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Articles Illustration: Roman Alsina Illustration: Roman Alsina

Ela O’Farrill, Omara Portuondo and Teresita Fernández, in their 90s

Among the many occurrences that the year 1930 had when it flapped its wings over this “pretty land” of Portillo de la Luz, there is — claiming special prominence — the arrival in the world of Ela O’Farrill, Omara Portuondo and Teresita Fernández.  

Ela was born in Santa Clara on February 28. Seven months later, and almost at the end of the cyclone season, on October 29, the girl Omara was born in the Havana neighborhood of Key West. They believed they were queens and one was missing: on December 20, also in the city of Santa Clara, Teresita completed the order.

Con la llegada de estas tres voces singulares a la canción cubana, se produce un unísono de asombrosa perfección. Ela, Omara y Teresita pueden resultar paradigmáticas para quienes decidan nadar respetuosamente en aguas de nuestro cancionero, ya sea jugueteando en la orilla o allá donde las cosas palpables colindan con  los sueños. Libérrimas, un don las iguala entre sí y, al mismo tiempo, las diferencia: ese gusto por hacer que todo en esta vida sea cantable, no importa si a voz en cuello o a partir de un susurro.

Ela O’Farrill cultiva el arte empeñoso de construir una canción, desmontando constantemente la lucha de opuestos “conciencia y corazón” que el sabio Guzmán había echado a rodar de manera tan linda que casi lo aceptábamos como decreto-ley. A partir de un lenguaje sencillo, lo inédito aflora en sus letras  y se hace irrepetible: al final de la noche/sin sueño/ dibujo figuras de humo que se van como tú/ pronuncio palabras que nunca, por timidez, te dije/ y me arrepiento de haber sido así contigo. Nadie, como ella, convierte la asimetría de las frases en un recurso a favor del juego entre letra y  música: si entre la gente que pasa por mi lado pasas tú/ me sería imposible ocultar lo que siento/ y todos sabrían que yo te quiero a ti...

Ela's songs pose a serious challenge to the common interpreter because the logic of the very clear argument leads to strictly conclusive, not at all cumbersome, much less destined to applause ends. In them, the intention of the song should be conducted enjoying all the time that serpentine that the melody, the lyrics and the logic of the chords seem to launch from the first phrase, and that the creative fervor and the firm hand of the author, step by step , propose and dispose. 

Omara is a way of being and being that is installed in any piece that can be sung, whatever its rhythm or style. No matter the melodic jumps to the highest or deepest. It does not matter where or how the author's traps may have been interwoven to make the idea more incisive or soften it: in complicity with him and without fuss, as if by magic, she makes the chosen path passable, however intricate it may be. 

Illustration: Roman Alsina

Illustration: Roman Alsina

Como si se empeñara en confabular la pericia de un esgrimista con el patinaje sobre hielo —y siempre a capricho— maneja  los registros de su voz. Su inteligencia vocal aguda la enrola, al igual que a María Teresa, Fellove y  Billie Holiday, en el bando de esos cantantes ingobernables del siglo XX que, con el mayor desenfado, se apoderan de pasajes enteros para recrearlos desde un enfoque diferente en cada nueva interpretación de una misma pieza, convirtiendo giros que habíamos dado como definitivos en simples puntos de partida ante los cuales, una y otra vez, no nos queda otro remedio que rendirnos. 

Somewhere in my soul, Teresita's voice was recorded exactly as I first heard it in the little stage of Fine Arts. It almost ended the first half of the '60s. Bola de Nieve had presented her to me one of those nights when, if I was near the Monseñor, I could not bear the urge to go kiss him and stand, lying in the dark of the bar, listen to him a couple of songs. He almost ordered me, "You have to listen to this girl." 

Alone with her guitar, dressed in black, scandalously natural, in the course of an hour she splintered and blew many of the molds hitherto known among the spectators. Three or four chords —almost always the same—, a couple of rhythmic designs —almost always the same— and that voice breaking the soul with such astonishing serenity. 

Una sola frase: “me has dicho que me quieres y estoy llorando”, y ya fuimos todo oídos. Inocentes canciones adultas nos enlazaron; lecciones sencillas del corazón dictadas por una maestra, de pronto nos convocaron como si  fuéramos niños crecidos, para que formáramos una ronda salvadora donde no vacilamos en apretarnos hasta caber absolutamente todos. 

Muñeca de trapo soy, muñeca de trapo (…) juega, juega conmigo, que soy de trapo/ y si lloro son lágrimas de aserrín. Aplaudimos a rabiar. Eso no se le había ocurrido a nadie antes y nadie podrá volver a inventarlo; eso —sin lugar a dudas— parecía anunciar, con fuerza de fanfarria, el advenimiento inminente de un cancionero libre de sandeces donde la mezcla insólita de papel con cascabel daría paso a un micromundo hecho a mano, a un verdadero factor de crecimiento o sistema de primeros auxilios que, bajo la luz de un cocuyo y en el uso constante de nuestras facultades para crearnos un Vinagrito propio cada vez, suavizó la dureza de los días y las noches para quienes nos empeñábamos en sobrevivir con la pisada firme sobre tierra propia, en los escabrosos `60 y `70 del siglo que hace ya 20 años se fue a bolina. 

Cuántas ganas de pedir a voz en cuello que se cante más a las dos compositoras santaclareñas; cómo lograr que en los espacios radiales y en los sistemas de estudio se rastreen, organicen y pongan a sonar sus canciones. Cuántos deseos sinceros de que, a partir de la dinámica Omara “Brown” del grupo Loquibambia y pasando por la Diva del Buenavista, se afine la mirada hacia todas las Omaras dignas de estudio, gratitud y aplauso que, en el transcurso de estos espléndidos 90 años, la vida nos ha ido regalando.

Marta Valdés More posts

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