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Articles OKAN. Photo: Ksenija Hotic. OKAN. Photo: Ksenija Hotic.

OKAN: stripping the soul from Toronto

Recuerdo perfectamente cuando escuché por primera vez las voces de Magdelys Savigne y Elizabeth Rodríguez. Estaba viajando por la interminable autopista 401, destino a Toronto. Era el verano de 2017. Mi amiga Karen manejaba. En las bocinas del carro sonaban las canciones de La Migra (Made With Pencil Crayons, 2017), el disco que más me gusta de Battle of Santiago. La música estaba cargada de energía. El sonido, experimental, electrónico, rockero, repleto de ritmos y cantos afrocubanos. Ahí, en la percusión, en los coros, se notaba una presencia, una energía creativa contagiosa. Karen y yo nos mirábamos en los momentos en que esa energía se hacía más evidente, más viva. “Pretty cool stuff”, estuvimos repitiendo durante todo el viaje mientras los temas de aquel álbum se sucedían en un loop delicioso, adictivo. Ese día la 401 se sintió más pequeña.

About a year later I had the opportunity to meet Magdelys and Elizabeth in Kingston, Ontario. It was my last year of doctorate at Queen’s University. Since I arrived in Kingston in 2012, I have helped organize concerts by Cuban musicians who almost always came from Havana or Toronto. So I had the opportunity to work with artists that I admire and respect a lot, such as Carlos Varela, Aldo López-Gavilán and Telmary. Already in the fall of 2018, OKAN - the duo of Magdelys and Elizabeth - had been founded for a year or so. Their visit to Queen’s helped me understand the OKAN concept first hand. They were in Claudio Palomares's music and culture in Latin America class where they spoke about the challenges of being a woman in the music industry and offered an Afro-Cuban percussion workshop. I also had the opportunity to moderate a panel where they talked about their diasporic experience in Canada, as artists and as Cubans. The visit closed with a full-capacity concert at the Grad Club, our little Brecht. I was in heaven. I never forget that show because it was my last night in Kingston. The next morning I moved to Toronto, to be closer to music.

Desde que vivo acá he ido a muchos de los conciertos de OKAN, en DROM Taberna, en el Lula Lounge y en otros de mis sitios favoritos de la ciudad. Ha sido lindo ver cómo estas cubanas han crecido como artistas y se han convertido en un fenómeno popular en este país; cómo su trabajo ha empezado a ser reconocido también en otros lugares. Recientemente volví a trabajar con Magdelys y Elizabeth. Karen y yo les pedimos un cover de Qué pasa con el Cha Cha Chá para un episodio de nuestro podcast Cuban Serenade. Quedamos encantados con ese trabajo, un tributo al cienfueguero Chicho Valle, uno de los primeros músicos latinoamericanos que se estableció en Canadá.

OKAN. Photo: Ksenija Hotic.

OKAN. Photo: Ksenija Hotic.

About OKAN's music I like its clean, elegant sound, the notable influence of various cultures without losing the Cuban essence, the harmonies and vocal arrangements and, of course, the virtuosity of Magdelys on percussion and Elizabeth on violin, both with an enviable ability to navigate between the classic and the contemporary. Talent calls talent. The duo has been nurtured by the experience and creative energy of some greats on the Toronto scene such as Hilario Durán, Roberto Riverón, Pablosky Rosales, Alexis Baró, Jeremy Ledbetter, Bill King, Reimundo Sosa, Danae Olano, Roberto Occhipinti, the Turk Selcuk Suna, the Dominican Junior Santos, the maestro Miguel de Armas from Ottawa, Telmary from Havana and from the frequent collaboration with the young percussionist Frank Martínez.

In just three years of existence, OKAN has come to occupy an important place in the universe of contemporary Cuban diaspora music. Much has been said about the undeniable artistic value of the music that Magdelys and Elizabeth make; however, less has been said about other dimensions of his work. For example, what social spaces have been addressed and developed by the duo? What effect has Magdelys and Elizabeth's way of conceptualizing and articulating their multiple identities had on the recognition of OKAN? How has Toronto as an urban and multicultural space influenced the duo's upward trajectory? Here are some ideas about it.

Elizabeth y Magdelys impartiendo un taller de percusión afrocubana en Queen’s University. Foto: Karen Dubinsky

Elizabeth and Magdelys teaching an Afro-Cuban percussion workshop at Queen’s University. Photo: Karen Dubinsky.

Where are the singers from?

Magdelys nació en Santiago de Cuba. Aprendió inglés de pequeña, hablando con niños y niñas canadienses que venían a pasar las vacaciones en el hotel donde trabajaba su mamá. Fue estudiante de música en el Isa y en 2007, su segundo año en el programa, fue invitada a estudiar por un año en Australia. A los 19, esa fue su primera experiencia fuera de la Isla. Durante esos años Magdelys vivía en Centro Habana, donde colaboraba con Alami, la banda de jazz de Daymé Arocena, compuesta intencionalmente solo por mujeres. Ahí estaban Danae Olano en el piano, Celia Jiménez en el bajo y más tarde se incorporó Yissy García en la batería. El proyecto musical coincidió con una de las visitas de la jazzista canadiense Jane Bunnett a La Habana y al combinar el talento que había en Alami con los recursos y la influencia de Bunnett, se concretó la oportunidad de grabar y girar en Canadá y los Estados Unidos, bajo el nombre de Maqueque. Con limitadas oportunidades de trabajo en Cuba, Magdelys decidió quedarse a vivir permanentemente en Toronto en 2014.

As she began to make her way into her new city, Elizabeth moved to Boston with her aunt. The other half of OKAN grew up in Havana's Los Sitio neighborhood, surrounded by strong-willed women, who prepared her to navigate a world dominated by men. Her family was poor; one of those who sacrifice everything for the improvement of the youngest. Elizabeth had the opportunity to develop her vocation for music, beginning as a child to train her voice in a choir. She then she came the violin classes, the Isa and the honor of working as a teacher with Guido López-Gavilán. She later came to Canada through an invitation to perform at a festival in Hamilton, Ontario. In Boston she had not done badly financially, but in exchange for her musical career; while Canada gave him the opportunity to create and play her instrument again, so she decided to stay. In 2017 Elizabeth began to collaborate with Jane Bunnett and Maqueque because already in that period Daymé Arocena had a huge career as a soloist. Melvis Santa, who also sang with Maqueque, could not go once with the group to Chicago and that was Elizabeth's opportunity, not only to sing with Maqueque but to get to know her future partner in art and in love, Magdelys intimately.

The time they shared in Maqueque was important to OKAN's future. There they realized what they wanted and what they didn't want to do musically. The band led by Bunnett exposed them to the blank of constantly playing in all kinds of scenarios, venues, and seasons. It allowed them to discover some of the secrets of the North American audience and the expectations that exist around contemporary Cuban music. On the other hand, it was to give continuity to the concept of Alami.

Magdelys and Elizabeth's collaboration with the Afro-Cuban post-rock group Battle of Santiago was also critical. With this group they explored the creative possibilities of various musical languages, including Afro-Cuban, and discovered the more indie and experimental side of the Toronto art scenes, an important commercial route for Cuban music in the 21st century. Working with Maqueque and Battle of Santiago gave them industry recognition — with a considerable number of Juno and Latin Grammy nominations — and with it came media coverage, and interest from bookers of festivals and theaters in Canada and the United States.

Para finales de 2018, Elizabeth y Magdelys estaban listas para avanzar a toda máquina con su propio proyecto musical y tuvieron la suerte de contar con el apoyo de Tracy Jenkins, una de las agentes más experimentadas en la world music de Canadá.

OKAN with Miguel de Armas and Roberto Riverón in concert at the Grad Club. Photo: Karen Dubinsky.

OKAN with Miguel de Armas and Roberto Riverón in concert at the Grad Club. Photo: Karen Dubinsky.

Identities, positioning

Con dos fonogramas nominados a los premios Juno, Shades (Lulaworld Records, 2019) y Espiral (Lulaworld Records, 2020), OKAN se ha ganado ya un lugar en el competitivo segmento de música global en Canadá. Magdelys y Elizabeth han encontrado un nicho dentro de este mercado saturado de artistas diaspóricos de primer nivel. Su sonido es más accesible que el de otras propuestas de artistas cubanos radicados en este país, que en su mayoría se han dedicado al mundo del jazz puro y duro o a satisfacer la demanda de música salsa —una de las pocas excepciones es Alex Cuba. En este sentido OKAN representa una ruptura estética y generacional con lo que había hecho la diáspora de la música cubana en Canadá hasta el momento. En su sonido coexisten géneros y estilos de otras culturas, incluyendo samba brasileña, merengue dominicano y música folclórica turca. Está producido con códigos estéticos contemporáneos que pertenecen al universo de la música popular global, o sea, al lado más pop de la world music. Esta sonoridad resuena altamente con el público canadiense, especialmente el de las ciudades como Toronto que tienen grandes concentraciones de inmigrantes.

Magdelys y Elizabeth han logrado articular y presentar a este público una combinación única de identidades, críticas en el momento actual que vive la industria musical norteamericana; un momento de reconocimiento a las barreras y la marginalización sistemática e histórica que han enfrentado algunas comunidades artísticas a las cuales ellas pertenecen. Son una pareja de mujeres, afrocubanas, inmigrantes, gays. Estas identidades están explícitamente reflejadas en la música y en las letras de canciones como Laberinto, Desnudando el alma and Águila, un tema que Elizabeth escribió originalmente para su tía y que ahora siempre dedica “a esas muchas mujeres que andan lejos de su tierra, haciendo sacrificios enormes por sus familias, creando oportunidades y un futuro mejor para sus hijos.” En Espiral, el track que da nombre al disco más reciente, el dúo nos cuenta sobre su experiencia migratoria en Canadá, usando la metáfora de San Lázaro o Babalú Ayé, quien luego de ser enterrado logró comenzar una nueva vida en territorio extranjero. Para contar esta historia, OKAN eligió un canto Arará montado sobre una guajira. El video de esta pista cierra con Magdelys y Elizabeth abrazadas, contemplando un arcoíris, símbolo por excelencia de la diversidad.

OKAN ha encontrado una sensibilidad estética poco explotada en Canadá por otros músicos cubanos, desde donde actualizar un bolero clásico o retomar estilos en peligro de extinción como el pilón con códigos sonoros contemporáneos —o “el lenguaje del siglo XXI”, como ha descrito recientemente Elizabeth en una entrevista con World Music Central. Más allá de su cubanía, lo cual es una credencial importante en el mercado de la música popular global, el dúo capitaliza su propuesta al centrarse en la riqueza y el valor cultural de lo africano —trascendiendo el uso común de las religiones de origen africano para posicionarse artísticamente, enfocándose en la africanidad como forma de ser, entender y existir en el mundo. Esto puede apreciarse en la instrumentación de sus canciones, las armonías vocales, así como en la forma de vestir y de llevar el cabello.

Veo a OKAN en una posición de liderazgo para una nueva generación de artistas diaspóricos cubanos en Canadá que ha encontrado algunos espacios abiertos desde donde reclamar su derecho económico de vivir fundamentalmente de su arte. Esta generación, con la ayuda de aliados como Tracy Jenkins, Marilyn Gilbert, Michael Owen, Derek Andrews, Mark Marczyk, entre otros, entiende mejor el sistema de subvenciones que sostiene la esfera artística en la nación canadiense. Las oportunidades que ha tenido OKAN de grabar dos discos, girar por Norteamérica y poder participar en los showcases de algunas de las conferencias más codiciadas en la región, se deben en gran parte al financiamiento de los consejos de las artes canadienses.

Magdelys y Elizabeth cuando formaban parte de Battle of Santiago. Foto: Lucile Chabot

Magdelys and Elizabeth when they were part of Battle of Santiago. Photo: Lucile Chabot.

OKAN and the Cuban diaspora in Toronto

To succeed in the music industry today, you have to have more than talent, access to technology or financial capital. The deciding factor, especially for the freelance artist, is the ability to tell a story. Not just any story, of course. A solid story, which hooks, but at the same time leaves spaces from which sub-stories can continue to be built and, of course, make people see themselves reflected. Here Magdelys and Elizabeth have excelled using a simple and efficient resource: their honesty to tell their story, which is that of many immigrants, women, gays, Afro-Cubans, in Toronto and throughout North America. A story that is musically accessible to an audience of all ages, who do not necessarily know about Afro-Cuban music, but who are curious and affinity for the story of this young feminist couple who have bared their souls even in winters of -20 degrees. OKAN has served as a cultural bridge to that audience, taking many of their fans to a place where they have never been before. In Toronto they have not only achieved it through concerts and recordings. They have also done important community and educational work, teaching many boys and girls - and others not so young - to explore and appreciate the ins and outs of Afro-Cuban percussion, the classical violin, and to identify opportunities and challenges in the sector.

The American theorist Adam Krims, in his analysis of music in urban spaces, wrote about the power of music as a socializing agent; its ability to organize at the social level, its fundamental role as a channel through which social relations are formed and reproduced. The OKAN phenomenon has an impact that goes far beyond the artistic. It is also important for a community where music has been the most representative identity element. I am referring to the Cuban diaspora in Toronto where music has functioned as a cultural axis and a unifying agent, and where other spheres converge such as religion, food, double meaning as a way of communicating, humor as a resource to face adverse situations, the dance and the entrepreneurial, business and cosmopolitan spirit of the Cuban men and women who have settled in this metropolis.

With their ability to communicate the complexity of contemporary diasporic processes through their songs, their stage projection and their image, Magdelys and Elizabeth have also become social leaders. They have fought their space in a world where women, immigrants, Afro-Cubans, gays, have it more difficult. I think that that extra effort they have had to make to create their own space has motivated them to build a larger social space, where the entire Cuban diaspora in Toronto fits.

Los conciertos de OKAN —donde nos relacionamos, hacemos networking y expresamos culturalmente— actúan como centros de empoderamiento para los inmigrantes cubanos. Además, el estilo inclusivo, colaborativo y multicultural del dúo, donde frecuentemente colaboran músicos no cubanos, ha jugado un papel importante en el desarrollo de espacios sociales donde la diáspora cubana interactúa con otras diásporas como la africana, la latinoamericana y la de Europa del Este. Ellas no se han dejado encasillar en categorías como “música cubana” o “latin jazz.” Esa libertad permite a Magdelys y Elizabeth moverse en múltiples espacios, y con ellas nos movemos sus seguidores.

OKAN with Jeremy Ledbetter and Roberto Riverón at DROM Taberna, Toronto. Photo: Ksenija Hotic.

OKAN with Jeremy Ledbetter and Roberto Riverón at DROM Taberna, Toronto. Photo: Ksenija Hotic.

Más allá de espirales, laberintos y sombras

It has long been said that the strength of the Canadian music industry lies in the cultural diversity of the country, and Toronto is the heart of that phenomenon. OKAN, three years, two albums and an EP after his birth, is representing the Cuban diaspora in that space that is gaining more and more strength and that has been consolidating itself as the “global sound of Canada”.

Recientemente, CBC Music puso a Espiral en el lugar nueve del top 20 de álbumes canadienses del 2020, compartiendo reconocimiento con artistas de la talla de William Prince, U.S. Girls, Caribou, The Weeknd y Lido Pimienta. Magdelys y Elizabeth colaboraron en el anticipado nuevo fonograma de Bomba Estéreo y en el álbum Miss Colombia (ANTI- , 2020) de Lido, donde en el popular tema Nada, las cubanas grabaron las voces para el coro que acompaña a ese himno feminista. OKAN ha trabajado además con otros músicos importantes como la pianista brasileña Bianca Gismonti. Estas colaboraciones son señal del reconocimiento que están teniendo dentro de la comunidad artística de vanguardia en América Latina. Creo que el naciente viaje de Elizabeth y Magdelys nos está indicando una dirección fascinante para el futuro de la diáspora de la música cubana.

Freddy Monasterio Party, concert and festival organizer, music curator, DJ, researcher. He lives in Toronto and dreams of Havana. He is currently researching the history of Cuban music in Canada. More posts

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  1. Laura Segura says:

    In full agreement with the author's statement. Excellent article

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