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Entrevistas Imagen cortesía del artista.

El ratón rabioso: un DJ belga que cambió su vida por la música cubana

Mark Van Grieken es joyero. Vive en Amberes, la ciudad de los diamantes; es también coleccionista de arte y la belleza es “su combustible”. Todo esto lo supe más tarde, durante una conversación que me produjo más de una sorpresa, con El ratón rabioso, DJ belga a quien llegué movida por la curiosidad tras su participación en la más reciente edición del Festival de la Salsa. Su invitación al evento no podía ser casual; Mark tiene más de diez años de historia para contar su pasión por el género y la calidad de los músicos de la Isla. Cuando nos encontramos llevaba puesto un pullover de Havana D’Primera como carta de presentación, y su calidez me hizo entender mucho más cuánto lo une a nuestra cultura popular. 

—¿Cómo llegas a la música cubana?

—Mi relación con la música es algo bien profundo, que nació cuando yo tenía 15, 16 años. Al lado de mi cama tenía un tocadiscos, y ya estaba escuchando mucha música; a partir de mis 17, 18, oía a Miles Davis, Neil Young, punk, cosas fuertes… Un día, salí a un evento en Amberes que se llama Música por los Barrios. Consiste en que una agrupación contratada por la ciudad toca en diferentes barrios por cinco días consecutivos. Fui con mi esposa y nos encontramos al [grupo] Sierra Maestra.

Mark se emociona al recordar aquel primer acercamiento: “hay gente que dice que un hombre no llora, pero… puede pasar que durante la entrevista se me vayan algunas lágrimas de vez en cuando”, me advierte.

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—Tienes que saber que yo vivo en un país donde cada ciudad tiene su festival. Donde hay uno de los festivales más importantes del mundo, donde tocan los mejores. Entonces estamos acostumbrados a tener calidad, posibilidades. Cuando vi a Sierra Maestra no sé qué me pasó. Fue tan fuerte, ver a la gente bailando… Después conocí al Buenavista Social Club, que en ese momento sonaba bastante por todas partes en Bélgica, que fue donde primero tuvo éxito. Fui a uno de los lugares donde tocaron en vivo y las salas… was sold out. Todas las entradas se vendieron en 10 minutos. 

“Luego de este concierto de Sierra Maestra me acerqué a los músicos. No hablaba casi español. Pero hablamos con Jesús, el cantante, un tipo de Santa Clara, y con Virgilio, el director, y fue genial. Ese fue un momento en que decidimos cambiar nuestras vidas. Después de 18 años de trabajar fuerte, de crear nuestra colección de joyería, con diez personas trabajando para nosotros, con dos tiendas, exportación…, decidimos parar todo eso. Entendimos que la calidad de vida es lo más importante: la salud, levantarse por la mañana con alegría. Yo no soporto el estrés en ninguna forma, es mi gran enemigo”. 

—Pero tu profesión no tenía mucho que ver con esta nueva faceta de tu vida, imagino que ni siquiera es común este tipo de música en tu ciudad. ¿Por qué decides convertirte en DJ y especializarte en la salsa, y en la música cubana en particular?

—Uno o dos meses después, mi esposa me hizo la propuesta de tomar unas clases de baile, recomendadas por una amiga. Las impartía un cubano que se llama Iván Martínez, y da la casualidad de que era un tipo súper bonito, simpático, con mucha paciencia. Eso “me tocó”. Cuando Iván decía “hay que girar a la derecha”, yo me iba a la izquierda. No me concentraba, porque tengo un problema de concentración, siempre estoy pensando en cosas, mi cabeza nunca para. Como tenía tantos problemas, busqué en YouTube (el YouTube de 2010) y encontré un tema que me encantó. Yo no conocía específicamente la música cubana, solo el nombre “salsa”, que era como le llamaban en Europa en aquel momento. El tema era Ven, devórame otra vez, de Lalo Rodríguez. Lo repetí mil veces y empecé a imitar un poco sus movimientos. Porque ese tipo se mueve, no mucho, pero se mueve, hay un sabor. Hasta que llegó el momento de practicar lo que habíamos aprendido, y nos fuimos a una fiesta donde ponían salsa. 

“Al principio me gustaban el Grupo Niche, Víctor Manuel, Pedro Jesús, Frankie Ruíz… Pero en un momento sonó un tema y yo me preguntaba ¿cuál es? Me acerqué al DJ y me dijo “oye, pero cómo no sabes quién es”: Esos son Los Van Van. Y me fui para mi casa a buscar todo de Los Van Van. Me di cuenta de que por ninguna parte estaban poniendo música cubana y me dije: voy a estudiar un poco. Al comienzo me fascinaron Los Van Van y Manolito Simonet; para mí los tres grandes eran Manolito Simonet, Juan Formell y Pupy; y hoy vamos a añadir a Alexander Abreu.

“Luego de un año decidimos comenzar a organizar fiestas, aunque de una manera súper ingenua, con mi iPod y un control remoto. Pero el volumen no siempre es el mismo, ni la calidad de la grabación. Empecé a [organizar] mi fiesta, me tomó una semana entera hacer la selección. La hicimos en un local bastante pequeño, a mí me encantan las fiestas pequeñas; al final esta música es para una comunidad que no es muy grande”.

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—Probablemente tengas que explicar esto con mucha frecuencia, porque tu nombre de DJ es bastante característico, pero es casi una pregunta obligatoria, ¿por qué El ratón rabioso?

—Viene de cuando empecé a buscar [la música] en mi computadora: aquí aparece el ratón (mouse). Pero no es la única razón. Yo busqué esa información de una manera “rabiosa”. Yo soy un hombre fuerte, con una opinión bien “pensada”, eso a veces no es fácil. Tenía que tener un nombre claro como DJ. Un poco antes [de definirlo], estuve en un evento donde tocaba un tipo que se llamaba DJ Rubio, y él desde el principio se puso muy celoso [con mi trabajo]. Es increíble lo que he vivido en este mundo de la salsa y de la música cubana. En 15 años tuve muchas veces en mente parar y nunca empezar de nuevo, porque soy una persona muy sensible. Un ratón es un animal tan pequeño y [sin embargo], hay tanta gente que le teme… ¿De dónde viene eso [el temor]? Es fantasía. En mi caso es lo mismo; si tú no me conoces es porque no quieres acercarte, no quieres conocerme.

Mark habla un español muy cercano a nuestra variante, resulta extraño y cómodo a la vez. Aprendió de manera autodidacta, con un par de diccionarios, pero su principal fuente fueron las canciones y el tiempo que ha pasado compartiendo con varios artistas cubanos en giras por Europa y durante su estancia en la Isla, años antes, cuando fue invitado a participar en la Fiesta del Tambor. Durante la conversación me mencionó varias veces fragmentos de temas conocidos solamente por los verdaderos seguidores de la música popular bailable. Para hablar de “su filosofía” cita a El Niño (Emilio Frías): “cambio, tenemos que tener eso en mente, si queremos avanzar”, me dijo en uno de los pocos momentos en que no le vi una expresión serena o sonriente.

—¿Cómo ha sido el trabajo de promoción de la música cubana en Europa, qué experiencias te trajo esta nueva etapa como DJ? 

—Nos fuimos a París para vivir algunas cosas que no podíamos ver en Bélgica. Estuvimos en conciertos de Klímax, de Pupy y los que Son Son, de Maykel Blanco, de Havana D’Primera. Así creció el plan de organizar cosas en mi país. Yo tenía un poco de experiencia, a mis 23, 24, organizaba conciertos de punk. Entonces comencé a pensar en crear algo de calidad en nuestras ciudades. Lo iba a llamar Las noches de la farándula.Yo no soy farandulero, pero a mí me gusta la farándula”, en palabras de Maravillas de Florida. Escogí esa palabra porque tiene doble sentido, de lo malo y de lo bueno, depende de cómo se lea. Entonces empezamos con Las noches de la farándula, y pensé en que la música que iba a poner era como mis diamantes, y lo describí así: El ratón rabioso con sus diamantes, aunque nadie sabía que éramos joyeros porque en la comunidad de la salsa yo no lo digo. 

Las noches de la farándula fueron el puente para una conexión que se volvería cada vez más fuerte con varios de los más importantes representantes de la música popular cubana. De trabajar como DJ en espacios pequeños El ratón rabioso, junto a un equipo, comenzó a organizar conciertos y giras. El comienzo del proyecto fue sólido y ambicioso, pero las circunstancias han hecho de ese momento, más que nada, un recuerdo conmovedor y entrañable.

—Mi primer concierto iba a ser un concierto de Adalberto Álvarez. Porque yo me interesé por mucha música, pero la del oriente [de Cuba] tiene algo auténtico, profundo, honesto. Entonces fui a hablar con Adalberto, cuando estuvo en Nueva York para recibir su tratamiento contra el cáncer. Me trató con un respeto enorme. Empezamos a preparar la gira, con todos los costos: la mejor sala, el mejor sonidista, lo mejor de todo, sin miedo. Y… la gira se canceló, por un representante que vivía en Italia y otra representante que estuvo trabajando con Havana D’Primera.

Sin embargo, la voluntad de Mark y de su equipo de llevar a cabo un evento en el que la música cubana fuera el centro, era más fuerte que los contratiempos y el desgaste del trabajo de gestión y organización que conllevan los empeños de esta magnitud. Contactaron con Donaldo Flores, quien había formado parte de la agrupación de Adalberto y radicaba en Francia. Tuvo que formar una orquesta improvisada, buscando músicos disponibles

—Yo le decía “oye Donaldo, solo puedes venir si la orquesta tiene calidad; si no, tienes que decirme que no se puede, o que necesitan más tiempo”. Pero lo hicimos, fue un concierto inolvidable, dos horas y media al lado de Donaldo, de Angel Yos, un cantante que vive en Francia, de mucha gente con la que todavía tengo contacto. Recuerdo a un músico francés, de calidad enorme, un trompetista impresionante. Todos estaban contentos, el público gozando. Para mí fue: ok, empezó súper duro, pero vamos a seguir, sin miedo. Y después vino Havana D’Primera, Maykel Blanco dos veces, Los conquistadores de la Salsa; Mayito Rivera, Mayimbe con Bárbaro Fines, muchas cosas que organicé.

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El éxito que tuvo con la gestión de todas estas presentaciones no parecía ser suficiente para El ratón rabioso.“Yo siempre quiero ir más arriba, arriba de la bola”, me dice esta vez citando al Médico de la Salsa, con un tono jocoso que nos saca risas cada vez que hace referencia a temas que son parte de nuestro registro popular. 

Luego surgió una relación muy especial a raíz de una producción de Oderkis Revé y su Changüí con la que conectó rápidamente, y se decidió a venir a buscarlo a La Habana. Encontrarlo no fue fácil, había cambiado de local, no aparecía, hasta que lograron localizarlo a través de una cadena de familiares. El resultado fue una gira por Europa con la agrupación en el año 2014. 

—Yo perdí un montón de dinero —ahora lo cuenta como si fuera una broma—. Sí, porque la gente siempre cree que tú estás ganando y ganando. Pero eso fue lo último que hice como organizador, como empresario. Lo decidimos después de esa aventura, porque casi iba a perder mi matrimonio, mi trabajo [como empresario] independiente, y la independencia es lo más importante en la vida. 

Decidió que a partir de ese momento sería joyero y DJ. Y ya. 

Para un melómano inquieto como Mark es difícil limitarse a una sola idea. Además de sus presentaciones en locales de algunas ciudades de Bélgica estuvo colaborando por varios meses con un colega italiano, Manuel Melini, para formar una emisora que se llamó Salson Rayo. Ponía su selección una vez a la semana, dos horas. Un día lo dedicaba a la música del oriente de Cuba, otro a la discografía de Havana D’Primera, otro a la influencia del jazz. Pero prepararlo le consumía prácticamente la semana entera y se volvió insostenible: “La mayoría de mis colegas ponía la música y ya, yo buscaba un concepto. Si como DJ, tú te haces responsable, es una base bien interesante”.

—Este año tuviste la posibilidad de volver a presentarte para el público cubano. Cuéntanos de la experiencia en el Festival de la Salsa, cómo fue el reencuentro con los músicos y el ambiente en la Isla.

—Después de ser invitado por [Giraldo] Piloto a la Fiesta del Tambor en 2019, decidí no salir más de nuestra casa. Pero decirle no a Maykel [Blanco] es difícil, y aquí estamos en el festival. Como DJ no puedes hacer mucho porque hay agrupaciones, pero yo me “dedico” cuando llegamos a las cinco a la prueba de sonido, y después, entre 6:30 y 7:30, los demás DJ se van a comer y esa hora es para mí. No hay casi nadie, pero están los técnicos, los músicos, la gente de Maykel, yo soy como el responsable de calentar y preparar la tierra. Esa hora me ha gustado mucho, poner siempre una mezcla diferente. Para mí cada noche es diferente. 

—¿Y participaste todas las noches del festival? ¿Qué te ha parecido la organización, cómo lo viviste desde dentro? 

—Sí, todos los días, y un día en un after party en Miramar. Este festival tiene su importancia y Maykel necesita más ayuda. Una tarde nos sentamos a hablar, él quería saber mi opinión, porque yo soy un tipo que lo analiza todo. Necesitan más recursos, más posibilidades… porque la música y la cultura, como el deporte, son [modos] de demostrar al mundo que tú tienes un país con una identidad que vale la pena respetar. 

La postura de El ratón rabioso fue crítica, habló de varios problemas en cuanto a la logística, sobre todo de las zonas de “oro y plata”; de algunas fallas en la programación, de la falta de calidad y profesionalismo de ciertas agrupaciones, de las deficiencias con el sonido, de la importancia de ofrecer al público cosas diferentes cada vez. 

—En Europa no puedes pasar de 100 decibeles, te hace daño. Aquí en Cuba, la gente va a un evento como este con niños, [lo] que es aún peor. Hubo menos público, no solo internacional, aunque solo puedo compararlo con la vez que estuve en 2019. Entonces te cuesta el vuelo, el hotel, los tickets, es mucho dinero; sin un baño en el que la gente pueda lavar sus manos, sin calidad de sonido, sin una selección cuidada de agrupaciones, eso no funciona. La programación a veces es difícil, claro. Hay orquestas que se comunican bien con el público, que tienen un repertorio que todavía suena. Qué tú quieres que te den de Adalberto siempre funcionará. El terreno sí estuvo bien: cerca del mar.

Para Mark lo mejor del evento fue, sin dudas, el cierre de Havana D’Primera. “Alexander Abreu es un animal, ahora no hay una banda como [esa], nadie se acerca”, aseguró más de una vez. Sabe que el festival tiene futuro, pero necesita apoyo y rigor. Por su experiencia entiende la complejidad de organizar este tipo de proyectos, que muchas veces trae más enemistades que beneficios. Entre sus aspiraciones está contribuir con el desarrollo de la música cubana, siempre que tenga calidad. Se ha propuesto apoyar la carrera de Yasser Ramos y su Tumbao Mayombe, aunque reconoce que puede ser complicado.

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—¿Qué no puede faltar en una playlist de El ratón rabioso?

Rosa la peligrosa. No puede faltar, porque se conecta con mi historia. Mi papá era alcohólico, un médico súper rico, pero súper violento. Yo pensaba que mi mamá iba a morir [por la] violencia en la casa. Por eso me fui a los 17, 18. Traté de regresar para darle otra oportunidad, pero hay momentos en que tienes que decidir qué quieres para tu vida y salirte de las cosas que no vale la pena vivir. También A ti se te olvidó quién soy yo, que es un tema que Alexander siempre toca. Trato de equilibrar entre lo nuevo y lo clásico, pongo cosas de ayer y de hoy. Y lo más importante de mi fiesta es lo que digo siempre: pongo lo que mi público merece, no lo que me pide. Hay que explicarlo con respeto, pero si toda la noche vas a poner lo que te piden, mejor entregar la consola.

Me sorprendió que un hombre proveniente de una cultura tan diferente fuera capaz de identificarse, no con la música, que es algo más universal, sino con nuestra forma de decir, con las frases, el humor. Cuando Mark citaba una canción lo hacía en el momento justo, con la picardía que suelen utilizar los cubanos en los comentarios más irónicos y mordaces.

—Una última cosa antes de terminar. Después de tantos años compartiendo con los músicos cubanos, debes haber acumulado muchas experiencias. ¿Podrías contarme alguna anécdota que te haya marcado?

—Te voy a decir algo “peligroso”… con los músicos trato de guardar bastante distancia para vivir la ilusión de que son buena gente. Lo que a mí me interesa es la obra. Pero te cuento: Adalberto, él era un señor; y recuerdo que un día hice en Facebook un comentario sobre algo que me gustó muchísimo y puse “oye, esto está de pinga”. Adalberto muy serio me dijo “eso no se dice, hermano, disculpa pero eso no”, y yo le decía ¡pero es que yo soy un callejero, vengo de la calle! Lo retiré, por supuesto. Él me mandó Los buenos y los malos antes de que saliera, nos comunicamos cuando él se fue para Nueva York, y yo me preguntaba “quién soy yo para que se comunique conmigo”. Para mí fue súper especial. 

“Pero, la verdad, yo me acerco a la gente que respeto, le doy un abrazo, hablamos por un minuto y ya. Es la música. Por ejemplo, cuando estuve en Miramar pinchando Manolito Simonet estaba allí, en el after party. En un momento fui a donde él estaba y le dije: “dame diez segundos, por favor”. Puse mi cabeza en su hombro, luego dije “gracias, maestro” y me fui.

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La trascendencia cultural de la música popular cubana alcanza los espacios más insospechados y puede, como en el caso de El ratón rabioso, transformar realidades, a muchísimos kilómetros de distancia de nuestra Isla, donde todo sucede. No deja de ser un misterio cómo es esto posible. Un buen ritmo combinado con un sonido limpio y un tumbao que se te quede grabado en la mente por varios días son capaces de hacer mucho más que ponerte a bailar por unas horas, y a veces olvidamos eso. Mark me lo ha recordado. Lo que comenzó como una entrevista común a un hombre que pone salsa a un público europeo, algo que parece casi un cliché, se transformó en un diálogo familiar sobre la importancia de mantener la tradición musical bailable; sobre preocupaciones compartidas; sobre los problemas que todos los que se involucran en este empeño enfrentan —él como uno más. Me habló no solo de historia, sino de futuro, de apoyar a las nuevas generaciones de músicos y los talentos que surgen en otras provincias del país, que suelen tener más dificultades; de crear nuevas alianzas y fusiones con otros géneros. Nos dimos cuenta de que existe un objetivo común: la vitalidad de la música cubana y en eso debemos concentrarnos.

Puede que en algún local pequeño y acogedor de Amberes o de Bruselas esté sonando ahora mismo un tema de Havana D’Primera, o de Pupy, y alguien esté quizás aprendiendo a marcar o dando sus primeras vueltas, recién aprendidas. Y por alguna razón me tranquiliza saber que estará Mark detrás de la consola, para entregar a los bailadores un pedacito nuestro. Solo les puedo asegurar algo, después de habernos conocido: están en buenas manos, este DJ sabe lo que hace.

foto de avatar Anabel Lescaille Rabell Filóloga ávida. Clarinetista por azar Más publicaciones

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