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Oye cómo va Ilustración: Nelson Ponce

Entender la timba un domingo

Los domingos son tan lentos en Cuba que, a ratos, uno no sabe si darles un hachazo, arrancarlos del almanaque o diluirlos en un cafetín. Los míos, los que vivo en el incilio, los salvan solo algunos versos de los muchachos, ciertas lecturas, algún abrazo, los amigos.

A veces pasa que, cuando a las nueve uno recuerda que nunca más podrá ver a Charlot narrado por Armando Calderón —qué nostalgia tan vieja— llama a Alden González y responde esa voz apacible, que va diciendo asuntos donde se asoman lo mismo la socialdemocracia, que Páez, los chicharrones o Miguel Matamoros; porque González no solo sabe de son, sino que también conoce hondamente la liga española o los jugadores del Central Baltoni. Igual pasa, sin que te des cuenta, a hablar sobre cómo armar una plataforma en la web, o sobre la economía cubana (este tema lleva dos mazos de domingos hervidos en calma y quizá, para que no estallen, usar como Serrat, leña de flechas de Cupido).

Y como sé que ha trabajado tanto con Alain Pérez como con Alexander Abreu, y que conoce al dedillo la obra de NG La Banda o La Ritmo Oriental, le hablo de timba un domingo, de esos con potaje. Porque, en definitiva, ¿qué pasó para que ese movimiento no llegara a donde creíamos?

“La timba es como la catarsis del músico cubano contemporáneo, una fusión poderosa de la esencia del son cubano que se popularizó sobre todo en los años 70, que era más agresiva, más cercana a las expectativas que se generaban en torno al son”, me dice Alden al teléfono y entonces el domingo se convierte en otro asunto: un domingo timbero. El tema lo saqué por una cuestión simple: el modo en que Alexander Abreu ha logrado proponerse e instalarse en tanto público.

“Hay que recordar que, en los años 60 —dice González— hubo una ruptura bastante drástica. La memoria emotiva del cubano dejó de tener mucha música importante previa a los 60 entre sus referentes. Con ese son de los 70 se empezaron a crear fusiones que contenían armónicamente mucha influencia del jazz y otros géneros norteamericanos, sobre todo del funk”.

Todo es comprensible, sin embargo, llamo a Alden para entender qué pasa, cómo es que El Médico de la Salsa logró tanto y luego no hubo timba que llegara muy lejos en los mercados internacionales.

“La timba está acentuada a favor de la clave de guaguancó. La gente no entiende que dentro de la propia Cuba, hay quienes no se sienten cómodos con la clave de guaguancó, además de que el gremio musical cubano no ha buscado mecanismos adecuados de promoción.

“Ojalá los timberos entiendan que pueden acercarse al público internacional. Me da la impresión de que se está perdiendo la comunicación con el bailador al complicar el montuno”.

De ahí pasamos al caso Abreu, o el modo de mostrar que no se acabó.

“Alexander Abreu tiene, sobre todo, un entendimiento del sabor y la comunicación con el público que supera al resto del movimiento timbero; [fundamentalmente] en la primera parte de su discografía.

“Hoy en día, tanto Abreu como los demás timberos lo tienen difícil con el reparto, porque el género ha venido a sustituir a la timba en buena parte del público cubano y en mucho público peruano. Lamentablemente, la música cubana no tiene gremios de estrategas; esos existen en otras escenas musicales, basados sobre todo en el management. Eso en Cuba no existe, pero Alexander Abreu es el que más posibilidades tiene de sobrevivir, porque está en un buen momento. Sobre todo, para entender que puede acceder a otro nivel sin perder su esencia.

“Abreu está muy bien colocado en Perú, en Ecuador y en zonas de Colombia. Hablo de zonas porque Colombia funciona así, y Alexander, con su equipo de trabajo, puede proponerse llegar a toda Latinoamérica. Hemos trabajado juntos, cuando se le habla de traer tradición al público joven, lo entiende”.

Es un tipo muy llano, muy normal. Ojalá se cree una estructura que le permita saltar ese nivel. Por fortuna, la música que Alexander Abreu ha logrado pegar fuera de Cuba tiene un patrón armónico de comunicación con ese público.

“El Noro se muestra emocionado al salir de un concierto de Alexander Abreu”. “El cantante colombiano Camilo dice ser fan de Havana D’Primera”. “Publican imágenes de público colombiano emocionado ante la actuación del cantante Alexander Abreu”. Son titulares que dibujé cuando el domingo miraba una primera mitad que le ganamos a la muerte, o viceversa. Lo cierto es que el compositor y cantante, que no tiene a unos muchachos con las manos en la bragueta en su barra de cantantes, ni chismes, ni tiraderas y que tiene fama de tratar a sus músicos como familia, sigue yendo cuesta arriba y dando hits por donde nadie lo espera. Quería recordarlo agradecido. Ahora que las máquinas siguen trabajando y yo le doy valor a un domingo con las palabras de Alden González, ese amigo al que llamo para entender más sobre el son, los potajes, el modo de armar una web, la socialdemocracia o el mito de Sam Altman. Afortunadamente, siempre dice sí.

Rogelio Ramos Domínguez Escribidor de versos y canciones. Periodista a tiempo completo y sobre todo padre de Claudia Ramos. Más publicaciones

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