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Artículos Ilustración: Jennifer Ancizar

Escritura de canciones con Pimienta. Apuntes para un aplauso

Cuando hace unos meses supe que la Academia Oralitura preparaba un curso sobre escritura de canciones, en el que bajo la lupa de Alexis Díaz Pimienta se analizaría la obra de Bob Dylan y Joaquín Sabina, sentí una genuina emoción. De alguna manera se acoplaba mi admiración por el poeta, escritor y repentista que entre otras cosas es Alexis, con el respeto (rayando en veneración) que siento por esos dos colosos de la música y las letras de todos los tiempos.

En la promoción también se anunciaba la presencia, como profesores invitados, del cantautor y poeta Marwán, junto al legendario y multi-adjetivable Andrés Calamaro y, por si fuera poco, en funciones no docentes (tan alumnas como cualquiera) las maestras de la canción contemporánea Julieta Venegas y Natalia Lafourcade, entre otras prestigiosas colaboraciones.

Confieso que en aquel momento (y ahora no he de negarlo) junto a la agitación antes referida, afloraron en mí algunas sospechas. Si bien Díaz Pimienta es un reconocido académico, comprometido desde hace muchos años con la palabra, fonética y semánticamente, también es notorio que es uno de los seres humanos que más atesora vocablos en su cartuchera de repentista y, para muchos (Sabina uno de ellos), el mejor y más rápido a la hora de usarlos. No era absurdo imaginar que en esta ocasión tal vez se le había ido la mano, o la lengua, víctima de esa desbocada velocidad.

En mi defensa, hace un par de meses no sabía con detalle que la Academia Oralitura es una escuela virtual, fundada hace más de una década, que se especializa en las artes orales y por supuesto en la improvisación; tampoco conocía que este primer curso del año 2024 es la continuación de más de una veintena de experiencias docentes, que con profundo rigor y preparación han abordado temas tan variados como la técnica vocal, la narración oral escénica, la improvisación teatral, el soneto, la décima, entre tantas manifestaciones.

Para ello Oralitura ha contado con Alexis Díaz Pimienta, su habitual maestro de ceremonias y con otras prestigiosas figuras como Jorge Drexler, Juanes, Javier Ruibal, Gema Corredera, Héctor Urién, Pala o Pedro Poitevín, por solo mencionar algunos nombres de este lujoso y multidisciplinario plantel, así como alumnos que ya superan la cifra de 4000 y que se distribuyen entre los cinco continentes.

De esta diversidad regional pude dar fe desde los primeros instantes del curso, tras atravesar el umbral de la sala de Zoom y comenzar a escuchar los saludos de músicos, lectores, melómanos, frikis de la poesía, como cariñosamente denomina Alexis a sus oralitores, que desde Colombia, Italia, México, Argentina, España, Francia, o Alemania daban los buenos días, tardes, o noches, según el uso horario correspondiente.

Todos éramos acogidos por Díaz Pimienta, que iniciaba el viaje sin demasiados preámbulos, dando lectura a unas décimas de su autoría dedicadas al único encuentro casual que tuvo alguna vez Joaquín Sabina con Bob Dylan: lograba la fantasía poética subsanar la timidez del de Úbeda, que en aquella irrepetible ocasión no se atrevió a acercarse a su ídolo, al que reconoció mientras ingresaba a unas tiendas de una céntrica calle madrileña.

El arte corrigiendo la realidad, parecía que nos susurraba Pimienta mientras brotaban las palabras de El día que Bob Dylan y Joaquín Sabina se emborracharon en Madrid. Y ya desde ese instante comenzaba a marcar los límites conceptuales entre la poesía oral y la escrita, asegurando que “las artes orales no son hermanas menores de las escriturales, más bien compañeras de viaje”.

En este primer encuentro el maestro quería destacar que tanto la canción moderna como la improvisación han sido los últimos reductos de la poesía medieval en nuestros días, contando con similares recursos métricos y estróficos. También señalaba que las obras musicales son creadas para escucharse, cantarse, no para ser leídas y por tanto la emoción puede llegarnos desde la melodía, el arreglo, además de la letra propiamente, con todas las implicaciones que esto conlleva.

Comenzaban así los primeros compases y ya Alexis parecía empeñado en disipar cualquier duda que en algún receptor receloso todavía existiera. Es probable que fuera consciente de un valioso consejo que días después nos diera Marwán sobre cómo abordar el inicio de una obra musical.

Al respecto el cantautor citaba sonriente a Benjamín Prado, para quien existen dos maneras de comenzar una película: una en la que Cary Grant abre una puerta y entra a una habitación, pasea tranquilo por el lugar, agarra un libro de la estantería y se fuma un cigarro… y otra en la que Cary atraviesa con su cabeza el cristal de la ventana, cae al suelo, saltan los cristales por el aire, con mucho ruido, captando la atención de los espectadores.

De esta manera era presentado en la segunda sesión de Escritura de Canciones el mismísimo Andrés Calamaro y no por ser anunciada su participación dejó de crear el efecto del ventanal destrozado. En esta ocasión, para colmo, el afamado rockero argentino entraba a nuestras casas sin la presencia de micrófonos, luces, e incluso desprovisto de sus casi inseparables gafas de sol, acompañado solamente del mate que como buen porteño le ayuda a mezclar las ideas en su garganta. Y es que Andrés no venía a Oralitura para cumplir con una obligación más en su agenda, ni tampoco se excusó (como suele suceder) anunciando que debía ser breve, todo lo contrario.

Se debe aclarar por cierto, que este fichaje galáctico no fue fortuito; Andrés Calamaro compartió escenario con Joaquín Sabina en la gira del año 1996, finalizando su etapa con Los Rodríguez, y abrió los conciertos de Bob Dylan en España en el año 1999. Seguramente no son muchos los artistas con semejantes colaboraciones en su curriculum vitae; por si fuera poco El Salmón es uno de los músicos que más conoce y disfruta hablando de música y de músicos.

Charló así distendidamente sobre poesía, rimas, métrica, bloqueos creativos, sumergiéndonos en una reflexión profunda que podía incluir desde anécdotas personales, rutinas y costumbres que emplea en el acto de creación, hasta los retos que impone la música próxima, esa que está por crearse, en medio de algunos pies forzados que introducía también Alexis, o como respuesta a las preguntas que llegaban desde el chat y directamente de algunos de los presentes, porque todos queríamos escucharlo, pero también hablarle.

Solo el tiempo, ampliamente rebasado por el conferencista y la intervención resignada de Pimienta, pudieron poner fin a su incansable exposición, aunque Calamaro tampoco se despedía del todo y se ofrecía generoso para un futuro encuentro; “dispone usted de mí, Alexis”, aseguró, mientras emitía otro de sus certeros punch line: “la vida es corta, pero los días son largos”

Y muy largos comenzaron a hacerse los días entre un fin de semana y otro, donde volvíamos a recibir cada sábado y domingo esta especie de terapia oralitora, adentrándonos en los diferentes tipos de rima, o diseccionando versos a partir de su métrica.

Así conocimos, de la mano de Clara Martínez Cantón del maravilloso proyecto PoeMAS y la meticulosa labor que realizan al servicio del hallazgo y recopilación de poemas musicalizados. En otra ocasión estudiábamos la traducción al español realizada por el poeta y matemático Pedro Poitevín del clásico dylaniano All Allong the Watchower, con las complejidades que imponen las diferentes estructuras sintácticas de cada idioma.

Y complicado fue también asumir el reto lanzado por Pimienta, cuando nos exhortó a musicalizar y grabar la referida traducción y tuvimos que echar mano de “técnicas de lesa oralidad” para poder acoplar texto y melodía de una manera coherente, no forzada.

Sí, porque la cursada en Oralitura incluye mucho más que sus sesiones de clase y la academia también fomenta el intercambio y el juego una vez abandonada la sala de Zoom. En este sentido, aunque el foco está puesto en las artes orales y la tradición, Oralitura se apoya en las herramientas tecnológicas, creando foros y espacios de descarga e interacción entre los alumnos en cualquier momento y desde diversos lugares.

Y de esta manera, casi familiar, un domingo se sentaba junto a nosotros el exitoso cantautor español Marwán, que tampoco venía para hacer acto de presencia y supo planificar su visita sin prisas, en medio de su gira Canciones para una urgencia.

Al antes citado método para iniciar una obra musical y la importancia que tiene el primer verso de una canción para captar la atención del receptor, Marwán sumó diversos consejos, frutos de una carrera con más de 20 años y que cuenta con numerosas y variadas influencias, entre las que prefiere destacar a Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina y Silvio Rodríguez.

Por cierto, además de Silvio y la estrecha colaboración que mantiene Marwán con Díaz Pimienta, otras conexiones lo unen a Cuba. No fue casual su participación, en el mes de noviembre, junto a Victor Manuel, Ana Belén, Pedro Guerra, José María Vitier, Carlos Varela, Frank Delgado, entre otros artistas, en el sentido tributo ofrecido en la Casa de América de Madrid, para celebrar la vida de Pablo Milanés, a un año de su fallecimiento.

Tampoco es ajena su obra para los cubanos amantes de la canción de autor, si bien no es conocida en su justa magnitud; personalmente tuve la suerte de “descubrirlo” en el año 2014, tras ser presentado con mucho respeto por Pau Donés, en el Teatro Ópera de Buenos Aires, como artista invitado de Jarabe de Palo, o al menos algo de eso creí explicarle cuando hace unos meses disfrutaba, como yo, de la presentación de Frank Delgado en la sala madrileña de Libertad 8.

Y de esa forma apasionada, Marwán llegó a Oralitura y expuso con pedagógica vocación, durante aproximadamente dos horas (para tristeza de muchos, que querían retenerlo quién sabe por cuánto tiempo) sobre numerosos elementos prácticos de mucha utilidad para quienes se enfrentan de manera profesional o amateur, al misterioso ejercicio de escribir canciones.

Por esos días, por cierto, ya era notoria la presencia en el alumnado de las grandes compositoras e intérpretes Julieta Venegas y Natalia Lafourcade, pese al discreto perfil mantenido por ambas artistas, de ahí que Alexis anunciara, para la penúltima sesión, una intervención especial de las mismas y a estos efectos proponía que les hiciéramos llegar previamente cualquier pregunta o inquietud, con vistas a enriquecer una clase que con antelación se vaticinaba magistral.

Mucha razón tenía Alexis: lo que estaba por llegar no era poco. Personalmente me resultó muy conmovedor la sencillez de estas artistas, que a pesar de ostentar dos exitosas carreras y contar con el favor tanto de la crítica como del público, conservan una humildad y modestia en peligro de extinción.

Iniciaba esta charla íntima Julieta Venegas, quien fue sorprendida por el análisis textual de su tema Pura fantasía, preparado por Alexis Díaz Pimienta como entrante y posteriormente tomó la palabra Natalia, para quien fue reservado el estudio de uno de sus clásicos, Hasta la raíz.

Ambas fueron contestando entonces, de una forma muy coloquial, las interrogantes que los oralitores pudimos dirigirles, indagando sobre sus principales influencias, inquietudes, o solicitando algún consejo personal en favor del acto creativo.

Conocimos entonces, por boca de la propia Julieta, que en los inicios de su carrera como solista sintió que estaba creando canciones muy elaboradas, que no conectaban adecuadamente con el público y la alejaban de la compositora que realmente quería ser. Al respecto citó la grandeza y sencillez de José Alfredo Jiménez, uno de sus ídolos, y confesó que ha sido precisamente la búsqueda de esa sencillez la que ha marcado su obra posterior.

Mientras Julieta hablaba de aquella etapa, anterior a su tercer disco , mi mente evocaba su primera visita a Cuba, en el año 2002 como parte de un Cubadisco, y la euforia que causó entre los que asistimos a su presentación en el teatro Mella; en ese sentido mis recuerdos se permitían la libertad de contradecirla un poco.

En otra respuesta también admitía la importancia de la canción, con independencia de a qué género o estilo pertenezca; esto para Julieta es algo secundario al acto de creación. Fruto de ese pensamiento desprejuiciado tenemos por ejemplo el tema Lo siento BB, compuesto e interpretado junto a Bad Bunny.

En lo personal me había sorprendido cierto análisis realizado en días previos por Calamaro sobre la numerosa cantidad de contenidos musicales que diariamente se suben a las plataformas digitales y en ese sentido pedí el criterio de ambas sobre cómo podía esta realidad beneficiar o devaluar a la música, como producto cultural.

“Estamos sobresaturados de información, no solo de música, —sonreía Julieta— pero nosotros decidimos cómo escuchar una canción y cuándo”. Puntualizaba además, que prefiere la escucha disco a disco, aunque las plataformas prioricen el modo aleatorio. Al respecto cree que recae en nosotros mismos controlar y dirigir esa búsqueda y son también dichas plataformas un medio idóneo para ello.

Según Natalia es maravilloso subir contenidos musicales de una manera más sencilla, sin la necesidad de una disquera, aunque reconoce la complejidad de esta situación. Citaba entonces a su padre, músico de atril que nunca incursionó en la composición y le cuestionaba: “¿para qué más música, con toda la que hay?”. Natalia en cambio insiste en que siempre hay que hacer otra canción, si viene mucho mejor, si es poco pero a su tiempo, también. Eso sí: “haz las canciones que tú puedas crear, dictaminaba, y con ello hacía referencia al cuidado y búsqueda de la esencia interior de cada uno de nosotros.

Para Natalia Lafourcade no son negociables el acto creativo ni la interpretación, en todo momento hay que honrar a la canción, a la palabra, admitía mientras confesaba que en sus obras no hay un solo verso colocado para rellenar.

De esa misma manera honesta y comprometida, cada una iba desentrañando intimidades y transmitiendo sus experiencias, para beneplácito de todos los presentes. Alexis, inquieto desde su silla, se frotaba las manos y su cerebro tomaba notas en silencio de cada detalle. Ninguno de los presentes podíamos predecir, las invitadas tampoco, que para poner broche final a aquel encuentro saldrían de su voz cascada, unas décimas improvisadas que resultaron realmente conmovedoras.

Dos meses después puedo asegurar que el maestro se había quedado corto en su anuncio promocional (y esto debe sucederle muy poco al poeta) para satisfacción de los oralitores que vimos rebasadas nuestras expectativas, conscientes de que fuimos testigos y protagonistas de momentos únicos, aunque tal vez repetibles. El mago de las palabras se despidió en la última sesión con una nueva invitación y, en sintonía con su apellido, colocaba en una sola oración términos como reguetón, inteligencia, cultura… un nuevo reto en forma de curso, donde propone “bailar con el texto y pensar con el cuerpo”.

Y es que al eterno poeta no le gusta irse en fade, no, con Cary Grant recostado en el sofá, observando sosegado el horizonte mientras se fuma otro cigarro y la cámara sube lentamente su ángulo hacia el cielo. Llegado este momento Mr. Grant se incorpora de un salto y seguidamente van cayendo uno tras otro los ventanales ante su paso poco ortodoxo. Dylan, por su parte, conecta la guitarra eléctrica, Sabina se quita el bombín y los oralitores, también de pie, no paramos de aplaudir.

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  1. María Mera dice:

    Felicitaciones !!! Larry, está súper…tienes merecido más de un aplauso.

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