Ilustración: Alejandro Cuervo.
Ilustración: Alejandro Cuervo.

Es normal que se confunda

4 minutos / Lenna Escobar

01.09.2021 / Artículos

Sigo a mi padre y su nueva novia, intento mantener un tramo de distancia, ella también. No es que me moleste que sea apenas tres años mayor que yo, su edad no fue lo primero que evalué, estoy acostumbrada a las andanzas ilusorias capitalistas de mi puro. Pero ella, a diferencia de las otras jóvenes que mi padre frecuenta, está interesada en ser discreta, y muy probablemente en desaparecer, así que me preocupo y le doy todo el espacio que puedo. Dejo correr el aire. 

Entramos en el carro de la empresa y suena Tego Calderón, es un retorno suave a inicios de siglo. Recuerdo mi cuerpo infantil en la piscina, el golpe en la cara del agua clorada, las bocinas estableciendo los límites del área, Tego-Tec diciendo cosas puercas pero inofensivas. Dentro del carro Tego canturrea sobre una mujer fina que sabe moverse rico y me encuentro intentando visualizar su dimensión sexual, y luego su cuerpo frente al desamor. Es un tipo feo, pero de una vitalidad interesantísima. Mi padre me enseñó de pequeña a distinguir cuando se trataba de reguetón: en su mayoría hay cantantes malos, los hay también buenos, y los hay que no quieren ser pero siguen ahí. Todo se sabe por la voz. 

—Los tipos que cantan reguetón, nene, es porque no deben cantar otra cosa. 

Pensé que, aunque al momento se vendía como un trozo de sabiduría de callejón, era en realidad una teoría vaga, aplicable a cualquier género si se tenía el vicio. 

—¿Tú sabías que Tego de niño lo que tocaba era rock? ¿A qué no te sabías esa? 

Me envuelve una sensación de armonía. 

Nos detenemos por sorpresa frente a un restaurante de moda, mi padre nos mira a ambas con una alegría boba, una alegría de padre que trae chucherías a casa o lleva a su familia a un restaurante caro. La novia no está encantada con la idea, casi que se retuerce un poco, nos sugiere ir a otro sitio donde haya menos gente y el servicio en consecuencia sea más rápido. Pasa de sugerencia a ordenanza, con cara de estar a punto de armar un berrinche. 

Tego sigue en la mini pantalla, inclinado sobre el micrófono con aspecto de obrero; en escena tres muchachas semidesnudas, enroscadas en la arquitectura de la habitación, divirtiéndose en apariencia. Mi padre cede y estamos de vuelta en la carretera. Él tiene que ser consciente igual que yo de lo que sucede, y quizás debería decirle a la novia que se marche con tono comprensivo, que no pasa nada, de verdad, que es muy joven y es normal que se confunda. A veces suspira y creo que se lo dirá, pero en cambio le deja caer la mano pesada sobre el muslo y se concentra aún más en el volante. Para decirle eso mi padre debe admitir primero que su novia no está interesada en lo absoluto en su vitalidad. 

Tengo aún los ojos sobre el video musical, pero no estoy observando precisamente, escucho e imagino que las bailarinas desaparecen a paso lento como gacelas, y queda solo Tego, atrapado en la escenografía, un primer plano de su rostro sudado. Podría resultar patético, pero sería mejor arte para mí, un chute de Puerto Rico concentrado. La experiencia real. Las dos últimas líneas de la canción que son más bien habladas tratan de su hogar y del dolor tras sus encontronazos con la ley. Me doy cuenta de que Tego es de los cantantes buenos, pero también de los que no quieren ser pero están. 

—Entiendo que el reguetón puede llegar a ser muy triste.

Lenna Escobar

Aspirante a historiadora dedicada a crear playlists demasiado específicas.

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    Deja un comentario

    Raúl Cuesta

    01.09.2021

    Interesante, el Reguetón es parte de la vida de casi todos los cubanos y casi nadie lo incluye en sus historias.

    Lenna Escobar

    01.09.2021

    Opino lo mismo. Muchas gracias, Raúl.

    Patricia McPherson

    01.09.2021

    Lenna me encantó!!!! Espero leer muchísimo más de tu escritura. Muchas felicidadess

    Lenna Escobar

    01.09.2021

    Gracias, Patricia!!! Ojalá complacerte ☺️.

    Alberto Freeman

    01.09.2021

    👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼

    Lenna Escobar

    01.09.2021

    Gracias!

    Sheyla Cristina Gordillo Manfugas

    01.09.2021

    Es como algo que nunca he visto ,a pesar de que es una historia recurrente, la narrativa no lo es.Creo que de eso van las buenas creaciones, contar lo que nos pasa cómo si nadie lo hubiese dicho antes .Me parecía estar leyendo un trozo de novela ,de aquella novela que todos ven,de la que todo el mundo habla,o de la novela que se quedó en la tinta , recomendadísima,cien mil veces debatida.Me ha encantado.

    Lenna Escobar

    01.09.2021

    Me alegra muchísimo que te guste así, Sheyla. Gracias, de verdad.

    Lara

    01.09.2021

    Primero que todo genial el nombre de la revista, gracias por no olvidar y ayudar a permanecer.
    El artículo de regueton la que trae es mazumcamba, un like para esa muchacha. Visualicé cada escena.

    Lenna Escobar

    01.09.2021

    Gracias por tu like!!!

    Taimi

    01.09.2021

    👏👏👏

    Bruno Aguancha

    06.09.2021

    Una observación sabia y muy diciente de lo que transpira el mundo del reguetón. Me encanta la sentencia final del artículo: «Entiendo que el reguetón puede llegar a ser muy triste». Agregaría, «y vacio». Gracias.


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