Leoni Torres. Foto: Cortesía del artista.
Leoni Torres. Foto: Cortesía del artista.

Alma cubana / Leoni Torres

5 minutes / Lorena Sánchez and Rafael Valdivia is right

12.03.2021 / Reviews

Un día Leoni Torres se levantó y miró hacia atrás, al pasado de su carrera musical, y dijo: “okey, quiero hacer algo diferente”. Ese día debió ser domingo, por aquello de que los domingos son los días más sosegados y reflexivos de la semana, y en la cabeza de Leoni Torres debió sonar algún bolero son o un montuno chill—si eso es posible—; algo “tranqui” con ciertas florituras del tres, el güiro, unas maracas por aquí y por allá, algunas congas. Ese día, él, artista cauteloso, concentrado en que su obra llegue a grandes públicos, decidió lanzarse y meterse con la música tradicional. Amén del riesgo —sobre todo por el riesgo. Y le salió bien. 

Así, quizás, nació Alma cubana (Puntilla Music, 2021); o cuando alguien muy cercano le dio la luz: “Hermano, este es el camino”. Eso, lo de por qué o cómo Leoni a sus 43 años decidió volcarse hacia los géneros tradicionales, no lo sabemos (y tal vez nunca lo sabremos, dada su reticencia a dar entrevistas). Conocemos que el compositor y cantante quiso no repetirse y el resultado es un álbum limpio, muy acústico, con el septeto como formación principal, y romántico. Porque eso sí, aun cuando arriesga, Leoni Torres no puede dejar de ser Leoni Torres. Él le canta al amor, a la pérdida de ese amor, a la soledad por la pérdida del amor; le canta, además, a la mujer.  Ese es su nicho, su tierra fértil.

Portada del álbum Alma cubana.

Cover of the album Básico, No Básico y Dirigido Alma cubana.

Las 10 canciones de este fonograma, que transita de la bachata al bolero, del son al changüí, de la guaracha a la canción trovadoresca, tienen ese sello. Su sello. Pero también tienen la marca de Kelvis Ochoa, autor de cinco temas en la placa; porque si hacemos el ejercicio de adivinar qué canción compuso quién, enseguida nos saltarán ciertos trucos de Kelvis. Seguiré, por ejemplo, segundo track y probablemente uno de los futuros hits del álbum, es una canción muy kelvisiana; y cuando a la altura del séptimo tema Leoni canta “Me va a extrañar cuando la luna esté en la sala” no podemos dejar de atribuirle semejante escena a la inventiva del de Habana Abierta, quien funge como productor musical del disco junto al propio Leoni y a Leonardo Gil Milián —este último también a cargo de los arreglos. 

Recordándote —tercer corte, de la autoría de Leoni como Me quedaré, Eres tú and El último adiós— es, sin dudas, un hit de bares. Si no estuviésemos en medio de una pandemia y la posibilidad de bailar en algún club, rodeados de gente y de cervezas, no fuese remota, este tema sonaría cercano a la madrugada y nadie, absolutamente nadie, pudiera dejar de corearlo y gozarlo como se merece. (Suspiremos… ya volverán esos tiempos). 

Luego está Si fuera mía, único track que no corresponde a la dupla Torres-Ochoa sino a Polo Montañez; canción-homenaje que Leoni se da el gusto de interpretar justo a la mitad de este fonograma y que nos lleva de vuelta a los tiempos gloriosos del Guajiro Natural. 

Pero si hay una protagonista a lo largo de todo el álbum esa es la guitarra y Nam San Fong es, en parte, uno de los responsables. En la música tradicional, específicamente en la defendida por los septetos, la guitarra tiene la función estricta de sostén armónico al ser rayada todo el tiempo para que el tres tome las riendas y “cante”; aquí no. Aquí la guitarra le aporta otras transparencias al sonido, acorde con la manera suave que tiene Leoni de cantar. 

(Llegados a este punto, anotemos eso: qué voz tan natural la de este artista. La técnica está ahí, en alguna parte —se nota el crecimiento si miramos su época en La Charanga Habanera, cuando debía proyectar, quizás demasiado—, pero se agradece su impecable afinación y esa forma tan suya y relajada de cantar). 

La trompeta, por su parte, aparece a cada tanto en pistas como Me quedaré and Miloca, y lo hace bajo las órdenes de Julio Padrón. En los años 20, durante el boom de los septetos, este instrumento floreaba e improvisaba libremente sobre una secuencia de acordes, otorgándole a la pieza una altura diferente, cierto regodeo desde el punto de vista musical y estético. Todo parece indicar que Leoni y sus cómplices se fueron por ese camino, recuperando la majestuosidad que tuviera el son en otros momentos. 

Música tradicional contemporánea, así ha definido el propio Leoni Torres a su Alma cubana, título del álbum para nada gratuito. Hay acá mixtura de géneros, estilos, artistas, espiritualidades y épocas; aunque para ser justos esta no es la primera vez que el artista sale a desdoblarse musicalmente —recordemos el álbum Salseando (Egrem, 2012) y sus posteriores incursiones reguetoneras. Parece que ahí, en ese coqueteo sonoro, se siente cómodo, lo que no podemos decir de otros muchos cantantes, la verdad sea dicha. 

Hay acá, además, una producción discográfica que los amantes de lo tradicional van a agradecer; y decimos agradecer porque desde hace tiempo se extrañaba un trabajo tan minucioso donde las vertientes tradicionales y las de la canción romántica dentro de la balada y el pop se cruzaran de manera tan genuina y armónica. Estaban discurriendo  por universos paralelos, ahora se encuentran; y eso es, sin dudas, un aporte de Leoni Torres  a la música cubana actual. 

Lorena Sánchez

Lorena Sánchez

Periodista antes. Editora ahora. Como a Tom Waits, le gustan las hermosas melodías que cuentan cosas terribles.

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      Susu

      12.03.2021

      Gracias AmPm por este bello trabajo


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