Portada del álbum Love Again, de FlorDeLoto. Arte: Sindicato Studio, cortesía de la banda
Portada del álbum Love Again, de FlorDeLoto. Arte: Sindicato Studio, cortesía de la banda

Love Again / FlorDeLoto

8 minutos / Lorena Sánchez

09.06.2021 / Reviews

Dicen que la flor de loto crece en las ciénagas, que sus raíces se alimentan del agua sucia, de esas partículas de polvo y arcilla que conforman, también, al barro. Que sus pétalos en forma de espiral se cierran y hunden en el pantano cuando cae la noche para luego emerger, con las primeras luces del día, intactos. Impolutos. En un acto de verdadera purificación. Dicen, además, que hay quienes la asocian con una energía cósmica, con el despertar de la conciencia, con la resurrección. 

Todo eso lo pueden aprender con una rápida búsqueda en Google. No obstante —mitos a un lado—, la flor de loto es, sobre todo, una flor hermosa. No hay mucho que agregar, después de eso. Quizás que este símbolo de creación echó raíces, de alguna manera, en un lugar de La Habana en el año más distópico de nuestras vidas, alejado de su hábitat natural. Y cuando digo “echó raíces” hago uso de la metáfora, claro; aunque no dudaría que en la casa de Gianluca Magrí Rico existiese un ritual de culto alrededor de un estanque de aguas oscuras a la espera de que estas plantas herbáceas se abran al mundo con la mañana. 

No me imagino otra razón para el nacimiento de Love Again. O sí: que un día de marzo del 2020 Gianluca y David Martínez  decidieron aprovechar el tiempo libre, sin shows en vivo, y comenzaron a crear música. Tenían la instrumentación necesaria para ello: cables para conectar micrófonos, guitarras, bajo, etcétera; así que en el segundo piso de aquella casa se pusieron a grabar. Primero fueron las bases, las melodías;  luego los sonidos empezaron a sugerir cosas: letras en inglés, por ejemplo. De aquel proceso subconsciente, sensorial y también colectivo nacieron canciones flotantes, que aspiran a la sabiduría. Nació un statement:

Porque antes FlorDeLoto —la banda que surgió en 2018 al calor de las presentaciones en vivo con un formato de bajo, guitarra, percusión, teclados y al que fueron incorporando violonchelo, saxo alto y tenor, algunos metales— aún no hablaba tan fuerte. A su primer EP homónimo, con temas en español, grabado en los estudios de PM Records, le sobraba —paradójicamente—estridencia; le faltaba la calma que reposa en las 10 canciones de esta nueva producción. 

Gianluca dirá, si le preguntan, que la pandemia les dio el tiempo para hacer ese viaje a las profundidades. Tiempo dedicado, energía concentrada, mentes musicales más maduras. Y puede que no le falte razón si pensamos que Love Again, el álbum, fue mezclado y masterizado dos veces. En la primera el resultado no les convenció; fueron a por la segunda. Sin presiones. En el proceso acudieron a Bosito, ingeniero de sonido que les ayudó a encontrar el camino. Solo cuando creyeron tener una obra compacta, salieron de aquel segundo piso. Sería marzo y 2021. Exactamente un año después. 

Y quizás hablar de “obra compacta” para referirnos al primer disco de una banda cubana suene a hipérbole, a explosión de confetis. Sin embargo —incluso cuando en esta placa saltan a cada rato sonidos que creemos reconocer de alguna parte, que coquetean con músicas que nos parece que ya escuchamos antes, lo cual es, además, totalmente legítimo—, lo “compacto” en este caso está dado por el hecho de que existe un hilo narrativo que atraviesa todo el fonograma, como si nos estuviera contando una historia. Y lo digo porque tengo la sensación de que cada canción anuncia a la siguiente y así, hasta completar un círculo; de que el orden establecido respondió más a esa búsqueda de la coherencia narrativa que al mero hecho de colocar temas con más o menos impacto en favor del balance sonoro. 

Me explico: el álbum abre con el single que le da título y que es, también, una declaración de amor. “I rather be alone to be with someone else / My queen / You can surely feel my spleen from the distance (…) / You are the sweet that makes my soul hungry / Come take me to the heavens please hurry”, reza la letra. Llegados a este punto, yo —que sé reconocer a quien está “muerto en la carretera” con otra persona— les puedo asegurar que este es un grito desesperado ante la pérdida. El aullido de quien no obtiene nunca lo que quiere o que siempre quiere más. Por eso la idea recurrente de amar otra vez, porque lo anterior no fue suficiente. 

(Salgo del plano filosófico en el que he caído y celebro, a la altura del minuto 3:49, la conjunción de palmadas, coros, percusiones, y la trompeta, que hace florituras preciosas a lo largo de todo el fonograma). 

Pero si ese es solo el capítulo piloto de esta historia, que arranca con una petición de amor, el segundo track del álbum es entonces la caída. Siguiendo esa lógica, en I Fall —título poco casual— desde temprano sabemos qué vamos a encontrar: alguien que se sabe incapaz de alejarse de aquello que le está haciendo daño —“I wish that I could leave you so please run away now”— pero que entiende que, por más trillada que sea la frase, las segundas oportunidades nunca fueron buenas. 

Control Me, tercer corte, es entonces el inicio de la liberación. Aun cuando desde la letra estemos todavía ante los mecanismos de una relación tóxica y dominante; esa liberación está marcada por el flow del tema que te hace, de una forma muy física, soltar ciertas amarras —vean el video que lo acompaña en YouTube, sigan los movimientos de Gianluca, sus intentos por desprenderse: de un dolor, de un sentimiento, de algo que lo retiene; vean cómo no lo logra.  

A modo de paréntesis: me gustó encontrar en esta canción la referencia a Paradise City, descubrir el guiño a Real Project con el efecto-vocoder que sobre el minuto 1:54 distorsiona la voz del líder de FlorDeLoto (si le preguntan a él, dirá que fue un consejo del propio Yoyi Lagarza; hablará de la importancia que tienen las personas que lo inspiran). 

With Far Away ya estamos lejos de la luz, como debe ser, y muy cerca de la destrucción. Al universo sensorial lo atraviesan percusiones de descendencia afro y caribeña, cantos y voces que recrean todo un ambiente de culto. Love Talk, por su parte, viene a reafirmar lo que ya sabíamos: este es un álbum experimental. A los FlorDeLoto les entusiasma jugar con los sonidos, con atmósferas, intercalar el efecto de un lápiz escribiendo sobre el papel, mientras hay una voz que nos habla sobre el miedo. Esta quinta canción funciona, en la narrativa del disco, como un punto medio, la meseta, el descanso que necesitaban los músicos para, con la segunda mitad, emerger. 

Psychedelic Love son los riffs de guitarra —una vez más recuerdo a Real Project, en su antigua formación, acá—, es la voz de Camila Guevara Milanés, una de las invitadas, que nos convoca a reconocernos en el otro. Gimme, séptimo corte, tiene la estela del reggae, el hip hop y presenta a Antonio Milanés, a.k.a. A-Seven; mientras que Satisfaction nos advierte que, efectivamente, el foco cambió: “And now you try to control me / But I’m nothing you can control

Shadows habla del aprendizaje, del crecimiento espiritual que nos trae el viaje que alguna vez aceptamos emprender con la otra persona. Son las nuevas oportunidades, los días por venir. Pero no es hasta el décimo tema, These Days, que el círculo se completa, las luces del alba salen otra vez, y vemos el arcoíris. Es en ese momento cuando podría germinar, desde la oscuridad del pantano, la flor de loto. 

Dicho lo anterior, Love Again, como propuesta discográfica, es una carta de presentación para una banda joven que busca canalizar todas las influencias que la orbitan y que contribuyen a su apuesta por la experimentación de sonidos y sensibilidades. Una experimentación sin dudas necesaria para la salud de la música cubana actual. Escuchen. Can you feel the flow? 

Lorena Sánchez

Periodista antes. Editora ahora. Como a Tom Waits, le gustan las hermosas melodías que cuentan cosas terribles.

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