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Escena Musical Silvio Rodríguez en Avellaneda. Foto: Kaloian Santos. Silvio Rodríguez en Avellaneda. Foto: Kaloian Santos.

When the Caribbean sounds. Cuban rhythms in Buenos Aires

En Buenos Aires se dice que los argentinos bajamos de los barcos. Una creencia arraigada que no sólo abraza una ascendencia europea exclusiva, sino que pretende invisibilizar las vertientes indígena y afro. Estas dos poblaciones en Argentina fueron lentamente diezmadas y reducidas por distintos factores (genocidio, guerras, enfermedades), especialmente durante el siglo XIX.

Pero si volvemos a la frase, una manera de desmentirla es considerar que lo afro también bajó de los barcos. Si el Río de la Plata divide dos orillas culturalmente identificadas como la uruguaya y la argentina, hay otra orilla algo más lejana cuyo pasado colonial y esclavista la acerca, como una extensión de los puentes submarinos de Brathwaite y Glissant. Los ritmos cubanos y rioplatenses, sin lugar a dudas, tienen en común el componente afro, que luego se hibridaron con lo criollo y lo europeo (y en algunos casos del folclor argentino, con lo indígena). Sin ir más lejos, el patrón rítmico del candombe es exactamente igual a la clave del son cubano.

Esos lazos se multiplicaron en el siglo XX con la expansión de las industrias culturales ―especialmente con el tango y el bolero― y el desarrollo de procesos sociales en el continente que constituyeron distintos hitos. Desde la gira de Carlos Gardel a La Habana que quedó trunca en el aeropuerto de Medellín, hasta el único recital del Trío Matamoros en Buenos Aires con su tango El huerfanito. Desde el Che Guevara canturreando El mensú de Ramón Ayala en la Sierra Maestra, hasta los años de residencia del pianista Bola de Nieve en Argentina. Desde el éxito en Cuba de Vete de mí, de los hermanos Expósito, hasta la visita de Mercedes Sosa a la Casa de las Américas.

Más cerca en el tiempo, un punto de inflexión para la música cubana en Argentina fueron los 14 recitales de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés que colmaron el estadio Obras en 1984, meses después del final de la dictadura cívico militar más sangrienta que haya vivido el país suramericano (ya durante la década del 70 habían circulado sus casetes de manera pirata). Por otro lado, mientras la salsa se constituía en un fenómeno global, en el rock nacional argentino emergieron bandas que sumaron ritmos caribeños, como Los Fabulosos Cadillacs (y el recordado Vasos vacíos con Celia Cruz)o, más tarde, Mimi Maura.

Pablo Milanés in Buenos Aires. Photo: Kaloian Santos.

Pablo Milanés in Buenos Aires. Photo: Kaloian Santos.

A mediados de la década del 90, un grupo de músicos cubanos se asentó en Argentina y comenzó a darle forma desde distintas tradiciones a la escena que albergaría los ritmos de su país. Escena que, comenzado el siglo XXI, tuvo el espaldarazo del éxito global del documental Buena Vista Social Club. De hecho, el hijo de uno de sus protagonistas fue artífice de uno de los primeros eslabones del circuito cubano en Buenos Aires. Ibrahim Ferrer Jr. vive en Argentina desde 2001 y, entre otras personas, estuvo a cargo del restaurante Ron y Son, en el céntrico barrio de Monserrat, que dio espacio a numerosos músicos cubanos y argentinos. Años después, el espacio cambió de dueños y pasó a llamarse Cuba Mía, donde, sin el esplendor de entonces, todavía convoca a conjuntos de son y salsa. Ferrer Jr. tuvo otros emprendimientos que combinaron gastronomía y música en vivo, para luego dedicarse de lleno a su banda, con la que presenta sones, boleros y guajiras atravesados por el latin jazz.

A la par, en esos primeros años de Ron y Son, trabajó uno de los fundadores de la nueva trova cubana, Rafael de la Torre. Este músico y musicólogo camagüeyano tiene una vasta trayectoria en Argentina, donde conformó numerosos conjuntos e investigó sobre los lazos que unen a los géneros musicales de ambos países y a los del Caribe en general, desde el bolero hasta el ska. En 1998 formó el Quinteto Habana, que más tarde se renombró Clave Cubana, y como tal perdura hasta la actualidad con gran recepción en el circuito salsero. Integrado por músicos cubanos y argentinos, propone un repertorio de boleros, sones y timbas. De la Torre es un estudioso de la música latinoamericana con una variopinta e intensa carrera por la que fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en 2019.

Entre esa camada fundacional, también se destaca el músico y sociólogo Nelson Falcón Martínez. De tradición rumbera, desarrolló distintos proyectos como la agrupación Iyamba ―que intercalaba ritmos afrocubanos con cantos y ritos religiosos a los orishas―, Nasako, Baya-Kan y el ciclo Los Sábados de la Rumba. Más adelante se destacó como sesionista de músicxs y bandas del folclor argentino, tales como el Chango y Micaela Farías Gómez, y Los Arcanos del Desierto. Por su parte, el pianista Luis Lugo, de formación clásica con incursiones en el jazz y la música popular, fue otro de los músicos cubanos arribados en los 90. Bautizado como “el piano de Cuba” por la Secretaría de Cultura argentina, participó en el espectáculo Snowball, de la cantante Cecilia Rosetto, y ofreció conciertos en el teatro Colón. Junto a Dagoberto Hernández, percusionista, cantor, compositor y productor nacido en Cienfuegos ―también artífice de esa escena inicial―, ha compartido numerosos proyectos y shows.

La Verdad del Son. Photo: Taken from the social networks of the band.

La Verdad del Son. Photo: Taken from the social networks of the band.

The salsa move

Currently, the Cuban music circuit in Buenos Aires is multiple and diverse. In a city that is cosmopolitan and culturally eclectic in itself, spaces range from dance clubs to cultural centers, to theaters and live music venues. The salsa movement is the most popular, every day of the week a Cuban party is guaranteed in the dance club circuit, although not always with live bands.

El Toque Cimarrón, located in San Telmo, is one of the most important places for live music of Cuban origin. It is preferably a dance space in the style of the Cuban clubs of the 50s, but the type of shows proposed give special relevance to the bands that play rhythms from the Island and the Caribbean. For its part, the danceable dance club Azúcar, in El Abasto, is more devoted to salsa and bachata. On its track, which dominates the space and mimics that of Caribbean locals in the United States, whether with recorded music or live bands, they rub shoulders from the most novice to the most professional dancer. Other dance clubs that stand out are Azúcar Belgrano and Mil959. But there is also a consolidated commercial circuit for live shows, such as Notorius and Bebop Club (more related to jazz and blues), Café Vinilo and Hasta Trilce, to which the public especially goes to listen.

La emergencia de esta movida también se explica a partir del pulso social en Argentina. El boom de la música cubana a inicios del 2000 coincidió con una de las peores crisis económicas y sociales de su historia. A esa situación se sumó, en diciembre de 2004, el incendio del boliche Cromañón durante un recital en el que murieron 194 personas. Desde entonces, el Estado aplicó más restricciones a los locales, en detrimento de muchos espacios para shows en vivo.

That was the context for the establishment of a new generation of Cuban musicians. The celebration of the Bicentennial of the May Revolution, in 2010, brought the Septeto Matamoros to Buenos Aires and, with it, the tresero and musical director Yoelis Matos Torres. There also percussionist Wilbert García Díaz, who had been in the country for a year, and with whom he shared different projects, ended up as a guest musician until he came together in La Verdad del Son. "There is a movement and a very open environment to work with salsa, with dance music, not so much with Cuban music as such," says Matos Torres. The artist emphasizes that his academic training in the Cuban sextet allowed him to set up ensembles that do not need as many musicians, instruments or sound to make dance music.

For his part, García Díaz - who also forms part of the Ferrer Jr. ensemble - emphasizes a certain inbreeding: "Cuban musicians are like a clan where we are almost always the same." La Verdad del Son was the result of a first project called Cuban Good: "It was a canyon, quite a few people followed us, we had our own themes and we made new arrangements for traditional themes," says García Díaz. When they separated, the project took another form with some of its old members and, according to the percussionist, it is currently the only band in Argentina made up entirely of Cuban musicians.

Changüí Guararey with Rafael de la Torre. Photo: Taken from the social networks of the band.

Changüí Guararey with Rafael de la Torre. Photo: Taken from the social networks of the band.

Caribe rioplatense

El mencionado boom del Buena Vista Social Club fue también un detonante para la aparición de bandas argentinas de música cubana. Una de las más antiguas es Los Sábalos, septeto de son formado en 2001, con base rítmica de bongó, clave y maracas; conjunto de cuerdas con guitarra, contrabajo y cuatro, y trompeta. Gustavo Kriger Anselmi (voz prima y cuatro criollo) cuenta que inicialmente eran una banda de folclor latinoamericano, pero debido a la crisis económica y la imposibilidad de alquilar salas de ensayo, se adaptaron al formato acústico del son. En 2004 fueron apadrinados por el Septeto Matamoros, que se encontraba de gira, y terminaron de consolidar su identidad.

At the end of that first decade of 2000, there was a confluence of musicians who began to mix and contribute among themselves, according to Kriger Anselmi. “Musicians not only of son, but also of timba, salsa, Peruvian music and other countries with salsa and sononera tradition. A diversified scene was formed, also accompanied by the Latin Americanism of the time and the celebration of the Bicentennial in 2010, ”he adds. In the same way, the public that usually goes to see these groups is quite heterogeneous: “Argentine public but also from other countries in the region, many timba dancers, salsa dancers, are, casino. And, depending on the place, there may be a more familiar and listening environment, like when we played at the Casa de la Amistad Argentino Cubana, ”explains the musician.

Otro ejemplo es el de La Descarga, una big band con más de diez años de carrera en la que atravesaron distintas búsquedas alrededor de la salsa, el mambo y el latin jazz. Maxi García (timbal y coros) cuenta que arrancaron haciendo latin jams una vez por semana en Uniclub, en el Abasto, que convocaron a un gran público y músicxs que, a la larga, se integraron a La Descarga o formaron otras bandas. “Estos son ritmos que podés estudiar en tu casa, pero necesitan ser tocados en bandas y en vivo, si no como que te falta una pata de la mesa”, sintetiza García sobre el proceso que conformó la banda. Coincide con Kriger Anselmi en que la música cubana creció en los últimos diez años a nivel bandas. “Antes, al tipo que armaba fiestas cubanas no le convenía llevar a una banda en vivo por los costos, entonces se bailaba solamente música grabada”. Sin embargo, considera que la salsa no es muy popular en Buenos Aires. “Siempre quisimos tocar para un público amplio y en las latin jams un poco lo logramos. Pero la salsa tiene una complejidad rítmica y de escucha que creo que le impide ser más masiva”. Una vez que se consolidó la banda les resultó difícil trascender el circuito salsero: “Por más que cuando armamos movidas se mezclan los dos públicos, cuando nos contratan el público es salsero”, dice García, quien además integra el grupo Elemí, de rumba cubana, y Murumba, de rock fusión. A raíz de la pandemia, García considera que “los salseros tenemos la de perder porque imagínate que se baila apretado…”.

Most of these son and salsa orchestras have tried to organize themselves in a space to assert their rights, by creating a civil association called MUSA, Musicians of Salsa and Son Asociados. Although the project could not materialize, “it allowed establishing a space for exchange, dissemination and debate on the issues” that musicians and bands are going through, as Kriger Anselmi points out.

A unique experience is that of Changüí Guararey, a group that draws on rural rhythms from the east of the Island, such as changüí, kiribá and nengón. Formed in 2017, they work with original instruments such as marímbula, bongó de monte, guayo and tres. Edison Cochi (voice and guayo), who explored these rhythmic matrices in Guantanamo territory, emphasizes that "they try to play the primary, the most folk changüí", and considers this to be one of the roots of more modern urban rhythms such as timba. Outside the more commercial circuit, Cochi points out that they are proposed as a cultural dissemination project. Last June, with the participation of De la Torre, they performed virtually at the Changüí Festival held in Guantánamo.

It is worth mentioning that the movement of Cuban music is not limited to Buenos Aires. As Kriger Anselmi explains, "in the rest of the country there are also strongholds" such as Córdoba, Bahía Blanca, Paraná, where the El Combo Mutante orchestra stands out, and La Plata, where the La Candela orchestra, another of the timbaleras, was formed. with great call in the Buenosairean scene.

Dúo Karma in Buenos Aires. Photo: Kaloian Santos.

Dúo Karma in Buenos Aires. Photo: Kaloian Santos.

The accruals of la trova

But of course, the Cuban music scene in Buenos Aires is not limited to the salsa or more traditional music circuit. The vein opened by the Nueva Trova, which was already mature in the 1980s, was continued by younger singer-songwriters who also built a loyal audience in Argentina, such as Santiago Feliú, Yusa, one of the exponents of Cuban song and his crossbreeding with the Jazz, funk and other rural and urban rhythms, came to the country for the first time precisely accompanying the Havana troubadour. Later, the tresera chose Argentina as her place of residence, where she lived until 2018. Here she recorded albums and performed numerous shows and collaborations with other artists.

Esta vertiente de la canción de autor/a pincelada por estilos de la Isla y ciertas búsquedas por desenlazarse de los esquemas tuvo una clara retroalimentación con el rock argentino y otros géneros locales.La misma se plasmó en la gira El sur suena cubano, en la que Yusa, Yissy García, Kelvis Ochoa y William Vivanco recorrieron el país con la intención de materializar ese puente cultural y musical que Sudamérica tiene conCuba. El proyecto se propuso mostrar que la riqueza musical cubana trascendía el Buena Vista Social Club y la nueva trova, sin desconocer sus vínculos de linaje, y exponiendo las propias influencias que esxs artistas tenían de la música argentina.

En esta línea se inscribe el Dúo Karma, formado en 1999 por Xóchitl Galán y Fito Hernández, y quea partir de ritmos cubanos, africanos y latinoamericanos crearon un repertorio para niñxs y adultxs. En su primer viaje a la Argentina en 2010, como parte de la gira Nuestra Voz para Vos organizada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, tuvieron intercambios con Liliana Herrero, Juan Quintero, Luna Monti y Sebastián Monk, cercanos al folclor o bien a la música infantil. Ya instalados en Buenos Aires (en constante alternancia con La Habana) comenzaron una carrera de manera independiente pero que incluyó la invitación departe de Silvio Rodríguez a sus shows en el Luna Park; con la primera gira argentina del proyecto La Guarandinga, junto a Rita del Prado, y con la colaboración de Yusa en la grabación de uno de sus álbumes. Actualmente, “seguimos trabajando los géneros de la música cubana, el hecho de estar lejos de casa nos hizo repensar y fortalecer esta raíz”, dice Galán. Como proyecto musical, audiovisual y literario, el dúo adapta sus recitales al tipo de público y de espacio donde tocan, ya sea un centro cultural o grandes teatros como La Usina del Arte en La Boca. Incluso, acorde a los tiempo pandémicos, realizaron un show vía streaming a fines de julio. Sobre su público, Galán dice que “hay un amor por lo cubano, una empatía con la música y el arte de nuestra tierra que nos hizo más corto el camino. Esta respuesta ha sido muy estimulante y nos hace cuidar mucho el trabajo escénico, nos mantiene renovando y perfeccionando siempre todas las propuestas”.

For its part, La Trovuntivitis had an extensive arena for Argentina, both collectively and by a part of its members as soloists. The most remembered tour was that of 2017 when the movement, simmered in El Mejunje in its hometown, was celebrating its 20th anniversary. Among the large number of shows in different locations in the country, where they toured various rural and urban genres they explore, the one at the Kirchner Cultural Center, an ancient and magnanimous building managed by the State, stood out.

Uno de sus integrantes, Karel Fleites, vive en Paraná, Entre Ríos, a poco menos de 500 kilómetros de Buenos Aires, donde hasta hace dos años residió Mitchel Portela, otro exponente del colectivo. “A muchos músicos argentinos les es muy difícil armarse su circuito aquí, gestionarse los lugares donde tocar. A nosotros no, debe ser porque venimos de afuera y la música de afuera puede que sea más atractiva”, sostiene Fleites, quien cuenta que en la última gira con un par de integrantes de La Trovuntivitis tocaron 25 veces en un mes en distintas ciudades argentinas. A pesar de que está más influenciado por géneros como el blues y el rock, en sus shows siempre mecha ritmos de su país. Incluso afirma que “cuando hacemos música tradicional cubana, es muy difícil tocar con un percusionista que no sea de la Isla, por la bomba de cubanía que llevan esos ritmos”. A su vez, el artista destaca que el público tiene una particular afinidad con la música cubana en virtud de cierta simpatía con la historia social y política del país caribeño. “Hay un sector que puede ser que política o ideológicamente se identifique con lo cubano más allá de lo que pueda pensar cada músico. Pero ese sector siente una admiración hacia la música y los músicos cubanos”, agrega.

Other names of La Trovuntivitis that left their mark on the Argentine card are those of Yaima Orozco and Roly Berrío. The first toured in 2013 and 2019 to present her two albums, which visit traditional rhythms combined with some pop, all modeled with a voice with a wide register. Berrio, meanwhile, a cultist of the live, is a regular visitor to Argentina, where he has come almost every year since 2007 with proposals that include sharing the stage with local artists in cultural centers or in larger venues such as Niceto Club.

"When the river sounds, water carries," says the saying in Argentina. But when Cuba sounds in the Río de la Plata it carries all four elements. Caribbean, candle, wood and cyclone. And body too. Raw materials of a musical diversity that forges multiple sounds, ensembles, exchanges and audiences in these latitudes. And that they consolidate, through their rhythms, that cultural relationship between Cuba and Argentina, atavistic and at the same time modern, of submarine bridges that emerge on stage.

 

Acknowledgments: Marina Belinco, Humphrey Inzillo, Kaloian Santos, Gustavo Kriger Anselmi.

Luciano Beccaria More posts

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  1. Gustavo Martin Kriger says:

    Excelente nota. Con muy buena información!

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