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Rumberas from Matanzas: iconic women through history and tradition

Walking the neighborhoods of Simpson and La Marina, we go through part of the history of the women who gave life to the rumba in Matanzas. In currently abandoned houses, with old brick facades, the rumberas (in Spanish, women who plays rumba) were the protagonists of a cultural practice that accompanied the saint's birthday celebrations, the afternoon gatherings after doing housework or the Blue Team parade in the first hours of the new year. 

En los diversos espacios del entorno social y familiar las rumberas matanceras delinearon la rumba a tal punto que hasta nuestros días llegan sus pasos de baile y el eco de sus cantos, como una rica herencia guardada por hijas y nietas. Esa fuerte energía ancestral femenina fue la que inspiró una agrupación única de su tipo en Cuba: la Asociación de Mujeres Rumberas de Matanzas (AMR) Estanislá Luna y Yeya Calle, la cual creada el 13 de octubre de 2013 es un medio imprescindible para la preservación de la memoria histórica y el legado cultural de las rumberas desde finales del siglo XIX.

Who were those women who since then, inside their homes, in lots and parties, raised their voices and waved their skirts in the most genuine expression of rumba? This text presents only a brief overview of those paradigmatic figures that remain in the popular imagination of the city and live in the collective memory of the Association of Rumberas Women.

The Calle-Mesa family

The history of this family begins with the figure of Anselmo Calle, one of the first linked to the origin of the rumba in Matanzas. From him it is known that he was the organizer of the rumba choir La Lirita and a famous player, singer and dancer of the Yambú style. His great-great-granddaughters describe him as an "seductive old man" who maintained a stable and lasting relationship with two women at the same time. From both unions a pleiad of rumberas was born who, without any rivalry, recognized themselves as sisters, aware of the father's relationship with their respective mothers. 

De la unión entre Anselmo Calle y Joaquina Domínguez nacen Manuela, Amadita, Antonina y Regla Calle. De esta última nace Maximina Calle, quien da a luz a Bárbara Jiménez Calle, conocida por Bárbara Calle, madre de Álida  y Miriam Leicea, actuales integrantes de la AMR.

From the union between Anselmo Calle and Juana Mesa, on the other hand, Inés Mesa was born, who would then maintain the mother's last name. Two highly significant figures are born from Inés Mesa for the origin and development of the Guaguancó Matancero group, later known as Los Muñequitos de Matanzas: Juan and Julián Mesa.

This family became a fundamental focus of rumba in the city of Matanzas. The members who achieved the greatest popularity in professional groups, owe much to the inspiration and improvisation of their predecessors. In the transmission of songs and the construction of that rich sound skein, maternal ties were a link of force majeure. Creativity found fertile ground in the names of these women, seeds of a local tradition.

De Regla (Yeya) Calle solo se conoce que nació un día de 1870 y falleció en 1956, a los 86 años. Organizó muchas rumbas y fue la anfitriona del principal foco de rumba en Simpson, por donde pasaron Esteban Vega (Chachá), Hortensio Alfonso (Virulilla), Esteban Lantrí (Saldiguera) y Félix Campos. A su alrededor también se reunió un importante círculo de rumberas como Estanislá Luna (Tani), Liduvina Miró y Flora Heredia.

As a housewife she was in the care of the grandchildren, who were inserted daily into the rumba through the environment that their grandmother fostered. Miriam, one of her granddaughters, remembers that in the afternoons, when she returned from school, they could find a rumba with her grandmother's songs, among which the jarana ones stood out, which could be accompanied by the clave that she played with two spoons.

Barbarita Calle. Foto: Cortesía de Roxana Coz,

Barbarita Calle. Foto: Cortesía de Roxana Coz.

Yeya Calle assumed the upbringing of her granddaughter Barbarita Calle when the mother passed away. Her house, in the Ayuntamiento between Daoíz and Velarde, was the headquarters of the rumba on countless occasions. She even conditioned the living room of the house so that Los Muñequitos de Matanzas had a rehearsal room and could reorganize their artistic activity in the 1960s.

Barbarita nació el 4 de diciembre de 1918 y 10 años después fue bautizada, su tía abuela Manuela Calle fue la madrina. Se distinguía por la destreza de los movimientos del baile y era reconocida por el mérito de jamás dejarse “vacunar”, un gesto que definía si eras o nobuena bailadora. En las rumbas improvisadas que se daban en su casa, donde tomaban por instrumentos lo que estuviera a su alcance, muchos la recuerdan con un par de cucharas marcando la clave en la puerta de entrada. 

Barbarita Calle was a rumba girl who had no chance to study, but learned self-taught. It was only after the triumph of the Revolution that she was able to complete her secondary studies. Her death, on April 23, 1999, plunged the Matanzas rumba movement into deep mourning, reflected in the silence and pain that prevented a farewell party.

In the Calle-Mesa family the name of Inés is mentioned with the utmost respect. Her rumba songs, often created in collaboration with her son Julián, became part of the repertoire of Matanzas professional groups. 

Inés Mesa enseñó a cantar rumba a sus hijos y nietos. Fue quien formó a su nieta Martha Mesa tras quedar huérfana de padre a los nueve años, y como parte natural de su crianza le legó todo un arsenal de antiguas rumbas. Martha aún da testimonio de los cantos creados por su abuela junto a Julián. Su padre se inspiraba y sacaba la letra para un canto; Inés le ayudaba con la melodía, tomando como referencia los cantos que conocía de antaño, y de igual modo le entregaba otros para que fueran incorporados al repertorio de Los Muñequitos de Matanzas.

Inés María Mesa was born on December 21, 1883. Although she did not marry Martín Gómez, four children were born from their consensual union. In her descendants we find rumba musicians who have played and sung in first-rate professional rumba groups. Her sons Julián and Juan (Bosco) Mesa were founders of Los Muñequitos de Matanzas, and her grandsons Enrique and Pedro Mesa have worked in the Afrocuba groups in Matanzas and Los Matanceros, respectively.

Francisco Zamora (Minini), rumbero mayor y director de la agrupación Afrocuba de Matanzas, reconoció el lugar que ocupan las hermanas Calle y Mesa en la tradición popular. Para él “Yeya e Inés Mesa fueron las rumberas que más sonaron aquí […]. Los días festivos, en su casa, no había que buscar a nadie de la calle para formar la rumba. Cuando la gente venía ya estaba formada la rumba por ellos.”

"Here comes Tani!" Shouted the boys who were playing at Yeya's house. With her shoulders covered by her dark cape and her light body, despite the years she walked gracefully through the streets of her rumba friends. Among the jokes that the grandchildren made of her, she sang the occasional puya song, the one that only she could give away with her overflowing imagination.

Estanislá Luna. Photo: Courtesy of Roxana Coz.

Estanislá Luna. Photo: Courtesy of Roxana Coz.

Estanislá Luna, for her part, has been a significant figure in popular culture and, as far as we know, the longest-lived of the Matanzas rumba community, born on November 13, 1881. 

En la rumba sobresalía por los cantos de yambú y la riqueza de movimientos danzarios, los que le valieron una fama que atrajo a muchos de los más reconocidos bailadores rumberos, al punto de que José Rosario Oviedo, el mítico Malanga, llegó a la ciudad de Matanzas con el interés de conocerla personalmente y acompañarla en el baile.

Dentro de la rumba se preocupaba por que se respetara la entonación del canto original, dirigiendo y rectificando a los más jóvenes en las celebraciones. Su conocimiento le permitió que fuera reconocida como “la última reina del yambú matancero”. Gracias a la entrevista que Estanislá Luna concedió a Reinaldo Peñalver y que Bohemia publicó bajo el título Rumbera Mayor, conocemos sus ideas y el modo en que resolvía temas de género y posición social. Refiriéndose al fallecimiento de Malanga, ella comenta: “[…] aquí en Matanzas también lo lloramos… Pero mi marido no fue al entierro y yo no podía ir si él no iba”. Esto puede interpretarse como la subordinación de la mujer a las decisiones del esposo, aunque sus intereses hubiesen sido diferentes. 

Therefore, Estanislá was forced to deal with the patriarchal conceptions that imposed certain dominant behaviors of the time, but she managed that the marriage did not prevent her the enjoyment of singing and dancing the rumba, which occupied a foreground of interest in her life. In the same interview, when referring to the husband, she states:

“He did let me dance… He had to, because that was the condition I put in when we joined. I had many lovers and I put the same condition to all of them. I was born with the rumba inside. No one could take it from me. Whoever loved me had to accept that I danced.” 

Las rumberas Álida y Miriam Leicea refieren los ingeniosos recursos que utilizaba Estanislá para no dejarse dominar o controlar por su esposo, Martín Corona. A ella le gustaba compartir a solas con sus amigas lo mismo una conversación que una rumba; si inesperadamente Martín venía a buscarla, ella con la complicidad de las otras se escondía. Luego continuaban la rumba o las jaranas, burlándose del control de Martín o de algún otro de sus compañeros. 

Estanisla demonstrated unusual strength and autonomy for women of her time often abused and undervalued by men whether in the physical or subjective sense. 

Su muerte en 1987, a los 106 años de edad, constituyó todo un acontecimiento en Matanzas, y su sepelio fue uno de los más concurridos. A través de la emisora provincial Radio 26, la noticia se transmitió varias veces en el día, aludiendo a que la rumba estaba de luto porque había muerto la “rumbera mayor”, como se le conocía. Desde su casa hasta el cementerio fue seguida por el pueblo matancero, que le rumbeó como ella había pedido. Que canten las mujeres fue el yambú de Estanislá Luna, el cual se cantó una y otra vez.

According to the testimony of Álida Leicea: “We buried Estanislá with rumba, because she gave her songs and wanted them to sing to her. She died in Salamanca street, a block mediation before arriving in Zaragoza, and she was taken in a small box because she was very small. He was dancing until Dos de mayo, where he got into the car and then all danced and played for her all the way ”.  

In the cemetery, that January 9, 1987, the rumba continued until nightfall.

Liduvina Miró. Photo: Courtesy of Roxana Coz.

Liduvina Miró. Photo: Courtesy of Roxana Coz.

Otras mujeres también compartieron la pasión por la rumba y fueron importantes cultivadoras del género en Matanzas. Entre ellas podemos mencionar a Liduvina Miró, quien provenía de una amplia familia de rumberos de Unión de Reyes, fue la madre de Jesús Alfonso Miró ejecutante del quinto en Los Muñequitos de Matanzas y de Regla González Miró, quien se desempeña como coordinadora de la actual Asociación de Mujeres Rumberas de Matanzas Estanislá Luna y Yeya Calle y del Taller Teórico Práctico de Rumba de Matanzas.

Liduvina was born on April 13, 1935. She enjoyed the opportunity to play rumba and that is why she accompanied with a rumba any significant moment in her life, whether it was the birth or death of a close person. She is remembered for the peculiar way she had to dance, for her work in the Blue Band and for the way she participated in the street dance of the comparsas. The rumba was present until the last days of its existence and as it was their wish, the people of Matanzas said goodbye with this rhythm on March 9, 2015.  

Junto a estas rumberas mayores también se recuerdan los nombres o sobrenombres de Isabel Santiago, Yolanda Curbelo, Elvira Barani, Isabel Urrutia, María Sixta Pita, Flora Heredia, Andrea Gutiérrez, Lina Campos, Carlota Guada, Francisca Rodríguez (Panchita Chamalapo), Dominga Bacallao, Moraima Lausurique, Ana Luisa Piloto (Chacha), Margarita Zequeira (Cundunga la China), Chichí Guasabá y Casilda Uldeber.

Fueron estos los nombres que convirtieron en arterias de vida las calles, los solares y entradas de las casas, defendiendo a todo pulmón el mensaje de Tani, con sus muchos cantos reunidos en uno solo: “Que canten las mujeres, que no les siento la voz…”. Entre guajacos —esa bebida preparada a base de aguardiente, azúcar y zumo de limón— y sopones se atrevieron a contar su existencia a golpe de rumba, hilvanaron sus tristezas y alegrías, unieron sus voces y vidas en celebraciones de barrios con olor a río. Estas mujeres fueron verdaderas guerreras que rodeadas por sus descendientes inculcaron amor a la tradición. Con la fuerza de una sacudida de hombros evitando el “vacunao", así hemos querido alejar el polvo y el olvido de autoras que hicieron, de la rumba matancera, una historia increíble. 

Roxana Coz Musicóloga de clave con la cuchara y pianista acompañante de clarino barroco. Responsable de niño melómano. Siempre pierde los audífonos. More posts

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