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Articles Illustration: Mayo Bous. Illustration: Mayo Bous.

This morning again think of you

«Nadie vive para sí mismo; nadie muere para sí mismo»
(San Pablo: Epístola a los romanos)

Es increíble que mi hijo esté cumpliendo hoy 20 años… si Martín nació ayer. Parece que ayer yo estaba de parto, o llevándolo a su primer concierto y que solo ayer, con 6 años, decidió que quería ser músico (por influencia, obviamente, de Yusa). El 12 de febrero, día de su nacimiento, fue un día de celebración y alegría hasta el 2013. Santiago Feliú, el mismo amigo que me trajera de sus viajes a Sudamérica las batas y los zapatos más cómodos que una embarazada pueda soñar, al año siguiente —en 2014— me fastidió la fecha para siempre, con su ocurrencia de venirse a morir justo el día en que el hijo mío, un poco suyo también, andaba de parranda con Adriano Feliú, el primogénito del Santi, celebrando esa edad ambigua en que creen que ya no son niños, edad de auto condescendencia y experimentación, de los primeros tragos y caladas a escondidas. 

Fui fan de Santiago desde mi propia adolescencia, pero no era exactamente su amiga. Más lo era de Donato. Los seguía con mis primas o las amiguitas de turno por el Café Cantante y cuanta peña los dejara interpretar a dúo Salta Saltarina; escuchándolos debo haberme creído grande ya, sin serlo, como Martín se creía grande el 12 de febrero de 2014. Sus vallejianas metáforas de los 80 (Se le caen los dientes a mi barba…) son parte indiscutible de mi educación emocional de juventud. Sólo él consiguió suplantar a Silvio y a Pablo, Los Meme, Los Zafiros y Los Beatles de la casetera de mis padres. Y para una joven iconoclasta, desmiéntanme si no, quien pone la banda sonora de una casa es quien manda, aun cuando convivan varias generaciones y no sepas de dónde sale la comida que te llevas a la boca.  

Then the Santi went to play throughout Latin America with Silvio, he believed things ... he joined the Colombian guerrillas for a while ... I lost sight of him. One late night in the late 90's he came to the tiny apartment that I shared with Mane to consult something legal, a lucid contract that he had signed in Argentina and had him caught by the eggs, or so it seemed. I was then the young one-eyed girl in the country of the blind, that is, the only lawyer here who understood some of these issues. I don't remember if he came on the advice of Xiomara or Iván Latour or who. The fact is that he arrived with his contract, and it turns out that the only ornament that was in those two square meters that made me home was a poster of his. Mane and I worshiped him as a God of our age. Only he dared to put Fidel, the Pope, Gorbachev and Allah in the same sentence, confirming the hodgepodge of emotions that the 90s brought us. And that already threw us head on the hard timba. 

Then we don't separate. Our relationship was maturing with us and when we didn't realize we were trembling and we shared on Fridays, almost like a ritual, certainties, drinks, and worries. And laughs. Many laughs. We mocked together with was going on. We invent records and projects with absurd concepts and names and earn thousands of imaginary dollars with each one. What a way to eat shit. Eating shit with someone you love a lot should be one of the things that strengthen a friendship. And cook each other the few dishes that, with the little that you have, you learn to make. And they teach you to play Rummikub. And watch our children grow and love each other. And criticize him a lot the concert bodrio that he gave, wasting the National Symphony. And witness, even without fright, of his first hypertension bats. And notary apocryphal of his last wedding, because the role of divorce did not appear.

Santiago Feliú con el bebé Martín entre los brazos. Foto: Cortesía Darsi Fernández.

Santiago Feliú con el bebé Martín entre los brazos. Foto: Cortesía Darsi Fernández.

On February 11, 2014, Martín had gone out with Adriano and another friend ("take care of me and come back early, he has classes tomorrow") and I had fallen asleep when I felt him arrive a little after 12 and turn on the light of his lamp (that moment when the mother of a teenage son can finally fall asleep). What happened after about two o'clock in the morning is a nightmare that I have never dared to relive in words, although a thousand times it returns me with stubborn precision despite the meager memory left to me by the years and the excesses. 

Sonó el teléfono a esa hora absurda y, medio dormida, escuché a Gemma preguntarme insistentemente por Adriano, si sabía de él, si ya Martín había llegado. “Martín está durmiendo”, le dije, mientras me levantaba y lo verificaba de todos modos. Ahí estaba, en su cuarto, inocente, rendido. “Darsi, SE ME MURIÓ SANTIAGO”, gritó y yo pensé “Carajo, qué pesadilla tan fula estoy teniendo”… Todo es confuso aún ahora… Lili ya se estaba vistiendo y yo ya estaba montada en el carro y no sé si volamos, si manejó ella o manejé yo a una velocidad fantasmal o me tele transporté. Dieciocho minutos después de la llamada, quién sabe cómo, ya estábamos en el Hospital de Emergencias con su cuerpo inerte, con Gemma en un llanto indetenible  toda barrigona de ocho meses como estaba—, y ya habíamos dado con Adriano (que llegaría al hospital todo sudado, minutos después, literalmente corriendo desde Infanta y Manglar). 

Me tocó vestirlo y peinar su pelo ya sin brillo, el momento más duro con distancia de mi medio siglo de vida; me tocó decírselo a un montón de gente, en Cuba y fuera de Cuba. No sé cómo pude, medio en trance me recuerdo aún. También me ha tocado ver cómo Martín, que lo tenía por una especie de tío hippie de chistes verdes y  carro lleno de cucarachas, ha crecido descubriendo por sí mismo su poesía, su genio, su espíritu rockero, su ilógica zurdera en cuerpo diestro. 

Su obra grabada, que no he podido ni deseado volver a escuchar ya nunca más, comienza con Vida y termina con Ay, la vida. Como si él supiera que iba a dejarnos huérfanos de su persona, pero que necesitábamos un ser mitológico para personificar tanto absurdo, tanta fe perdida, tanta belleza terrible. Tanta Vida y tanta Muerte. Todo este Misterio.

Darsi Fernández Hyperlink con figura humana. Tiene mala memoria solo para lo que le conviene. Sueña con jubilarse a leer. More posts

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  1. Mariana says:

    Espectacular Darsilla!cómo siempre !como todo…como tú!

  2. Selegna says:

    Conmovedor.. desde el centro del Alma!!!

  3. humberto says:

    gracias, santy.. gracias, darsi

  4. Maryla Figueroa says:

    Sin palabras!!! Solo un silencio conmovedor entre lágrimas…y al fondo, la voz inconfundible de Santiago!!! Nuestros hijos son muy amigos violinistas, y envejecerán aprendiendo de Santi…

  5. Alberto Perez says:

    Darsi, bello!

  6. Daniel Flores says:

    Conmovedor relato. He revivido ese día paseando con tristeza todas sus horas…

  7. María del Carmen Bastacini says:

    Querida, tu relato se cuela a mi alma para imaginar la partida del querido Santi y para pensar mi propio encuentro con la muerte, que me arranca a mi amigo hermano. Te abrazo.

  8. Tatiana says:

    Prim, que recontralindo. Besotes para ti, para tin y para el.

  9. […] Darsi Fernández fue la primera persona con la que hablé sobre Santiago Feliú. Además de musicóloga y jurista, fue una gran amiga suya. Aprovechamos una pausa en un ciclo de conferencias en Fábrica de Arte Cubano para conversar. […]

  10. Onelio Perez says:

    Gracias Darsi.

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