Ella / La Dame Blanche

6 minutos / Gladys M. Quesada

21.06.2021 / Reseñas

La Dame Blanche me enseñó que no hay reseña fácil. Escuché Ella una primera vez y tuve la impresión de haberla oído en otras mil voces, con su autotune ocasional, los backgrounds del pop  y hip hop de inicios de los 2000.  Luego me molestaron muchas  vulgaridades gratuitas y alguna que otra rima cómoda.

No hay reseña fácil, repito. Escuché el disco dos veces, luego una tercera y así hasta llegar a la quinta. Decidí dejarlo descansar un tiempo, luego pensé en una entrevista pero nuestros horarios no coincidían. Asumí que no era capaz de reseñarlo, admití mi derrota y seguí. 

Pero sucede que La Dame Blanche me dio una segunda lección. La traba, la discordia, la sordez  era mía. Ella había concebido un disco, su parte del diálogo estaba hecha.  Quien no estaba lista para escuchar, era yo.

Quiero que se me entienda: siendo yo mujer, negra, migrante de alguna forma y trabajadora de las artes —si así pudiera llamársele— esperaba en una igual una representación conceptualmente compleja, con un discurso de registro elevado, artificioso tal vez. Confieso que llegué a su música predispuesta a encontrar una artista que articulara líricas potentes y cultas con experimentación melódica. Admito que esperaba de Ella, su producción musical de 2020, un álbum epatante, contestatario  ante los símbolos tradicionales del poder. Yo quería una Dame Blanche bajo mis términos, pero ella tiene muy claros los suyos.

Esa fue mi tercera lección: tipificar una revolución es confabular con sus detractores. Fue entonces que presté atención. El gran valor de todo artista es ser auténtico y sincero con su audiencia, pero más a sí mismo.  Yaité Ramos logra ser auténtica detrás de La Dame Blanche, sin entresijos grandilocuentes ni artificios. Esa molestia que sentí al escucharla por primera vez, es su verdadera virtud, porque esa incomodidad me advirtió que se estaban empolvando mis adargas de feminista negra, de primera línea a favor de la otredad.  Yo la prejuzgué, como si hubiese una sola forma de ser y estar. 

Suya es entonces la misión de cuestionar no solo a quien tradicionalmente se sienta a la diestra del poder, sino también a quienes estamos muy cómodos en nuestras supuestas izquierdas.  Como ella misma lo dijera en La creyente, “no hay mal hecho ni mal dicho”.

***

Ella es un disco guiado por la sororidad, pero no en regodeo de la victimización. Desde sus enunciaciones hay un afán acusatorio, denunciante pero sin militancias maniqueas.  Sus sujetos femeninos aman y lloran por igual, confiesan su sufrimiento y dolor, pero también su elección de soportar al opresor. 

El álbum abre, no en vano, con una declaración religiosa, La creyente, la que pide a los santos para todos. Mientras invoca a los santos, provee espiritualidad abundante a quienes la rodean, a otras víctimas, a otros débiles que de ella dependen. Esta mujer generosa en placer, sensual también, está en La incondicional y La mentalista.

La condenada conoce bien la frustración de quien sufre el peso de la discriminación por su origen y raza. La Dame Blanche denuncia la subestimación, el desprecio al que la confinan: “Físico poco ideal y tu ropa me incomoda (…) Me dice calmamente negra coge esa escoba / Para el puesto vacante creo que eres muy floja”, pero también en ella están las respuestas, la resiliencia, el sacudirse el polvo y andar: “Y seguí y seguí erguida la frente / Dándole a mi gente lo mejor de mi / Y seguí y seguí pidiendo clemente / De tener la suerte de sobrevivir”.

Las “ellas” representadas por La Dame Blanche también tornan a victimarias, a aprovecharse de los espacios que el sistema opresor les deja. La chamaca le canta al placer autónomo y La mulata aúna a todas las mujeres bajo la insignia de la insubordinación, “Negra, blanquita, indiecita, mulata”. Ese descaro de sonreír en la cara del tirano, está en el guiño al placer independiente del dictamen masculino “Y nos dilatamos solas”. 

La exiliada y La maltratada no piden, no ruegan, no claman. Ambos temas representan a quien va más allá de la ira hasta la indiferencia. Dan entonces a Ella una conclusión lógica de quien lucha y vence a su enemigo, hablándole en su lengua de colonizador y en sus términos de abusador. 

De todas esas mujeres que Ella esboza, me quedo con La desconfiada. De todas, me recuerda que quien odia, traga veneno y duerme con un ojo abierto. Más que canción, es una advertencia: quien ve siempre guerras fuera, dentro nunca tendrá paz. Gracias, La Dame Blanche. 

***

Quizás por aquello de que lo bueno, si breve, dos veces bueno, ninguno de los diez temas de Ella llegan a los cuatro minutos. También porque lo aleccionador, si ligero, mejor. 

Aunque zigzagueante en algunos momentos, Ella tiene una lograda cohesión en su producción musical y arreglos, así como su estética áspera, simple pero efectiva al ser confrontacional, beligerante. No obstante, por momentos algunos efectos recurrentes destinados a ser elementos de coherencia, resultan redundantes y parásitos en el disco.

Creo que Yaité Ramos anda marcada por una de las improntas masculinas indelebles en toda mujer, la figura de su padre Jesús Aguaje Ramos, voz de peso en la dirección artística de la orquesta del Buena Vista Social Club. También por las formas de hacer y decir que permean un género predominantemente masculino. Yaité sí, pero La Dame Blanche, no. Ella regurgita el pasado, apunta, critica y se expone.

Repito que esta no fue una reseña fácil. Me obligó a voltear el prisma, a revisar y quitarle terreno a la elitista que llevo oculta pero también a admitirla. Más que reseña tardía, fue el pago de una deuda que no sabía que tenía con la Dame Blanche, conmigo. Procuraré que no pase tanto tiempo para devolverle el favor. El viernes 18 de junio La Dame Blanche lanzó un nuevo single, Mata sede, que continúa el sendero de Ella, y prometo escucharlo porque sé, habrá otra lección.

Gladys M. Quesada

Licenciada en Filología Española, Locutora, Guionista. Máster en Ciencias de la Comunicación. Convencida de que existe vida fuera de la Tierra y de la vida. Crespa por convicción, Filóloga por vocación. Consumidora voraz de series y música. Eternamente, niña guajira.

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Senén Alonso Alum

01.07.2021

Muy bueno. Un dominio lexical tremendo, de precisión quirúrgica.


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