Fragmento de portada del álbum La república repartera.
Fragmento de portada del álbum La república repartera.

La república repartera / Chocolate MC

5 minutes / Jesus Jank Curbelo

14.04.2021 / Reviews

Igual no le hace falta sacar discos porque total, hace un mes sacó este y ahora la está partiendo con un tema fuera del tracklist: Hasta la cajita, que en tres semanas lleva 175K en YouTube, que una pila de gente siguió en Instagram porque el video venía con challenge y que otra pila de gente ya usa de muletilla por la calle.

Pero siempre hace falta sacar discos. Así que el 17 de febrero, en su cumpleaños número 30, Chocolate MC lanzó La república repartera (Buya music Productions, 2021), que, según dijo, haría que el reparto ocupara un lugar en la industria del entretenimiento y en “la historia del género urbano mundial” (por lo que entiendo desde la portada, donde posa coronado frente a un reino medieval incendiándose, el verdadero plan es ocupar él ese sitio en la historia, y en el proceso colar a unos cuantos, siempre de súbditos, siempre en la cola).

La república… abre con una idea de Tremendo prende, un tema de 2011: “Hace un tiempo atrás yo era un fanático como ustedes, pero ustedes me convirtieron en lo que hoy soy”. Y luego Chocolate hace una crónica sobre “cómo su madre le dio talento pa’ ser el primero”, sobre que es heredero del legado de Elvis Manuel, y sobre que, en esencia, es el rey, el único presidente, el mejor, el más duro, el más completo y el más capaz del morfa, esa versión cubana del reguetón.

Chocolate tiene discos para llenar varias estanterías porque le son tan fáciles como reunir unos cuantos temas, y para él hacer temas es tan fácil como pararse frente a un micrófono y descargarle al efecto del taco.

Lo que pasa es que debe haber un punto, para un artista como Chocolate, la cabeza de un género underground que está tratando de llegar a otras ligas, en que hay que tomarse la música en serio y concebir y soltar al mundo un disco con madurez.

In La república…, el Intro cierra jurando por Elvis que ustedes (a saber quiénes, presumiblemente Yomil y El Chulo) no pegan más una canción. Y luego:

El tema 2: lo mismo, yo inventé el género y tú me tienes envidia.

Tema 3: ando con tremendo prende y yo fui el que te enseñé y tú no te acuerdas (feat. Manu Manu).

Tema 4: yo no me parezco a ti, pero hay una pila que se parecen a mí (feat. Físiko).

En fin, llega un momento en que uno se aburre de tanto ego y tanto fuego hacia ninguna parte. Hasta el mismo Chocolate se aburre y suelta un tema de amor en el quinto, que remata con la pauta de que ustedes saben que yo los parto. Y por si no había quedado claro, en el tema 6, con Anubix y El Micha, te explica que él es bueno, bueno, bueno y no hay quien lo pare.

Lo peor de esto ni siquiera es que lo repita tanto, lo peor de esto es que no lo demuestra. Se pasa más de la mitad de los temas sin variaciones en las melodías, lo cual es penoso, porque lleva años siendo el melódico más creativo del género.

En un disco de reparto y más reparto, con pocas variaciones en las estructuras y hasta en los plugins, aburre que el protagonista pase demasiado tiempo sin arriesgarse.

En un disco lleno de segundas partes de temas que funcionaron sin él (Hechizo de Wildey, Coño negra de Kímiko y Yordy, Lío es lío de El Úniko), o con él, pero hace un camión de tiempo (Sex con Chacal y Yakarta, Titanic con Harryson), un rey- presidente no puede permitirse brillar menos que sus invitados (sus súbditos, en el reino de su disco).

Uno tiene, en el caso de estos remixes, la sensación de que no hacían falta.

Chocolate, sin embargo, sigue siendo un buen rapero. Tiene un flow envidiable del que podría alardear y que solo utiliza en Pelagathus, el trap que cierra el álbum, tiraera contra Yomil y El Chulo: 

“Te cambié la táctica / esto pa’ mí es una simple práctica / en esto yo soy tu abuelo / en el cuello tengo hielo / de la Antártica”.

Siete minutos de rapeo continuo donde, además de disparar y pavonearse, de jugar con las rimas y las métricas, de payasear sobre el instrumental como el gran MC que es, tiene versos para recordar Los Sitios, el hambre, el dolor que provoca la falta de dólares: temas más interesantes y sustanciales, con un flow y un ingenio y una sinceridad más interesantes y sustanciales que las 20 canciones anteriores.

“En un calabozo sin luz, con un pedazo / de pan viejo que tenía puesto arriba de un vaso / con un mocho de lápiz componiendo en una Biblia / construyendo el futuro de mi familia”.

Si Chocolate hiciera un disco entero con la misma bomba de Pelagathus, probablemente lo nominaran al Grammy que sueña dedicarle a Elvis Manuel.

Jesus Jank Curbelo

Reportero de Periodismo de Barrio. Columnista en El Toque e Hypermedia Magazine. Ha publicado Los Perros (novela, 2017).

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