Alden González. Foto: Yasser Landazuri.
Alden González. Foto: Yasser Landazuri.

Alden González, con respeto pa’ los mayores

18 minutos / Rogelio Ramos Domínguez

11.06.2021 / Interviews

Los años 60 cubanos son una mezcla de asuntos que maltratan la calma: bloqueo, Playa Girón, Crisis de los misiles, Camarioca, Ley de Ajuste Cubano, todo esto al tiempo que muchos nacionales, como diría Francisco López Sacha, llevaban a Little Richard escondido en un forro de la Orquesta Aragón.

En 1968 se creó Tele Rebelde en Santiago de Cuba; tiempo después, el canal emigró a la capital, y los soneros orientales ya no pudieron hacer propuestas nacionales desde su tierra de manera sostenida. Muchos comenzaron a dibujar un escenario en el que el son parecía perder peso, y surgió un sonido fuera de la Isla que era la Isla y, a la vez, era un asunto nuevo: lo llamaron salsa.

Alden González, el laureado productor y también periodista, reconoce estas volteretas ¿del destino? Su trabajo lo ha llevado a nombres y agrupaciones como el Septeto Santiaguero, Alejandro Almenares, Gilberto Santa Rosa o José Alberto The Canary. Lo vivido le da autoridad para tocar estos temas.

“Lo que se conoce como el movimiento salsero se empezó a gestar en los 60 en el ámbito latino de Nueva York. En ese tiempo hubo mucha presencia cubana; fue el auge de la pachanga, pero la pachanga que pegó en Nueva York no era más que son charanguero. No era la pachanga de Eduardo Davidson. El bugalú —lo dijo Guillermo Portabales— no era más que son montuno; de hecho, Portabales tiene un tema en el que dice que “al montuno, al montuno, le llaman bugalú”, y yo siento que él lo grabó molesto. No le gustaba que llamaran bugalú a lo que él pensaba que es el montuno.

“En la época de esplendor del mambo hubo muchos temas que en realidad eran son y le llamaban mambo (hay que escuchar los arreglos de Pérez Prado, Bebo Valdés, Mercerón o René Hernández previos al furor del mambo). La rumba congolesa, por ejemplo, de rumba no tiene nada. Eso es son que llegó hasta Zaire: del Septeto Habanero, de los Guaracheros de Oriente, de Matamoros.

“Matamoros, Piñeiro, Arsenio, El Benny, la Aragón, tienen una influencia fuerte en esa universalidad del son cubano. Ese que llegó hasta África pero en ese tiempo a todo lo que llegaba de Cuba le llamaban rumba.

“En esa concepción tuvo mucha influencia el santiaguero Desi Arnaz, un desconocido en su patria, en Santiago. A mí me resulta doloroso. Estamos hablando de uno de los latinos más populares en Estados Unidos y que tuvo mucho peso en la internacionalización de la conga, en esa extendida imagen del rumbero cubano con la característica camisa que muchos llaman ʽrumbera’. Al internacionalizarse esa tendencia la gente comenzó a llamarle rumba a todo lo que sonara a Cuba; entonces, hay muchos sones a los que no les llaman como se debe, no solo sucede con la salsa. La rumba catalana si a algo se parece es al son; no tiene nada de columbia ni de yambú, ni de guaguancó (tampoco de guarapachangueo). Por ejemplo, lo de El Pescaílla era más rumba flamenca que rumba catalana. Lo de Peret, por su parte, ya estaba más en el sentido comercial de la rumba catalana. Él hizo muchos temas cubanos como La fiesta no es para feos; le puso Lo mato to the Adiós compay gato de Ñico Saquito; y cuando El Pescaílla grabó Sarandonga, la pieza ganó popularidad nuevamente en todo el mundo. Compay Segundo, por el contrario, no estaba viviendo momentos de esplendor aquí en Cuba.

“El son, vamos a llamarle rellollo, fue relegado en esa época. Ñico Saquito mantenía bastante presencia, pero estaba relegado. Quienes más disfrutaron del favor popular, en los 70 y principios de los 80, fueron Los Compadres, que supieron explotar su carisma. Son 14, por su parte, surgió en un tiempo en el que al fanático del son le llamaban ʽcheo’. Pero ellos se presentaron en el programa Para bailar, que afortunadamente rescató mucha de nuestra música bailable, y tuvieron un impacto brutal. Lo que pasó con Son 14 en ese momento se puede comparar con Buena Vista Social Club, reafirmándonos una vez más que el impacto sonero empezó desde fuera, antes que en Cuba. Son 14 gustó mucho en Santiago, pero su reconocimiento nacional se derivó del éxito en Venezuela.

“Pero con esa sensación de que ʽno son tiempos de son’ venimos lidiando desde hace mucho. Empezó en los 60. Yo creo que siempre va a haber son porque el son ha alcanzado un nivel demasiado importante. Hay muchos géneros musicales que están muy entreverados de son. El danzón, por ejemplo, que no sería el mismo sin esa segunda parte sonera. Entonces yo siento que siempre van a ser tiempos de son. El son es como un alma mater.

“Uno de los discos recientes de más peso en la música latina, en sentido general, es El madrileño, del español C. Tangana, a mi modo de ver un discazo, música urbana con criterio artístico. En ese álbum una de las piezas estandarte es Muriendo de envidia, que tiene como invitado a Eliades Ochoa, e incluso algunos fragmentos de son. C. Tangana dijo que se sentía bendecido por la presencia de Eliades y lo que le aportó a su disco. Por cierto, la base de ese tema es la versión de Lola, que grabó El Pescaílla, en los 60.

“El Buena Vista Social Club, la última vez que estuvo en el número uno en un chart de iTunes fue tan cerca como el 2019. Estamos hablando de un disco de 1997 que todavía puede ser número uno; eso está diciendo que en el son hay un potencial increíble que lamentablemente aquí seguimos sin entender.

Alden González junto a Alain Pérez, Mayito Rivera, y Geovanis Alcántara. Foto: Tomada del Facebook de Alden González.

Alden González junto a Alain Pérez, Mayito Rivera, y Geovanis Alcántara. Foto: Tomada del Facebook de Alden González.

“Recientemente he trabajado con gente joven que siente un amor infinito por el son y eso me maravilla. Una de las satisfacciones que me dio el disco A romper el coco [Egrem, 2019] fue el amor con el que Mayito Rivera, Alain Pérez y Alexander Abreu emprendieron el proyecto; ese amor a la música cubana de raíz. Por lo tanto, el son no se irá de Cuba. Es verdad, hay muchos músicos cubanos por ahí. Casi toda la música de los primeros 2000 de Santiago de Cuba está en México, por ejemplo, pero el son sigue aquí”.

Antes de venir a Santiago de Cuba, los temas de Adalberto Álvarez con Rumbavana ya eran nacionales. Rodulfo Vaillant le invitó, vino a la tierra de Matamoros y fundó Son 14 en noviembre del ’78; un conjunto que llegó a ser, en ocasiones, más popular en Venezuela que el mismísimo Oscar de León. Pero Álvarez, aun cuando le cantara a la calle Enramadas y pusiera el nombre de Santiago de Cuba en casi todos los oídos del país, no tuvo una casa en la cuna del son y partió, como cualquier oriental desorientado, a la capital cubana y allí creó Adalberto y su Son. Lo demás son aciertos, son sones, son historias, es una carrera extraordinaria.

Hablo del sonero en este tiempo en que tanto suena el género, polémico y raigal como una palma. El son que algunos imaginan se vistió de largo en la capital, y que, según Ignacio Piñeiro, debiera de morir quien por bueno no lo estime.

Afortunadamente se baila y se ha bailado son, y aunque parece estéril entrar en asuntos del tipo de quién creó tal o más cuál género, sí vale la pena darle el mérito a quienes han contribuido al desarrollo de la música. Un reporte de la periodista Elvira Orozco Vital cuenta que nuestro entrevistado tuvo la idea de crear la jornada por el Día del Son Cubano, que al fin tuvo vida y a la que el maestro Adalberto le dio sostén. Pero dejemos que nos cuente el productor del disco A romper el coco:

“Para mí es motivo de grandísimo orgullo que ya tengamos una jornada por el Día del Son Cubano. Me siento muy feliz con todo lo que ha venido aconteciendo. Fueron muchos años, que no debieron ser tantos, entre la idea —que nació en 2009— y su confirmación en la segunda mitad del 2020; pero nunca es tarde si la dicha llega. Nada de esto hubiese sido posible sin el empeño de Adalberto Álvarez. Debo decirte —porque mucha gente se me acerca hablándome sobre el reconocimiento al verdadero autor de la idea, en este caso a mi persona— que mi gran satisfacción es que en cada lugar que ha podido, Adalberto ha expresado cómo surgió todo. El mismo día de la clausura del Festival del Son en 2009, él lo hizo público, muy emocionado, porque el son merecía ese día.

“Esto surgió porque en Puerto Rico, desde 1984, se celebra el Día Nacional de la Salsa, que fue creado por Pedro Arroyo, un destacado promotor de la música salsera en Borinquen. Es un evento muy importante que va más allá de lo nacional: se lo han dedicado a Celia Cruz, Rubén Blades, Justo Betancourt, incluso en 2018 estuvieron Los Van Van. Nosotros los cubanos debemos mirar a la salsa como reflejo del gran impacto del son, pues la salsa es consecuencia de su salida de Cuba a la escena musical internacional. La salsa fue el son de esa época, fue como el Buena Vista Social Club de ese tiempo. Durante mucho tiempo hemos tenido posiciones nacionalistas que a la larga han lastrado el impacto de nuestra música más autóctona en ese tipo de eventos.

“Yo estoy en desacuerdo con alguna gente de los medios nacionales que emprendieron una campaña antisalsa, cuando en realidad los salseros fueron grandes difusores del son; no lo llamaban son, perfecto —como tampoco le llamaban son a la rumba congolesa y esta es son cantado, en principio en lingala y que luego se esparció a otros dialectos e idiomas africanos y no nos molestamos por eso.

“La salsa fue entendida de una forma en La Habana y de otra en Oriente. Si la Fania All Stars, en vez de tocar en el Karl Marx, hubiera tocado en el Teatro Oriente otra hubiera sido la historia. La salsa para nosotros en este lado es son en otra dimensión, siempre lo fue. ¿Por qué nos tiene que molestar que le llamen salsa a la salsa? Nosotros tenemos que agradecerle mucho. Yo escuché por primera vez La fiesta no es para feos por Frankie Ruiz con La Solución, y Sandunguera, de Arsenio Rodríguez, por Oscar de León; y así muchos sones que escuché por primera vez, gracias a Johnny Pacheco y otros salseros.

“Más allá de la polémica del origen de la salsa, hay que acabar de notar que en la consolidación del sonido salsero hubo una importante participación cubana. Con la Fania estuvieron Celia Cruz, Justo Betancourt, Héctor Casanova, Ramón Quian Monguito El Único, Pupi Legarreta, Alfredo de la Fe, Orestes Vilató y —muy importante— Javier Vásquez, quien arregló muchos temas de peso en medio del boom salsero, Ligia Elena pudiera ser el mejor ejemplo. Hubo además otros cubanos influyentes en la escena de los 60 a los 80, a mi modo de ver muy rica musicalmente: Fajardo, Belisario López, Machito, Rudy Calzado, Eddy Zervigón, René Hernández (mi arreglista preferido), Jesús Caunedo, Chocolate Armenteros y se me quedan unos cuantos.

“A propósito de Chocolate, como sabes Sergio George es referencia hoy en día, muchos arreglistas y productores quieren llegar a ese lugar. Bueno, yo invito a fans y detractores a escuchar los arreglos que hizo y los pianos que tocó Sergio George para Chocolate Armenteros y otros como Conjunto Bembé, Román y su Conjunto Naborí y el tresero Charlie Rodríguez. Si los arreglistas cubanos que quieren imitar a Sergio George empezaran por ahí, seguro estuviéramos mejor, pudiera ser un punto de partida para que entiendan el son.

“Por otra parte, lamentablemente durante el surgimiento de la salsa no había música cubana (hecha desde Cuba) que moviera grandes masas en ámbitos [internacionales] y ellos aprovecharon la brecha que se les dio, por lo tanto, lo que nos toca a nosotros desde acá, desde Cuba, es seguir intentado poner al son en su justo lugar.

“Yo pienso que no es momento de victimizarse; es momento de poner el son en un lugar de privilegio, por lo tanto, me siento muy feliz con el Día del Son y con el reconocimiento de Adalberto. Me parece acertado hacerlo el 8 de mayo, pero en el futuro podríamos convertir a todo mayo en el mes del son”.

Alden González junto a Geovanis Alcántara. Foto: Yasser Landazuri.

Alden González junto a Geovanis Alcántara. Foto: Yasser Landazuri.

Soy cubano. Yo soy de Oriente…

“Definitivamente al son y a la música cubana le hace mucho daño el hecho de que las posibilidades promocionales sólo estén en la capital. En los 80 gracias a Tele Rebelde mucha música santiaguera se dio a conocer fuera de la provincia. Si no hubiéramos tenido ese canal en Santiago, Los Karachi no fueran lo que son hoy; la Unión Sanluisera no hubiera logrado el impacto que logró en Colombia. La música cubana fue muy popular en República Dominicana, por ejemplo, porque las ondas cubanas llegaban a Santo Domingo, a Santiago de los Caballeros… Entre las emisoras que llegaban hasta allá estaba la Cadena Oriental de Radio.

“Hoy en día un sinnúmero de agrupaciones carece de una promoción equilibrada porque para hacerlo hay que ir a la capital. Solo unos pocos grupos han evadido ese cerco; Son 14, por ejemplo, logró hacerse internacional primero que nacional, pero todos no lo pueden lograr. Luego con el boom de la música tradicional, pasaba que teníamos muchos músicos famosos fuera de Cuba pero que dentro no los conocía nadie; eso pasó con la Familia Varela Miranda, con el Septeto Turquino, con la Vieja Trova Santiaguera, Reynaldo Creagh, Los Jubilados…

“Yo tuve la fortuna de organizar junto con Jorge Luis Pérez —que fue el manager de la Vieja Trova Santiaguera— una gira de Reynaldo Creagh junto con el Septeto Santiaguero y lo que viví respecto a la popularidad de Creagh fue muy notable, tanto como lo que pude vivir ante el impacto de Tiburón Morales en Venezuela. Entonces eso demuestra que la música sí gusta, pero no tiene acceso a canales promocionales. En Cuba hay mucho artista bueno que se va a morir en el anonimato por no tener la posibilidad de salir en la televisión nacional y hemos tenido algunos que se han hecho internacionales.

“La Unión Sanluisera, por ejemplo, recientemente fue a Colombia y refrendó la popularidad que tiene, pero la Unión Sanluisera no sale en la televisión nacional. Cándido Fabré es un artista muy popular en Cuba a nivel de escenario, de bailable y si bien no es de los más desfavorecidos, de los que viven fuera de la capital, muchos artistas que no tienen el arraigo popular de Fabré salen más en la televisión que él.

“La Original de Manzanillo es una de las pocas orquestas que con una disquera cubana ha logrado impacto internacional. Cuando comenzó a colocarse la música cubana con disqueras extranjeras, la Original…ya había logrado bastante impacto en el ámbito latinoamericano con Cándido Fabré; pero incluso en los tiempos de El Gallo todavía mantuvo una popularidad notable, sobre todo, en Colombia.

“Sin embargo, La Original…, no sale tanto en la televisión cubana como grupos que indiscutiblemente tienen menor valía. Para lograr equilibrar eso se necesita al menos una emisora de radio. Cuba necesita, pienso yo, una emisora de música todo el tiempo, pero también una radio y una TV fuera de La Habana [con alcance nacional e internacional].

“En los 80, muchas agrupaciones como la Unión Sanluisera, Los Karachi, Jaleo, Gloria Latina y la Típica Juventud tuvieron bastante recorrido nacional. Muchos llegaron a ser top ten y hasta número uno. Y hoy hay muchos temas con esa misma posibilidad; lo veía constantemente cuando trabajaba en la Casa de la Música de Santiago de Cuba. Pero se dejó de grabar mucha música buena, debido a la falta de apoyo o porque se fueron a México y no regresaron, porque al tema de la promoción vamos a sumar la imposibilidad de grabar. No se puede trascender sin esas cosas.

“Es absurdo desdeñar lo urbano, la legitimidad de este sonido se la dan los millones de fans que siguen a cada artista; sin embargo, la nación en peso tiene un sonido que trascendió desde hace un siglo. No es solo Buena Vista Social Club; es la familia Varela Miranda, Los Guanches, Alejandro Almenares, el Septeto Turquino, el Septeto Santiaguero o Eliades Ochoa quienes insisten en dejar esa estela de sones y boleros en los que renace la esencia misma de la cultura musical de este país. Por si fuera poco: Cándido Fabré convoca tanta pasión como el más encumbrado salsero, reguetonero o baladista. Alain Pérez —uno de los más sofisticados músicos de hoy— respira son como sucede con Mayito Rivera, Alexander Abreu o Emilio Frías”.

Por eso y, quizás por el hecho rabioso de haber nacido en Santiago de Cuba, una tierra en la que el son puede descorcharse como un ron reivindicado, Alden González insiste en las raíces. Pero volvamos a su trabajo como productor de un álbum que mereció recientemente el premio Cubadisco.

“Definitivamente A romper el coco ha tenido una significación muy especial. Trabajar con Alexander Abreu, Alain Pérez, Mayito Rivera, Charlie Aponte, Edwin Bonilla, Bobby Allende y cada uno de los que participaron es una bendición, una oportunidad única. Sobre todo porque son artistas que uno admira mucho. Edwin Bonilla, por ejemplo, es uno de los principales defensores del son de hoy en día, tengo varios discos suyos entre mis preferidos. En La Habana no es muy conocido, pero aquí en Santiago los percusionistas lo escuchan mucho, son muy fans a él. Edwin es como un músico cubano no nacido en Cuba. Charlie Aponte tiene un conocimiento proverbial de toda la música cubana y una sencillez ejemplar. El sabor de ese dúo entre él y Mayito se sale del recipiente. Bobby Allende también es una referencia para los congueros. Cuando yo escuché por primera vez La combinación perfecta, una de las cosas que más se me grabó fue el sonido de las congas. Además, qué fácil todo con él, qué entendimiento de la música cubana. Hay que escuchar con detenimiento el aporte de los boricuas a esta producción.

“El premio Cubadisco en Tradición Sonera es importante, más en el año de instauración del Día del Son. También es meritorio por la calidad de los nominados en la categoría. Me regocija mucho el peso del tres entre los discos nominados. Fue significativo para nosotros que A romper el coco tuviera un impacto dentro de Cuba; nos sentimos muy bien con eso, no solo el premio en Tradición Sonera, la nominación en Ingeniería de Sonido para mí es como un premio más, porque es un reconocimiento al equipo que trabajó para lograr ese sonido particular. Nosotros siempre quisimos un sonido de música añeja remasterizada, con el peso de la ejecución, vivo, ambiental… Es casi el mismo equipo con el que hicimos A mí qué. Tributo a los clásicos cubanos, del dominicano José Alberto The Canary y el Septeto Santiaguero, con el que tuvimos objetivos similares en la búsqueda del sonido final, que es lo que queda.

“Son muchos poquitos para lograr el gran resultado, pero en especial quiero destacar el trabajo de Iván Salas, Ronnie Torres y Geovanis Alcántara, quien es uno de los productores más importantes en la historia de la música cubana reciente, trabajar con él es una garantía. Hay muchas razones para argumentar esto, pero su trabajo en el disco Mi tumbao, del cubano José Alberto El Ruiseñor, es el mejor ejemplo que te puedo poner. En los últimos 10 años solamente cinco discos gestados desde Cuba han podido estar nominados en la categoría Tropical Latin del Grammy y él tiene participación en dos. Y volviendo a A romper el coco, en cuanto a lo musical, su labor, la de Roberto Linares El Seña y la de Andrecito Hernández es ejemplar, son referencia para los muchachos que empiezan. Agradecimiento es la palabra que más se me ocurre, a todos los que participaron y sobre todo a Alexander, Alain y Mayito. Ese amor por la música cubana de raíz es para agradecer”.

Rogelio Ramos Domínguez

Writer of verses and songs. Full-time journalist and especially father of Claudia Ramos.

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    Inaudis Nariño Peralta

    11.06.2021

    Muy interesante

    Luis A. Iglesias

    11.06.2021

    Labor incansable la de Alden. Cuba en vena y por corazón, Santiago. Más que luchar por el son y la música cubana, lucha porque no se olviden raíces y por unir a los que como él no se cansan de escribir nuestra más cierta y auténtica cultura.


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