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Reviews Carlos Miyares durante el rodaje de Cubajazz. Foto tomada de las redes sociales del documental. Carlos Miyares durante el rodaje de Cubajazz. Foto tomada de las redes sociales del documental.

Cubajazz truths and mirages

Asistir a la proyección de una obra audiovisual significa mucho más que disfrutar de su calidad estética, mediante el placer de su visualización. Significa enfrentarse a un producto que es hijo de su época y de sus circunstancias. El audiovisual moderno comienza con el cine, y de él toma los elementos esenciales que caracterizan su recepción. Es cierto que la sala de cine dejó de tener el privilegio de congregar al público para el “sagrado acto” de ver un filme, y que el mundo digital facilita canales muy diversos de visionaje. Un videoclip, un documental o una película demandan una mirada atenta y una voluntad dispuesta a contemplar un mensaje contenido en un hecho artístico.

Las imágenes cinematográficas, o más propiamente videográficas, continúan ejerciendo su preponderancia frente a la voluntad del sujeto, pues, como obra de arte, afilan sus recursos para seducir y minimizar la resistencia del público ante el acto comunicativo que proponen. De  esa envolvencia magnética se vale el realizador para controlar el discurso que lanza e intentar que su tesis penetre en la conciencia de su destinatario. No sería obvio recordar que toda creación tiene un propósito más allá del acto mismo que la genera —que puede ser más o menos espontáneo—, y que no existe arte que no se sostenga sobre un paradigma ideológico ineluctable.

One of the phenomena naturalized by cultural praxis has been sexism in the mass media (sexism understood as the set of practices that perpetuate gender inequality and sexual discrimination, through male domination, expressed in vassalage about any other posture or sexual alternative).

Enfrentarse y descaracterizar el sexismo mediante diferentes iniciativas, implica desplegar una tecnología de género que se apoya en el desmontaje de patrones y en la implementación de tests y fórmulas, para identificar con facilidad esa tara  en los contenidos que se producen y consumen. Ello permitiría aplicar una crítica de género sensible a las narrativas, y formular proyectos y productos exentos de la representación simbólica tóxica de los sexos no hegemónicos. A estos objetivos más inmediatos se une la estrategia de acelerar el cierre de la brecha social de género, para que mujeres y hombres puedan por fin colocarse en paridad y cesen los discursos y las acciones que han convertido a la ideología patriarcal en un instrumento de subordinación, explotación y violencia.  

We are not always aware of the sexism that is expressed in the media. Discrimination, stereotypes, and the imposition and perpetuation of roles are such everyday phenomena that they go unnoticed most of the time, for most people. One of the reasons for this "blindness" is the very nature of the audiovisual: cinema represents the world through visual material images with a strong appearance of reality; and another, the complexities manifested in the psychological perception of these images in the process of viewing. On the other hand, gender stereotypes have been internalized in such a way that patriarchal ideology crosses the retina with unpunished transparency.

Cubajazz, documental dirigo por Max Alvim y Mauro di Deus

Cubajazz, documental dirigo por Max Alvim y Mauro di Deus. Fotograma de la película.

Desprovista de todo prejuicio, en el más sano estilo de “disfrutemos esto” a que puede llegar alguien como yo, medianamente entrenada para ver más allá de las intenciones explícitas de un producto artístico, me dispuse a ver Cubajazz, documental de los realizadores brasileños Max Alvim y Mauro di Deus, filmado entre 2014 y 2016 en La Habana; con entrevistas y guion de Luis Augusto de Paula Souza, Max Alvim y Rogério da Costa.

The sensation, once the first viewing was over, was that it was too long because ideas were reiterated, or because the exhibition structure was not clear enough, as a result of the editing work. For the rest, it was a classic documentary example that combined talking heads with musical moments. In this modality it neither stands out nor decreases. 

However, I found positive the fact that it defended the thesis of a properly Cuban jazz very well, as well as correctly balancing the presence of women and men within a musical manifestation where the historical predominance has been male. But did not the manipulation inherent in the construction of the story create in me a false perspective in the representation of genres, that is, in the representation of the feminine and masculine cultural strata?

A simple statistical scrutiny revealed a truth to me: only eight women appeared expressing their opinion or saying some more or less significant parliament or participating as interpreters, against 18 men in that same function, not counting that this number increased when the men who appeared were counted. only in the role of interpreters. My erratic initial appreciation was due to the fact that the three blocks that make up the documentary are headed by three artists: Yissy García, Daymé Arocena and Zule Guerra. But it was also due to the way in which the specific role of women was reiterated. For example, the images of Yissy García and their instrumental display alternate with the testimonies of Jorge Luis Valdés Chicoy, Jorge Luis Pacheco, Harold López-Nussa and Joaquín Betancourt, among others. This is how the repetition of shots on Yissy is perceived as highlighting “the feminine”. But it really is a subterfuge against the scarce presence of female jazz players, and avoids an unpleasant aesthetic imbalance between planes of one and the other. 

Yissy García. Fotograma del documental.

Yissy García. Fotograma del documental.

En el momento en que ese primer segmento cierra, se escucha Wichy-Cha-Da en interpretación de Yasek Manzano, mientras a modo de clip musical, desfila un sumario de imágenes de la llamada Habana profunda: el agromercado de barrio, el carretonero cuentapropista, el yerbero, la esquina, el solar, el balcón depauperado, la gente en su trasiego y su “lucha” cotidiana, y —no podía faltar—, la performance turística de la rumba en el Callejón de Hamel, atizada con todos los féferes usados en las ceremonias de los cultos afrocubanos, así como los tambores batá, el chequeré y claves tocados por mujeres y hombres a quienes se les dedica apenas ese flash, esa imagen apurada, caótica y fragmentaria propia del espasmódico estilo del videoclip.

Then there is a fairly extensive moment in which the testimonies of musical creators continue, but then they alternate with the criteria of three musicologists. And that interlude ends with images of the Remedios parrandas.

El segundo momento, que preside la cantante Daymé Arocena, tiene un prefacio donde el macho marca territorio antes de presentar a la hembra “empoderada”. Tras una inofensiva cita de Severo Sarduy, aparece, como de la nada, o sea, sin una motivación dramatúrgica plausible, el interior de una barbería, espacio masculino por antonomasia, en el que dos barberos acicalan a dos jóvenes, mientras sus cuatro imágenes se reflejan en un espejo sobre el cual aparecen dos afiches de sendas figuras masculinas; sume usted de qué manera se ha reforzado la male gaze o mirar desde la masculinidad beligerante, en esa sencilla obertura, donde remata la imagen de una mujer, cigarro en mano, en pose de prostituta a la espera. A renglón seguido aparece Daymé, o más bien sus sandalias y sus piernas cubiertas por el vestido que le llega hasta los tobillos. Camina por su barriada natal contando sobre sus orígenes de auténtica y profunda cubanía urbana.  

The extraordinary power that Daymé Arocena's presence emanates is undeniable, not only because she possesses a powerful, vigorous vocal register, and an unparalleled stage dominance; but because she is a skillful and intelligent interlocutor. What Yissy or Zule do not achieve, from the point of view of their verbal interventions, Daymé achieves, with the addition of the camera over her, in a medium shot where she looks dominant. The selection of one of the interview spaces is striking, in which the singer's head is crowned by the background image of a picture of the Sacred Heart, which seems to authorize and legitimize her criteria, as if the young woman's word was not enough diva. This is a subtle form of subordination of the female subject: the male subject — symbolic in this case — certifies or validates the criteria expressed by a woman.

That chapter closes in a rather trivial way, with the sequence of the young woman doing the shopping and her grandmother cooking a fried rice. Both in the domestic space share an intimate moment that must have died in the editing room, because beyond contributing nothing to the thesis of the film, nor to Daymé's intervention, it ridicules and trivializes an affective relationship between two women who, each in its territory, are an example of independence and authority.

The last block could be assumed to be headed by another woman, Zule Guerra, but at this point it is no longer possible to think of an equitable gender representation, since the face weight of men and the numerical superiority of their interventions leave no room for doubt as to their domain. However, the feeling of balance can subsist, due to a very skillful commutation between one and the other: Yoana Grass (producer) and Zule herself, interspersed with other voices that come from the first moments of the documentary and that have not ceased to issue criteria: Chicoy, Harold López-Nussa, Yasek Manzano, Pachequito, César López, leaving the latest interventions by Daymé and the musicologists as mere splashes.

Daymé Arocena. Fotograma del documental.

Daymé Arocena. Fotograma del documental.

Es obvio que el material seleccionado de diferentes conciertos en vivo es muy desigual. En este sentido Cubajazz participa del collage como estrategia narrativa resuelta desde una edición que, por momentos, asume un talante videoclip, correlato del propio espíritu libérrimo y heterodoxo del jazz. En el caso de las entrevistas, sí se echa en falta un tratamiento menos perezoso de la iluminación, lo cual se evidencia en las tomas de las musicólogas, todas resueltas de diferente manera. Domina cierto tenebrismo inexplicable, por el uso de una iluminación lateral, en el caso de Yentsy Pérez; cuyos argumentos son, por demás, bastante pobres, para no decir prescindibles.  A Brenda Besada, se le presenta contra un fondo descascarado, vetusto y de incongruente eclecticismo escenográfico. La gesticulación de Besada, altamente expresiva, hubiera requerido un fondo más sobrio y atemperado. Mucho mejor escogida la locación en el caso de Neris González, por el equilibrio del fondo, y la iluminación natural directa.

In general, the composition of the plan was not taken care of, in a work that despite the haste and spontaneity of the documentary exercise, could take a few minutes to choose better angles, as well as study the architectural and setting space, so that it would serve as a prop to the testimonies and would not compromise or undermine their legitimacy. All the elements present in the image influence the perception of the work, so art direction is not a specialty outside the documentary exercise.

At a second glance, the content seemed much more ordered to me, and I could distinguish a dramatic progression from the argument: the matter is presented, the conflict is exposed and it is allowed to evolve through opinions that are not exclusive, but complementary. New subplots are introduced, justified by the socio-political changes brought about by the final moments of Barack Obama's mandate and which are offered as an omen of a less belligerent future for Cuban music, its managers and creators, and for the nation in general; promise that would be truncated with the unfortunate advent of the Donald Trump administration. 

En el final, cierta incertidumbre por la emigración de artistas se mezcla con nostalgias de lo que ha interesado preservar como conquista y legado de la Revolución: el libre acceso a la cultura. Un final un tanto apresurado cuyo resumen deja la impresión de que tenemos escuelas de arte para cubrir las expectativas y demandas de quienes anhelan a responder con estudios académicos al llamado de un talento que presumen tener. De haberse abordado con más elementos este aspecto colateral, visto desde las circunstancias de un país pobre y subdesarrollado, nos revelaría en un breve tanteo, el viacrucis de quienes pretenden entrar a estudiar música en una academia cubana, dado que la demanda desborda con creces la disponibilidad de recursos para enfrentar la enseñanza artística de forma masiva.

En resumen, Cubajazz es un intento bastante coherente de aproximarse a lo que el jazz cubano representa en nuestra cultura, y se acerca a demostrar lo auténtico de ese género en su vertiente criolla, amalgamada, mixturizada. Al propio tiempo, desde el punto de vista de la recepción, y como consecuencia de un mirar sospechoso y apercibido, abre una interrogante sobre la participación de la mujer en el espacio jazzístico cubano: ¿es realmente tan escueta la presencia femenina— tomando este documental como referencia—, o hay invisibilización y mengua en este material, por la prevalencia de un sexismo, ya sea involuntario o estratégico?

Berta Carricarte Melgarez Maratonista, antimachista, industrialista y fan de Michael Jackson. Aspirante a tiktokera. More posts

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