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Entrevistas Fito del Río y La Granja. Fotos: Cortesía del artista

Fito del Río, la tarea de reinventarse

“… aún le quedan a este árbol razones para hacerse casa”

Fito del Río

En tiempos en que la música comercial y serializada toma un protagonismo casi hegemónico, y las letras y la poesía quedan en un segundo plano ante ritmos que hacen mover el cuerpo aunque no toquen el alma, los artistas independientes se empeñan en concebir un arte más original.

Uno de estos creadores es el joven cantautor Adolfo del Río Vega, conocido como Fito del Río. Arquitecto por estudios, pero músico de vocación, junto a su banda La Granja ha encontrado un lugar entre la juventud cubana.

Descubrí a Fito en una presentación en La Madriguera hace un par de años; sus cantos casi eran opacados por un grupo de universitarios que dejaba las cuerdas vocales en los coros, cantos con una base de rock y letras bien pensadas, derivados de una incursión temprana a la trova.

Conversé con él a finales de abril, tras su más reciente concierto en La Casa de la Bombilla Verde, en El Vedado, sitio para los amantes de la trova.

Fito define su música como sincera, a falta de otros adjetivos o géneros donde encasillarla. Lo único que parece importarle es compartir vivencias a través de sus letras.

Fito del Río y La Granja. Fotos: Cortesía del artista

¿Qué te hizo tomar la decisión de poner en primer plano a la música?

Nunca la vi como hobby. Desde que en la Lenin empecé a escribir canciones sobre cualquier cosa, ya lo disfrutaba, descubrí un mundo; luego, al enseñárselo a mis amigos y ver que les gustaba lo que hacía, me dije: “esto es lo que yo quiero ser, esto es lo que me llena”.

La familia siempre te pide que dejes esas “cosas artísticas” de lado, pero para mí era lo opuesto: la escuela, la carrera, esos eran mis pasatiempos. Mi mayor enfoque era y es la música.

¿Cómo fueron los primeros pasos para Fito del Río?

Me maravilla a veces cómo suceden estas cosas. En 2019 me gradúo y hago mi primer concierto como Fito del Río, todavía sin La Granja. Fue pequeñito, en la Cujae y con amigos de la propia escuela. Grabamos todo en un celular, había muy buena energía, y la presentación se empezó a compartir a pequeña escala. 

Hice otro concierto en el estudio de tatuajes La Marca, y también se documentó; este tenía más calidad y esos audios fueron la primera experiencia que tuve de que a las personas les llegara mi música; ya había gente que, sin conocerme, tarareaba mis canciones.

Entonces me vine arriba y se me ocurrió hacer un concierto en Canasí, llevar los equipos sonoros allá, crear una escenografía y ofrecer algo de calidad. Desde el primer momento supe que hacer esta presentación iba a tener dificultades logísticas; ahí experimenté por primera vez la experiencia de producir. Hicimos una escenografía muy rústica, con madera, luces y los equipos sonoros.

Le dimos muy poca promoción (apenas un estado de WhatsApp) y aun así se “petó”. Fueron unas 80 personas; aquello fue lo más grande que había hecho artísticamente. Ahí no me conocían, fueron porque estaban por los alrededores y entonces descubrieron la energía que fluía entre todos los socios que estábamos intentando que fuera algo especial.

Esos que conocí en Canasí, aún van a mis conciertos. Luego de ese evento nos mantuvimos en contacto, hicimos un grupo de WhatsApp y empezamos a construir una comunidad muy linda que nos mantuvo vivos en la cuarentena por la COVID-19. 

¿Cómo lidiaste con el encierro, sabiendo que las presentaciones iban a ser imposibles?

La música y los amigos fueron claves para salir del bache; estar en contacto por WhatsApp con los socios me empezó a dar fuerzas para grabar esas canciones que cantaba y subirlas a Telegram. 

Me decían, “asere, hace falta salir de la monotonía esta, que cambie un poco la rutina, y tu música a lo mejor nos ayuda”. Entonces empecé a subir canciones, poemas, reflexiones; esos días me sirvieron también para ser más productivo, y me devolvieron las ganas de componer, que en ese momento habían decaído.

Lo que quizás ellos no saben es que me ayudaron más a mí de lo que yo podría ayudarlos a ellos, me dieron el impulso que necesitaba para centrarme en la creación, para descubrir música nueva, para descubrirme un poco más a mí mismo y hacerme las preguntas “¿A dónde quiero ir?, ¿Cuánto me debo a estas personas que me están apoyando?, ¿Cuán consecuente debo ser con ellos y con mi arte?”. 

Ellos me hacían volver al principio, al sentimiento de la Lenin, pero multiplicado por cien. Da igual en la escala que estés, lo importante es siempre volver a sentir lo que te hizo enamorarte de la música. Para mí es que las personas sientan lo mismo que sentí yo cuando compuse: conectar, dar el sentimiento más sincero, esa unión de almas es lo que siempre busco en mis canciones. Creo que el arte es para conectar, para transmitir; cuando eso se cumple tu corazón empieza a acelerarse.

¿Y al acabarse la pandemia, qué hiciste?

Cuando la cuarentena empezó a aflojar oficializamos La Granja, una banda fruto de la comunidad de amistades recientes y las que me acompañaban desde la escuela. Yo solo tenía un objetivo: sacar un disco. El problema era que para hacerlo hacía falta dinero, y empecé a contactar con personas que me pudieran echar una mano con eso.

Se nos ocurrió hacer una campaña de crowdfunding, pero la disponibilidad que teníamos de las redes, del internet, no eran las óptimas. Entonces dijimos: “vamos a hacerlo a lo cubano, vamos a crear un trago, y venderlo muy barato en el lugar al que más vamos: La Bombilla Verde. Hablamos con el dueño, lanzamos el trago Isla Adentro, y estuvimos un mes en ese sitio, haciendo conciertos y vendiendo tragos, con la mente en el disco. 

Luego salió En Vivo, un EP de cinco canciones que tenía la esencia de lo que venía viviendo, de los temas que más cantaba en los conciertos; ya por fin las personas podían escucharme con la calidad que se merecían. El EP está disponible en mi Telegram (@fitodelriomusic) y en Spotify.

Fito del Río y La Granja. Fotos: Cortesía del artista

En tu última presentación anunciaste que un nuevo disco saldría a la luz, ¿qué puedes decir al respecto?

Sí, acabo de grabar un disco con diez canciones basadas en el rock progresivo, instrumentales, muy cargadas, y [con] tendencia a ser largas. Normalmente el mercado te pide canciones cortas, pero lo mío es expresar lo que tengo, musical y líricamente. No me interesa sacrificar lo que quiero decir por una síntesis que me prometa más reproducciones.

Contará con letras oscuras, pues el proceso de creación y composición (2020-2024) ha sido una etapa complicada, por eventos que han ocurrido en el país y en mi vida.

Su nombre será Sacrificio, y lo ha sido para todos los involucrados. De La Granja se nos fueron un par de integrantes, incluido Bryan, el bajista, que era el que más tiempo llevaba conmigo: desde la Lenin, luego en la Cujae, y en toda la locura de la banda después.

El objetivo es que se sienta como un disco de entrega total. Con Sacrificio queremos irnos a lo social, hacia la introspección —“¿quién soy? ¿hacia dónde voy?”—, son cosas a las que les hemos metido cabeza para crearlo.

Con falta de una serie de cosas y ganas de muchas más, Sacrificio saldrá en los próximos meses. Se sufrió y ese sentimiento está plasmado en el disco.

Comenzaste tu carrera con la guitarra y tu voz, pero has evolucionado llevando esas canciones a la banda, ¿cómo ha sido esa transición?

Con el pasar de los años me he ido moldeando a lo que he querido ser y a lo que mi tiempo me ha pedido. Las circunstancias me han llevado a separarme de la trova establecida, de sus cánones, porque eso está bien, eso me gusta, pero a veces siento que no es lo que lleva mi tiempo.

Me descubrí entonces mezclando ese discurso fuerte de la trova y la canción de autor con una poesía melosa y estricta, e incluso agregándole una música que quizás a Cuba llegue poco. Empecé a añadir el rock progresivo, el rock psicodélico, un poco de la canción tradicional latinoamericana, del grunge, del tropicalismo, y así le he dado identidad a mi música, mi sello.

Eso sigue cambiando, yo me sigo moldeando por etapas; a veces me llegan ideas y me descubro haciendo cosas de un modo, las escribo, las grabo y se quedan ahí por años. Al cabo del tiempo veo esos proyectos y recuerdo lo que fui en ese momento; así me queda la constancia de las diferentes facetas de lo que uno es. 

Para mí es un logro mirar hacia atrás y ver diferencias entre lo que fui y lo que soy; de no verlas entiendo que es porque algo ha fallado.

Diego Deulofeu Salgado Más publicaciones

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  1. Héctor Valdoquín dice:

    Excelente artículo. Desconocía la existencia del cantante pero buscando su contenido en Spotify he descubierto q me encanta. Un saludo al artista y ojalá el periodista nos siga trayendo este tipo de contenido.

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