Magazine AM:PM
Publicidad
Articles Regueton cuba Ilustración: Jennifer Ancízar / Magazine AM:PM.

The devil raises them and the people gather them

Una muy estimada periodista, conmovida por la prematura muerte de Daniel Muñoz Borrego (integrante del dúo Yomil y El Dany), expresaba en un apasionado post en Facebook que no haberlos escuchado nunca nos convertía en ignorantes. En su efusivo texto afirmaba: “Decir que no nos gusta el género o el subgénero en el cual se inscriben denota incluso mayor ignorancia”. Ese era mi caso. O casi.

I was dumbfounded. Not because I felt offended or something similar, but because she and other young people whose views on various topics I have shared many times, were showing me, with their defense of the popular duo, that a phenomenon so badly looked at from the vantage points of national culture could to shake, if necessary, both the culture and the nation. She asserted that: “Not knowing Yomil and El Dany is not knowing how their millions of followers, mostly young, work; how they communicate and relate ”.

Siempre he pensado que el reguetón es un grito desesperado de la juventud, una válvula de escape, un cóctel de rabia, enajenación, alegría y esperanzas, todo junto. Es una de las formas en que la sociedad cubana actual comunica sus experiencias cotidianas. No me refiero, por supuesto, al cubatón, una variante, quizás más noble, o más light, que fusiona reguetón con otros ritmos tradicionales del país, y cuyo máximo exponente es Gente de Zona; grupo que no solo prestigia la música cubana a nivel nacional e internacional, sino que ha puesto bien alto el listón con sus producciones de incuestionable calidad.

En otro momento del post la periodista alegaba: “Quien no sepa de dónde provienen las expresiones ʽjala jala’, ʽcogiendo el último y pa’trá’, ʽasere, cómo te descargo’, ʽrica perry’, (…) ʽnormalmente, niña’, no puede entender una parte fundamental de Cuba porque no conoce su lenguaje y sus símbolos”.

Es probable que los reguetoneros sean autores de algunas frases que popularizan en sus canciones, pero, no quieran meterme el chupa chupa en la boca: también es casi seguro que sus textos se nutren del contenido oral que circula por todos los barrios habaneros, periféricos o no.

Días antes del lamentable deceso, las redes sociales se habían caldeado con el premio al Mejor Compositor del Año, entregado por la Sociedad Estadounidense de Compositores, Autores y Editores (Ascap) al boricua Bad Bunny. Ese fue el pretexto que me incitó a ver quién era este personaje que provocaba ácidas expresiones y descalificadoras protestas de sus detractores, que no son puros haters.

A partir del controvertido premio otorgado a Bad Bunny, y en mis intentos de alfabetización reguetonera, seguí la pista a René (Residente) de quien soy fan, y he descubierto y gozado con Bellacoso; he aplaudido la denuncia contenida en Afilando los cuchillos. Llegué hasta Yo perreo sola, que reavivó en mí intensos deseos de perrear, movimiento pélvico interesante que ya practicaba como calistenia diaria en la ducha. Otras composiciones del Conejo Malo aplaudidas por sus fans me resultaron indiferentes. Entiendo y me solidarizo con el insulto que mucha gente expresa al hablar de él como compositor. Pero eso no me saca los pines.

For me reggaeton is neither good nor bad, quite the opposite. I mean, it depends. Sometimes the phrase “reggaeton-free territory” makes me feel relieved. It is a motto used among the culinary elite, as a password that you can be in the place with confidence, the vulgarity will not break there. The repudiation of reggaeton is not an exclusive phenomenon - perhaps for the majority - of the Cuban intelligentsia. I have heard various personalities in Spain, for example, condemn and speak ironically about this genre. For me there are only two things worse than reggaeton: Mexican corridos and country music. I know, they might lynch me for saying that, but judging by the speed and variability that the COVID-19 pandemic has put into much more important and global events, they will soon forget.

Sin embargo, me fascina oír a Rocío Dúrcal cantando cualquier ranchera. Tampoco me disgusta escuchar un ratico una controversia guajira bien montada. Del mismo modo recuerdo que me gustaba la magnífica voz de Elvis Manuel, a quien  mi hijo escuchaba cuando era niño, y canciones de gente que no identifico porque en su mayoría las oigo en la calle, en la guagua, en un centro recreativo u otro lugar público. Que yo en mi casa no escucho reguetón está escrito en la Biblia. Y que el reguetón está en todas partes, también.

A follankele, no es obligado, es si tú quiere

No estoy muy segura de que si entendemos el reguetón, si lo aceptamos y pactamos con él, podamos comprender ciertos fenómenos que acontecen hoy en la cultura y la sociedad cubanas. Opino que es al revés, que el reguetón no está reflejando sino clonando la realidad y/o los sueños y elucubraciones mentales de una buena parte de la juventud.

Digamos que tengo mi versión personal de por qué los jóvenes y otros grupos sociales se identifican con el reguetón, pero puedo estar errada. Y si de escuchar y ver videos de reguetón depende alcanzar esa verdad nirvánica escondida en esa forma musical persistente, si allí reposa la esencia de lo que es ser cubano o cubana hoy en día, temo quedarme desnacionalizada, porque no concibo la vida como sacrificio. Y para mí es un martirio escucharlo (al menos cierto tipo de reguetón) fuera del sagrado templo que son las discotecas. Para una bailadora como yo, ese género no es frontera, sino desafío, provocación y reto; la pista es el único espacio de placer y entendimiento entre su versión más heavy y yo.

The official journalism has been characterized by opening intense fire to reggaeton, which has turned a deaf ear and continues its mechanics against the grain as if there were no tomorrow. In my opinion, there are good, regular and bad compositions, as in any other musical genre. However, although at first glance it seems that the reggaeton made in Cuba has had to settle for a reductionist vision of what in terms of prestige this music can mean within the island culture, we must applaud what these guys have achieved so far. . In 2017, the Billboard Latin Music Awards included among its nominees the duos Yomil and el Dany, and Gente de Zona, along with other Cubans who develop their careers abroad such as Osmani García and Pitbull.

Another of the pretexts to approach reggaeton, gagging my prejudices, was the death of El Dany, not so much because of the pain of the loss of someone whom I almost did not know until that moment, as because of the deep emotion that watching on YouTube produced lots of saddened youth, singing, waking; paying spontaneous homage to those who managed to sow admiration and joy in their hearts. Not to mention that he was the same age as my son and that they both grew up in the same neighborhood, so to speak.

Pero, para ser sincera, mientras más miraba los videos del tándem cubano, menos me gustaban y más me entristecía. Para decirlo rápido y con dolor, me parece le falta producción a nivel de imagen, originalidad, creatividad, aura, fantasía, impacto y hasta morbo. Está claro que su juventud ayuda a que enganchen al público, y no carecen de la gracia natural y el talento necesario para clasificar en el estándar del género; no obstante, en mi opinión, ellos solo estaban empezando a coger la cola. Pero, sin dudas, habían marcado en la cola correcta.

Métele sazón, batería y reguetón, que lo demás lo pone Calderón

Why is reggaeton triumphing among young people? In the first place, because it is assumed as an identity phenomenon. It comes from abroad, but at the same time it is the result of Caribbean mixes to which it is also possible to juxtapose Cuban music itself.

Según el sociólogo, etnomusicólogo, periodista y DJ mexicano, Bruno Bartra, la base del reguetón es una variante del tresillo, figura elemental del ritmo conocido como habanera; presente, a su vez, en la contradanza. O sea, que, el género ha sido amamantado por el mismo seno que la contradanza, el danzón, el chachachá, el mambo y la salsa.

Reggaeton has been said to involve New York hip hop and rap in its genesis. Therefore, its origin, in addition to being multicausal, is marginal, although its consumption exceeds those limits. With a main entrance in Puerto Rico with Don Omar, Tego Calderón and Calle 13, the prominence of reggaeton in its different modulations is so great that it drags artists from other genres such as Justin Bieber himself, Madonna, Beyoncé, Jennifer López, Shakira, Enrique Iglesias, Juanes or Paulina Rubio. If in Puerto Rico a middle class allied to the government initially tried to de-characterize the pioneers of the genre, associating them with marginalization, their attitude has changed as a result of their impact on the record industry. Today it is the most important Puerto Rican musical export product.

The cultists of the genre feed on behavior patterns that they observe in reality, and that lead to the plane of creation without much tropological transfer. Because there is so little distance between everyday life and the music they make, you don't have to strain to get in tune with it. At the same time, many letters, in the case of Cuba, express the natural inventiveness of a lifetime.

Reggaeton thus becomes a cry that, seeming sadistic, is, at best, masochistic. Often hides pain, frustration, hopelessness, anger. It makes up an unfortunate state of mind; it is a drug that mistakes hysteria for euphoria. The winner is the one who has money, and money is power, and it is the escape route from reality. In that illusion of productive banality all the sadness of life is submerged. That is why its rhythms and lyrics seem to produce a kind of narcotic effervescence.

Otro aspecto que hace del reguetón un estigma es que es una música de simiente negra, en el sentido en que se produce y consume en principio, desde un universo que recuerda con claridad el hip hop nation cosechado en el vientre de una afroamericanidad indiscutible. Una mentalidad clase media en Cuba, y otros estratos similares han hecho hincapié en tal condición para relegar al escaño de seudocultura el gusto por esa música.

The rejection that is expressed in a more or less official way towards reggaeton, viewed from the nausea of those who feed or feed on the so-called high culture, turns it, without self-awareness of it, into a weapon of permanent offense, attack, dissent, subversion and cultural resistance. How many dissatisfactions, frustrated dreams, fears and gags are hidden in his (un) angry language, which by dint of seeming simple is extremely cryptic.

El reguetón en Cuba ha sobrevivido al rap, su hermano de sangre, y goza de mejor salud, quizás porque se intenta refuncionalizarlo como una herramienta de despolitización. El rap se alimenta de la crítica social, el reguetón va a la my love, a la gozadera y al descontrol hormonal, a lo más básico del instinto humano. El fenómeno de la digitalización global de la música también ayuda a que el gusto por el género se recicle y se fortalezca, en medio de un mundo cada vez más caótico y brutal. Todos los pronósticos indican que habrá reguetón para rato.

La última presentación de Yomil y El Dany fuera de Cuba fue, por casualidad, en Toronto, ciudad en la que me sorprendió la pandemia. Además de ser una metrópolis multicultural, durante el verano (me cuentan) hay aquí infinidad de festivales de música que toman literalmente las calles; este año suspendidos todos, por causas obvias.

Entonces, me tocó joderme en esta aburrida urbe con alma de cartón. Después de que recorriste sus parques y bosques, la parte del lago Ontario que toca; después de que le echaste maní a las ardillas, te hiciste una selfie con un mapache y huiste de una mofeta; después de que tuviste sexo y locura azul y todo lo permisible bajo el arco bíblico de la pandemia, lo que te queda es aburrirte, lo que sobrevive es la sordera por ausencia de música. Puedes soltar la suela de los zapatos recorriendo el downtown, entrar en sus malls, cafeterías, bares, kioscos, o atravesar sus plazas y sus infinitos puentes, y no escucharás más que el mutismo de una ciudad que respira ruidos, pero no canciones. Toronto es un salvaje niquelado que escupe rascacielos. Mi nostalgia por La Habana sería menos intensa, si Toronto no fuera territorio libre de reguetón.

Berta Carricarte Melgarez Maratonista, antimachista, industrialista y fan de Michael Jackson. Aspirante a tiktokera. More posts

Leave a comment

View published comments
  1. Anay says:

    Muy sincero este artículo. Normalmente no leo nada sobre el reguetón, hay demasiada apología en torno a un género que para mi jamás ha valido la pena y que hallo corto de todo, hasta de esa malicia y sensualidad que todo el mundo le asocia. Me ha parecido muy interesante tu perspectiva.

View published comments

We also suggest