Ilustración: Laura Llópiz y Pepe Menéndez.
Ilustración: Laura Llópiz y Pepe Menéndez.

En sus marcas… Listos… Live!

8 minutos / Darsi Fernández

13.10.2021 / Artículos

“El escenario es un espacio entre sagrado y mítico, un no-lugar que nos transporta y desdibuja. Una vez encima de él, dejamos de ser bípedos parlantes para ser artistas, sea lo que sea para cada uno el arte”. 

Alexis Díaz-Pimienta

Ya intentamos resumir en nuestra revista los sentimientos que las restricciones obligadas por la pandemia generaron en los artistas cubanos y los modos en que se reinventaron para mantenerse activos. Desde entonces, todos los músicos  estaban desesperados por regresar a la escena. Pero han tenido que pasar aún un año y medio más, alejados de sus públicos.

Algunos nos han contado que solían soñar que estaban actuando; otros, que se deprimieron sin la adrenalina de la noche y de los fans. Los hubo que, buscando un estado zen para evitar las tensiones de un parón tan extremo, se enfocaron en plantar vegetales en su patio o se metieron a full en la composición o en el estudio de grabaciones. Los que pudieron, armaron el tinglado y se pusieron a hacer música para las cámaras, confiando en conectar con el público al menos virtualmente, Internet mediante. 

Pero el directo, romper la cuarta pared y sentir que del lado de allá del micro está esa masa humana, grande o pequeña, respirando, sintiendo, exigiendo, viviendo el momento de la entrega, eso no es equiparable a otras experiencias ni tiene paliativos en lo virtual. Eso… es la verdad. 

Con el aumento del porcentaje de inmunizados y la apertura paulatina de fronteras y actividades mercantiles asociadas al entretenimiento globalmente, vuelve el directo poco a poco a las vida de nuestros artistas. Algunos afortunados han tenido la suerte de comenzar pronto a girar por otros países, cuando en Cuba aún no se ha dado el pistoletazo de salida. Otros todavía no han vuelto a experimentar el subidón de las hormonas una vez que, apagadas ya las luces, toca salir de la pata a dar la cara al respetable. 

¿Cómo será? ¿La gente responderá con la misma complicidad tras dos años de no estar juntos en el mismo espacio físico? ¿Bailarán como antes con los primeros acordes de esos hits que usamos en el directo para calentar? ¿Tendrán las ganas y la paciencia para resistir, bien sentados en una butaca, lo que han estado disfrutando en chancletas o comiendo tirados en el sofá durante este tiempo? ¿Se habrán ido del país los fanáticos empedernidos que ayudaban a poner a tono al auditorio? ¿Habrá envejecido mi público?

Son muchas, muchas, las dudas e incertidumbres, a las que se suman las específicas de aquí de Cuba: ¿Estarán los espacios en condiciones técnicas tras casi dos años cerrados? ¿Podremos pensar en salas llenas hasta el tope o se pondrán límites a la cantidad de público? ¿La gente se atreverá a estar hora y media o dos horas respirando junto a otros en un mismo espacio cerrado? ¿Cuánto se podrá pedir, ahora que los precios están disparados, por hacer un concierto? ¿Será que finalmente se podrá pactar directamente entre los músicos y los gestores de los locales, si el músico no tiene contrato con una agencia estatal?

En una entrevista hace pocos días, Cimafunk contaba que el tema Funk Aspirin emergió cuando estaba fundido por el encierro de la pandemia. “Estaba agobiado por no poder tocar en vivo, que es lo que me alimenta y lo que más me gusta. (…) En ese momento dije: esta es mi canción, es mi pastilla, la pastilla que necesitaba para volver a estar rico y seguir gozando del tiempo de vida, aunque esté encerra’o”. 

Y es que para la mayoría de los músicos, grabar está bien, pero es en el intercambio cara a cara con los oyentes que la experiencia performática se completa, se perfecciona. 

Haydée Milanés es de las que en estos tiempos ha participado en conciertos virtuales y para TV, y hasta grabado en vivo para hacer una aparición especial en el festival Barranquillaz de Colombia, pero aún no se ha puesto directamente frente al público. “Esto ha sido muy duro. Mientras preparaba y hacía los últimos dos conciertos antes de la interrupción por razones sanitarias, yo sentía que estaba en un momento muy importante de mi desarrollo musical. Tenía muchos deseos de hacer música, de improvisar, de experimentar cosas nuevas con la voz, me sentía en pleno crecimiento, cuando todo cerró. Y nunca es igual cuando tienes el público delante, esa retroalimentación; es otro rigor, otra energía. Sueño despierta con el momento de ese reencuentro”.

Yanaisa Prieto, del dúo Jade, nos confiesa: “Extraño compartir mi obra, los temas nuevos, los aplausos y la sonrisa del público. Extraño el intercambio después de la actuación. Extraño el reto de poner a bailar al más rígido de los cuerpos… Pero cuando pienso en el momento en que se abra todo aquí, me preocupa que la avalancha de artistas buscando trabajo genere una competencia destructiva, que nos obligue a casi regalar nuestro trabajo, o simplemente no encontremos”. 

El Festival Internacional Cervantino, de próxima realización en México, tiene a Cuba como país invitado. Ello implica que, con el auspicio del Ministerio de Cultura de Cuba, estarán viajando este octubre al país azteca Los Van Van, La Camerata Romeu, Alain Pérez en formato de quinteto, el Septeto Santiaguero, José Ma. Vitier, La Reyna y La Real y los trovadores Eduardo Sosa y Ray Fernández, entre otros. La inmensa mayoría de ellos, lleva casi dos años sin enfrentarse al público en directo y a sus propias ganas se sumará el habitual despliegue técnico y de producción que acompaña a este mega evento, con lo cual estarán regresando por la puerta ancha.

Harold López-Nussa Trío en Leopolis Jazz Fest. Foto: Tomada de las redes sociales del artista.

Harold López-Nussa Trío en Leopolis Jazz Fest. Foto: Tomada de las redes sociales del artista.

Harold López-Nussa es uno de los suertudos que ya estuvo de gira por Europa. “La verdad es que fue casi como volver a tocar en público por primera vez. Estábamos muyyy nerviosos y ansiosos… El primero fue en Leópolis Jazz Fest, en Ucrania y era un gran escenario con un público de más de 2000 personas. Después de estar un año y medio sin tocar la sensación fue muy fuerte… Pese a que me estuve preparando para el momento, la verdad es que en el justo instante de comenzar tuve mucho miedo de que las cosas no salieran bien. Por suerte era un público extraordinario y el concierto fue súper bueno, lo que me llenó de confianza para el resto de la gira”.

Alexander Abreu, desde Europa, acabado de bajar del avión que lo lleva a sus primeras actuaciones post COVID-19, nos dice vía WhatsApp: “Yo estoy loco por volver a mi público real. Loco por que regresen las emociones, loco por poder tocar las manos de mi gente. Un músico sin su público es como un estanque sin peces”. 

Por su parte, desde su natal Santa Clara, Roly Berrío me escribe, con la misma gracia poética con la que compone y vive: “Es demasiado el tiempo sin tocar, sin ese pentagrama que es el público. La gente es la vida de cada canción. Del acto de cantar lo extraño todo. Extraño mi vida anterior y eso lo resume. Temo que me falte el aire cuando regrese al escenario, temo se me olviden las letras, hacer un papelazo. Temo no ser tan feliz como antes, temo que la gente espere un mundo nuevo y todo resulte torpe, sin fluidez, extraño. Temo quedarme con los ojos abiertos de asombro y muy quieto, como si yo fuese el público del público y ahora mismo estoy loco por ver ese espectáculo”.

Aún no sabemos cómo y cuándo van a comenzar a abrirse los espacios culturales en nuestro país, ni si se dispondrán protocolos especiales de distanciamiento que implicarán aforos más pequeños para los locales, o habrá que presentar constancia de vacunación a la entrada. Los únicos que ya se han visto resurgir como si estuvieran esperando tras un poste, han sido los músicos callejeros que suelen pulular alrededor de los espacios gastronómicos de la urbe. Guitarra y maracas en mano, entrenan sus melodías con los comensales nativos, mientras esperan con tantas ansias como el Ministerio del Turismo a que el 15 de noviembre comiencen a llegar los yumas

Se acaba de anunciar la semana pasada que el Festival Jazz Plaza 2022 será semi presencial. Lo que implica que a más tardar en enero ya estaremos escuchando canciones en directo. El público, especialmente los que estamos acostumbrados a asistir con asiduidad a espectáculos, estamos ansiosos por volver a la experiencia de la confrontación inmediata con la música. Pero para los artistas, será literalmente como volver a la vida.   

Darsi Fernández

Abogada. Hipervinculadora. Madre de violinista adolescente. Organizadora nata. Mala memoria solo para lo que le conviene. Sueña con jubilarse a leer.

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    Liettis

    14.10.2021

    Creo en lo que planteas y quiero abundarte en algo. Es tanta la incertidumbre que sienten los músicos con respecto a la posibilidad de hallar trabajo cuando se reinicien las actividades, que de una forma ya muy abierta, algunos expresan su «comodidad» al recibir un sueldo prefijado por las empresas de representación como alternativa de sustento en este período. Para muchos este sueldo simbólico ha venido a asegurarles una «entrada» que no tenían muy segura antes de la COVID, en su lucha cotidiana.
    Es grave y a la vez comprensible. El clásico debate de Arte y Creación vs. Supervivencia


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