas infantiles. Le recuerdo uno de los temas y ríe: “¿cómo es que recuerdas esas canciones?”. ¡Que sí, compadre!, porque esas cosas le van acompañando a uno.

Los músicos pueden andar imaginando el éxito o quizás solo quieren experimentar y encontrar nuevos sonidos, como Edesio, que fue de los pioneros de la música electroacústica, pero lo que a veces ignoran o no pueden saber hasta lo más hondo es que van dejando cuotas de ellos mismos en la vida de los otros.

Edesio, por ejemplo, grabó con el Grupo Moncada Fundar una esperanza, e hicieron un videoclip que fue  popular como pocos en Cuba. Estamos hablando del tiempo en que Mirtha Medina paralizaba la Isla, el tiempo de Ania Linares, Maggie y Luis; un tiempo en que Rumbabana y Ricardito eran casi obligatorios, y, bueno, Los Van Van. Pues Edesio Alejandro hizo aquel clip y trató de modernizar el sonido de la televisión y se las vio con el rock, el rap y la canción.

A lo dicho se suma toda su obra para cine: Clandestinos, Hello Hemingway, Caravana, Madagascar, Suite Habana o Martí, el ojo del canario. Además, escribió una ópera rock y realizó el documental Los 100 sones de Cuba.

Yo lo entrevisté para mi programa de radio, hablamos cerca de una hora. A ratos me daba miedo que se aburriera, pero al final noté que haber vivido con muchos de sus temas, nos ayudaba a sostener la charla. Edesio —de blanco, con aquella barba, su pelo a la espalda revoloteando, lo mismo volviendo al sonido electrónico con Black Angel que redescubriendo, si es que eso es posible, a Adriano Rodríguez— ha marcado rutas.

Hoy trabaja en dos películas desde Madrid, según varios sitios web. También se comenta que sufre cáncer y trata de hacer vida en Europa cuando la Isla se las tiene que ver con otros temibles momentos.

Edesio Alejandro no deja de hacer música, es imposible. Muchas de sus piezas son parte de mi banda sonora, aquellas con Moncada, su Banda de Máquina, su estampa irreverente, ese pelo que no lográbamos imitar sin que nos anunciaran tijeras, aquel rap que puso en casa cuando era tan complicado tener un Run-DMC o un Grandmaster Flash.

Repaso todo y recuerdo que pude entrevistarlo y salir airoso, aun cuando entré con mal paso, porque su relación con Fernando Pérez —me dijo— fue siempre perfecta. Ahí están las películas, ahí están los discos. Edesio Alejandro nos ha ido dejando todo ese trabajo para que entendamos el mundo a su modo, un mundo donde cabe todo el rock, todo el rap, la música electrónica y, por si fuera poco, canciones cantadas por Adriano Rodríguez o escritas por Chano Pozo. En estos días aciagos vuelvo a aquellos momentos y le doy gracias a Edesio Alejandro por enseñarme, aunque duelan muchas cosas, a “fundar una esperanza”.

Rogelio Ramos Domínguez Escribidor de versos y canciones. Periodista a tiempo completo y sobre todo padre de Claudia Ramos. Más publicaciones

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