{"id":14655,"date":"2023-08-11T00:06:32","date_gmt":"2023-08-11T04:06:32","guid":{"rendered":"https:\/\/magazineampm.com\/?p=14655"},"modified":"2023-08-10T23:40:26","modified_gmt":"2023-08-11T03:40:26","slug":"los-aplausos-fragmento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/los-aplausos-fragmento\/","title":{"rendered":"The applause (fragment)"},"content":{"rendered":"<p>Por Seraf\u00edn Ram\u00edrez<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Al se\u00f1or don Rafael Montoro.<\/em><\/p>\n<p>Siendo el aplauso la manifestaci\u00f3n m\u00e1s viva y ostensible del agrado y satisfacci\u00f3n del p\u00fablico, nada tan justo como que el artista que vive del p\u00fablico, con el p\u00fablico y para el p\u00fablico, procure alcanzarlo por cuantos medios le sean l\u00edcitos y no afecten en lo m\u00e1s m\u00ednimo su dignidad personal.<\/p>\n<p>Por desgracia, esa manifestaci\u00f3n tan antigua como el mundo, (\u2026) que debiera ser libre y espont\u00e1nea, consecuente y leg\u00edtima, se ve sofocada a cada instante por mil sentimientos contrarios, por mil pasiones bastardas y pocas veces, pero muy pocas veces, consagrada al verdadero m\u00e9rito.<\/p>\n<p>Todo se aplaude en la vida, lo bueno y lo malo; esto es indudable. Todo se aplaude con tal que el \u00e1nimo est\u00e9 dispuesto para ello; de no ser as\u00ed, los m\u00e1s deleitosos arranques del genio, las perfecciones m\u00e1s puras e ideales del arte pasan por alto, aunque hayan tenido la sanci\u00f3n universal y conquistado a granel toda clase de medallas, condecoraciones, t\u00edtulos y diplomas.<\/p>\n<p>El aplauso, pues, que tan grande significaci\u00f3n debiera tener, como que no siempre es oportuno y certero, sino que con mucha frecuencia obedece d\u00f3cil a una fresca y serena osad\u00eda, a una ignorancia crasa y supina, claro est\u00e1 que significa bien poco. Y recuerde de paso el lector la feliz ocurrencia de aquel orador que en medio del aplauso de la muchedumbre pregunt\u00f3 a un amigo que ten\u00eda cerca: <em>\u00ab\u00bfHe dicho acaso alg\u00fan disparate? porque este aplauso no puede nacer de otro principio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>La noche del estreno del <em>Barbero de Sevilla<\/em> en Roma, todo fue silbado: \u00f3pera, autor, cantantes, orquesta, coros, decoraciones, trajes&#8230; El p\u00fablico rug\u00eda como hurac\u00e1n furioso hasta que, cansado, acab\u00f3 por echarlo a barato y burlarse de s\u00ed mismo. Sin embargo, al presentarse en la escena la Giorgi Righetti, que hac\u00eda de Rosina y era de una belleza singular, aquel mismo p\u00fablico, tan airado, la saluda, amable, con una salva de aplausos. Rossini, que dirig\u00eda la orquesta, tira la battuta y exclama: <em>\u00ab\u00a1O natura!\u00bb<\/em> La Righetti coge en el aire la pulla y le contesta picada: <em>\u00abD\u00e9 usted a ella las gracias, que a no ser as\u00ed, no se levantaba usted esta noche de su ca\u00edda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pues bien, esta es la misma historia, no del p\u00fablico de Roma, sino de todos los p\u00fablicos desde que el mundo es mundo; porque esa inteligencia suma, esa severidad inquebrantable, ese esp\u00edritu imparcial y justiciero, esa dulce galanter\u00eda, esa bondad y compostura de otros, que tanto se cacarea y se nos echa en rostro, no son m\u00e1s que jarabe de pico. El p\u00fablico de ac\u00e1, el de all\u00e1 y acull\u00e1, silba hoy lo que tal vez ha de aplaudir ma\u00f1ana, y viceversa, y todo sin darse cuenta de lo que hace, ni por qu\u00e9 lo hace, pues es la obra del momento: a las pruebas, pues.<\/p>\n<p><em>La Olimpiada<\/em>, obra inmortal de Pergolese, fue silbada en Roma la noche de su estreno, y no satisfecho el p\u00fablico de tanta injusticia, insulta al autor que se hallaba en el clave. Igual suerte corrieron poco m\u00e1s o menos: <em>Don Giovanni<\/em>, de Mozart, en Praga; <em>Fidelio<\/em>, de Beethoven, en Viena; <em>Oberon<\/em>, de Weber, en Londres; <em>La Favorita<\/em>, de Donizetti, en Par\u00eds; <em>Norma<\/em>, de Bellini, en Mil\u00e1n; <em>La Traviata<\/em>, de Verdi, en Venecia; <em>El Trovador<\/em>, del mismo, en Roma; <em>Il crociato<\/em>, de Meyerbeer, en Par\u00eds; <em>La niobe<\/em>, de Pacini, en N\u00e1poles; <em>Los m\u00e1rtires, Lucrecia Borgia, Fille du regiment<\/em> y mil y mil m\u00e1s que con un poco de calma podr\u00edamos mencionar.<\/p>\n<p>Y sin embargo, la <em>Bianca \u00e9 Gernando<\/em>, segunda \u00f3pera de Bellini, y tal vez la de menos importancia entre las suyas, obtuvo en San Carlos un \u00e9xito ruidoso. Pero a\u00fan no hemos concluido. Tacchinardi, que cantaba como un \u00e1ngel, ten\u00eda para su mal una figura desgraciad\u00edsima. La noche de su debut en Roma fue saludado por aquel p\u00fablico burl\u00f3n e intolerante, con la rechifla m\u00e1s espantosa; \u00e9l, sin perder su habitual serenidad, impuso silencio a la orquesta y dirigi\u00e9ndose al p\u00fablico dijo frescamente: <em>\u00abVenni \u00e1 far mi udire, \u00e9 non \u00e1 farmi vedere\u00bb<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><sup><strong>[1]<\/strong><\/sup><\/a>.<\/em> El p\u00fablico, que por m\u00e1s que alguno haya querido decir que form\u00f3 imperios, que introdujo en el mundo la distinci\u00f3n de jerarqu\u00edas, que cuando manda es preciso obedecer, que llama sabios a los que saben ciertas materias e ignorantes a los que las ignoran, aunque sepan otras quiz\u00e1s m\u00e1s \u00fatiles, que da o quita cr\u00e9dito a los escritos y a los escritores, que los introduce en el templo de la Fama o los condena al calabozo de la ignominia; el p\u00fablico, en fin, que en medio de esa rica y variada colecci\u00f3n de emociones facticias, de fallos favorables o adversos, de arranques alegres, soberbios e intempestivos, es en extremo d\u00f3cil y manejable, se qued\u00f3 cual otro don Bartolo, <em>freddo \u00e9 inmovile<\/em> <em>come una<\/em> <em>statua<\/em>, y al terminar la \u00f3pera, en vez de retirarse ofendido, muy al contrario, lo acompa\u00f1a a su casa, haci\u00e9ndole en el camino una verdadera ovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un silbido levant\u00f3 a Duprez en Par\u00eds, pr\u00f3ximo a caer. Un silbido mat\u00f3 a Nourrit en N\u00e1poles, cuando se hallaba en el cenit de su brillante carrera. Un silbido le vali\u00f3 a Lablache en Mil\u00e1n un gran aplauso: \u00abNo teng\u00e1is pena, se\u00f1ores \u2014gritaba el artista como un desaforado dirigi\u00e9ndose al p\u00fablico, que palmoteaba fren\u00e9tico\u2014, no teng\u00e1is pena \u2014repet\u00eda\u2014, ese que me ha silbado es mi cocinero, que al despedirlo esta ma\u00f1ana me ofreci\u00f3 tomarse esta revancha\u00bb.<\/p>\n<p>Y sin embargo, puede asegurarse, en la inteligencia de que no se comete ning\u00fan exabrupto, que el p\u00fablico, a pesar de tantas debilidades y rarezas, y de cuantas m\u00e1s puedan se\u00f1al\u00e1rsele, es en cuestiones de bellas artes y muy principalmente en m\u00fasica, si no juez supremo, que ya esto ser\u00eda muy aventurado decirlo, por lo menos juez poderoso y arbitrario cuyas decisiones hacen leyes. Y si acaso se equivoca como se equivoc\u00f3 Scudo juzgando a Verdi y como se equivocaron los maestros franceses en sus m\u00faltiples apreciaciones sobre el m\u00e9rito de Beethoven, y el compositor Traetta en las suyas hablando del p\u00fablico parisi\u00e9n, no es seguramente por falta de buen gusto ni de cierta inteligencia intuitiva, sino que, como no puede detenerse en an\u00e1lisis, ni depurar punto por punto particularidades que por lo regular le son ajenas, procede por las impresiones del momento, que es como si dij\u00e9ramos a tontas y a locas.<\/p>\n<p>Puede asegurarse as\u00ed mismo que la cr\u00edtica (\u2026), por lo que respecta a su influencia sobre el p\u00fablico, es puro lujo, mejor dicho, letra muerta, porque este no se enmienda con ella, antes al contrario, cuando le conviene la acepta, y cuando no la rechaza, en muchos casos con sobrad\u00edsima justicia. Y cuidado que nos referimos a la cr\u00edtica sana, apacible y convincente que ense\u00f1a con dulzura y suave eficacia<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Por eso el c\u00e9lebre cantante X, hombre de buen humor y que hab\u00eda envejecido en las tablas, dec\u00eda que el artista no completaba su educaci\u00f3n sino despu\u00e9s de haber hecho un serio estudio del aplauso, estudio que lo pon\u00eda a cubierto de mil injusticias y desagrados y en condiciones no solo de arrancarlos \u00a1sino de nutrirlos, prolongarlos y cortarlos a su antojo!<\/p>\n<p>Y como prueba diremos que, as\u00ed como los romanos ten\u00edan para premiar el m\u00e9rito sus coronas \u00e1ureas, c\u00edvicas, <em>convivalis<\/em>, rostrata, etc., y tambi\u00e9n sus aplausos<em> bombi, imbrices y testaes<\/em>, de la misma manera nosotros, que no queremos ser menos que los romanos ni que nadie, tenemos: el gran aplauso que solo se tributa al artista que, llevando la exageraci\u00f3n a lo infinito, levanta en masa al p\u00fablico, y es tan ruidoso, tan general e imponente que desde luego acusa toda su importancia y espontaneidad.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Tras el gran aplauso de que hemos hablado, viene el peque\u00f1o aplauso, el m\u00e1s com\u00fan de todos, que tiene lugar cuando el artista de un talento mediano no ha logrado ganarse las voluntades todas. Este aplauso es pobre, pero ingenuo.<\/p>\n<p>El aplauso callejero, que de antemano se prepara en caf\u00e9s, plazas y calles y va como el asno de la f\u00e1bula, ense\u00f1ando la punta de la oreja. Este es el aplauso que llaman de la claque, muy conocido en tiempos de Ner\u00f3n (&#8230;)<\/p>\n<p>El aplauso chacota, que hace entre nosotros el mism\u00edsimo papel de aquel buf\u00f3n que marchaba entre la comitiva triunfal de los romanos insultando al ca\u00eddo&#8230;<\/p>\n<p>El aplauso remuneratorio, que se da a un artista cualquiera en pago de sus favores.<\/p>\n<p>El aplauso de consideraci\u00f3n, que reciben los artistas ya gastados, en premio de sus antiguos m\u00e9ritos.<\/p>\n<p>El aplauso galante, que se tributa al aficionado, cualquiera sea su talento.<\/p>\n<p>El aplauso grave y circunspecto, que solo se significa con movimientos acompasados de cabeza, miradas expresivas, sonrisas de satisfacci\u00f3n y mil gestos y ademanes expresamente inventados para ciertos lugares privilegiados.<\/p>\n<p>El aplauso secreto (especie de nasa en que caemos todos), que se propinan los hombres a s\u00ed mismos, satisfechos de sus buenas o de sus malas obras. Porque conviene saber que somos tan propensos a condenar las faltas ajenas como a disculpar las propias, es decir, vemos la pajita del ojo de nuestro hermano, pero no vemos la viga del nuestro. (\u2026) Este aplauso es tan peligroso que, seg\u00fan se ha dicho, S\u00f3focles muri\u00f3 repentinamente al saber por sus amigos el triunfo de una de sus famosas tragedias; y el sabio Chil\u00f3n muri\u00f3 de alegr\u00eda al presenciar la coronaci\u00f3n de su hijo.<\/p>\n<p>Y, por \u00faltimo, el aplauso interesado o ego\u00edsta, que busca mansamente la friolera de ciento por uno&#8230;<\/p>\n<p>Ahora bien, el aplauso no tiene siempre la misma significaci\u00f3n ni importancia, ni se aprecia y expresa de igual manera; cada cual lo estima a su modo y lo toma y traduce como Dios le da a entender, tanto que a menudo se ve que un gesto, una palabra, una mirada, una sonrisa equivalen a un aplauso, en tanto que otro fren\u00e9tico y estrepitoso es&#8230; agua de cerrajas.<\/p>\n<p>Los antiguos, por ejemplo, aplaud\u00edan y premiaban al vencedor del canto \u2014\u00a1adm\u00edrate lector! \u2014 regal\u00e1ndole un chivo&#8230; Y en los primeros teatros de Grecia los actores sal\u00edan a la escena con el rostro cubierto por una m\u00e1scara que de un lado re\u00eda y del otro lloraba, dando al p\u00fablico aquel que mejor conven\u00eda con la situaci\u00f3n que representaba. Pues bien, si el actor era aplaudido, como que el aplauso poco significaba, el actor permanec\u00eda cubierto, el p\u00fablico no ten\u00eda para qu\u00e9 conocer al mortal afortunado; mas si por el contrario, lo silbaba, en ese caso ten\u00eda que descubrirse para dar las gracias a los que tan cruelmente acababan de vapulearlo.<\/p>\n<p>Ner\u00f3n, el emperador mel\u00f3mano por excelencia, hac\u00eda tan grande aprecio del aplauso, que recorri\u00f3 en pos de \u00e9l toda Grecia y volvi\u00f3 a Roma cargado con m\u00e1s de mil ochocientas coronas y mand\u00f3 traer de Alejandr\u00eda j\u00f3venes que ense\u00f1aran la manera de aplaudir al pueblo romano, y cuando se presentaba en la escena, S\u00e9neca y Burrhus eran los jefes de la claque&#8230; El soberbio Cromwell, por el contrario, lo desde\u00f1aba, a tal extremo que al pasar un d\u00eda por Tyburne, lugar destinado para la ejecuci\u00f3n de los reos de muerte, un adulador de esos que siempre cercan al que est\u00e1 en el poder, le dijo, se\u00f1al\u00e1ndole la inmensa muchedumbre que fren\u00e9ticamente le clamaba: \u00abVed, se\u00f1or, c\u00f3mo vienen las gentes a presenciar vuestro triunfo\u00bb. A lo cual contest\u00f3 secamente: \u00abLo mismo vendr\u00edan a verme ahorcar\u00bb.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Haydn escribi\u00f3 en la cubierta de una de sus grandes sonatas, despu\u00e9s de o\u00edrsela interpretar a la c\u00e9lebre pianista alsaciana Mar\u00eda Bigot, estas deliciosas palabras: \u00abEl 20 de febrero de 1805 Jos\u00e9 Haydn fue feliz\u00bb. \u00bfPodr\u00e1 darse aplauso m\u00e1s bello y sentido?<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Pero basta ya de aplausos y despid\u00e1monos de nuestros lectores, cuya paciencia hemos sometido a bien dura prueba, con aquel pensamiento de Augusto que serv\u00eda de final a las antiguas comedias latinas y que Beethoven, ese coloso del arte, repet\u00eda a sus amigos en el supremo instante: <em>\u00abPlaudite amici, comedia finita est\u00bb<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><sup><strong>[2]<\/strong><\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> <em>He venido a que me escuchen, no a que me vean<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><sup>[2]<\/sup><\/a> <em>Aplaudan amigos, la comedia ha terminado<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>*Inicialmente publicado en <em>El Pa\u00eds<\/em>, n\u00fameros correspondientes al 19 y 20 de mayo de 1886. Tomado de Ram\u00edrez, Seraf\u00edn: <em>La Habana Art\u00edstica. Apuntes hist\u00f3ricos<\/em>. Edici\u00f3n anotada por Zoila Lapique Becali. \u00a9 Ediciones Museo de la M\u00fasica, 2016. ISBN 978-959-7184-32-4 (Primera edici\u00f3n, Imp. del E. M. de la Capitan\u00eda General, 1891).<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Everything in life is applauded, the good and the bad; this is unquestionable. Everything is applauded as long as the spirit is ready for it; otherwise, the most delightful outbursts of genius, the purest and most ideal perfections of art are overlooked, although they have had the universal sanction and conquered in bulk all kinds of medals, decorations, titles and diplomas.<\/p>","protected":false},"author":15,"featured_media":14656,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[1039,8906],"tags":[10124,9008,10123],"coauthors":[110],"class_list":["post-14655","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-dando-la-nota","category-variaciones","tag-los-aplausos","tag-opera","tag-serafin-sanchez"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/magazineampm.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/aplausos-dando-la-nota-portada.jpg?fit=1816%2C830&ssl=1","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14655","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14655"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14655\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14660,"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14655\/revisions\/14660"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14656"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14655"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14655"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14655"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/magazineampm.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=14655"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}