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Opinion portada texto top cubano Ilustración: Potto / Magazine AMPM.

Entre bicitaxis y streaming: el desafío de medir la música cubana

Durante años he soñado con amanecer y encontrar en el buzón de mi correo electrónico una lista de actualización semanal que me permita saber cuál es la canción más pegada en Cuba. Al estilo de Billboard, pero criollo; una tabla que nos diga qué está sonando en las calles de la Isla. Confieso que esa visión me seduce: no para enaltecer y reforzar el impacto de la música comercialmente exitosa, sino para mirarnos en un espejo colectivo y entender qué canta la gente y por qué. Cuando despierto, sin embargo, sé que estamos a años luz de lograr ese conteo “ideal”, entre otras razones por la desconexión tecnológica y la precariedad de datos que caracterizan buena parte de nuestra realidad.

Sin embargo, aunque no podemos afirmar rotundamente cuál es la música que más se escucha en Cuba, lo que sí podríamos hacer es encontrar cuáles son las canciones cubanas más populares en plataformas digitales. Con esto en mente, llevo semanas trabajando en una lista que va más allá del conteo habitual de reproducciones, y que intenta identificar con qué canciones de artistas del patio está resonando el mundo. Una primera mirada, ceñida estrictamente a los datos de streaming, nos muestra que en el top siguen las mismas canciones eternas que acaparan los algoritmos globales: Bailando, Life is a party, A bunch of stars, y otras piezas que siguen siendo el pan de cada día en fiestas y reuniones familiares (aunque hay hits completamente ignorados por el público cubano, como es el caso de Me hace daño verte, de Fresto Music, y Currency (Count on Me), la reciente colaboración de Cimafunk con ANOTR y PAMÉ). Pero con las variables adecuadas, la tabla que voy conformando nos deja ver una foto en la que también se asoman aquellos temas que, aunque no arrasen en los grandes conteos internacionales, suenan en los bicitaxis, los reels de Instagram y las discos de dentro y fuera de Cuba.

Ahí es donde esta lista se pone interesante. Con unas ponderaciones que toman en cuenta tanto el consumo offline como la presencia en plataformas globales, la resonancia en redes sociales cubanas y la fuerza de la diáspora, se cuelan sorpresas que rompen el “monopolio” de los hits de siempre, y que reflejan de manera más fiel la diversidad de la música cubana. Como es sabido, gran parte de esta riqueza musical emana de un consumo que no se mide fácilmente: el USB que pasa de mano en mano, la fiesta en la que se reproduce en bucle un tema de un chamaquito del barrio, o la bocina que retumba en el malecón. Es un terreno difuso, casi un agujero negro de datos, pero real. Hay que considerar también la fuerza de la diáspora, ese público que escucha desde Miami, Madrid o Ciudad de México y que, muchas veces, ofrece el primer empujón para que un tema sume reproducciones en plataformas globales. Allí la música cubana se reafirma como un fenómeno transnacional: sortear brechas tecnológicas, económicas y legales puede ser difícil pero, cuando se logra, el mismo artista acaba sonando lo mismo en un barrio habanero que en una terraza a miles de kilómetros.

Sin embargo, al contrastar la popularidad local y la que se ve reflejada en los mapas de streaming internacionales, la disparidad se hace palpable. Hay temas con millones de reproducciones que casi nadie tararea en la Isla, y otros que son himnos de la calle y apenas asoman en los conteos globales. Además, ver cómo algunos clásicos como Chan Chan or Mi media mitad siguen vigentes, demuestra el peso de la historia y la memoria colectiva, incluso cuando conviven con propuestas mucho más recientes. Este cruce de variables me hace pensar que el verdadero ranking cubano nace de un tejido híbrido: un toque de data digital, otro tanto de redes informales y una pizca de intuición a ras de suelo.

¿Por qué, entonces, me meto en todo esto, si es tan complicado y a veces parece un rompecabezas sin piezas suficientes? Porque creo que hace falta una herramienta que, aunque sea parcial e imperfecta, sirva como punto de partida para fanáticos, artistas, mánagers y curiosos. Un mapa para el debate y la reflexión: esa foto de familia que, aunque borrosa en algunos bordes, invita a pensar y a comentar, a decir “¿cómo es posible que esta canción no aparezca?”, o “¿cómo ha logrado escalar tan arriba esta otra?”.

Cuando salga esta lista, sé que será motivo de controversia y cuestionamientos, y me alegra. Desde el día uno, las listas de éxito sobre música cubana han sido una vieja obsesión de esta revista. Te invito a imaginar tu propia banda sonora de la Isla: ¿qué canciones incluirías, cuáles te remueven la memoria, cuáles te sorprenden y cuáles no soportas más? Con cada pista que (re)descubras, quizás podamos tender puentes y abrir debates, creando un futuro donde un ranking nacional sea parte de nuestra identidad y, a la vez, reflejo de una música capaz de saltar todo tipo de fronteras. El objetivo no es entronizar a los hits de siempre ni dictar qué es mejor o peor, sino invitarnos a hablar de quiénes somos y cómo sonamos en Cuba y en el mundo. Y, con suerte, esta conversación nos guiará hacia un futuro donde disponer de un conteo oficial o un termómetro musical cubano sea, finalmente, algo más que un sueño. Nos vemos en el hit parade.

Avatar photo Rafa G. Escalona Father of a music magazine. Professional procrastinator. His goal is to be a DJ for a station at dawn. Prince of random. More posts

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