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Reseñas

E.G.O. / Charly & Johayron

Según el diccionario, ego es una valoración excesiva de uno mismo. Según la Biblia, es orgullo y Dios lo detesta y, según Freud y su teoría del psicoanálisis, es una parte parcialmente consciente de la personalidad que media entre el “ello”, el súper ego y la realidad del mundo exterior.

Para Charly & Johayron, “el sabio observa su propio ego y el tonto lucha con el ego de los demás”. Lo que entregan al público como “Esfuerzo”, “Ganas” y “Orden” —iniciales que conforman el título— es un fonograma cuya escucha devela más que eso.

E.G.O., el primer álbum del dúo, estrenado el pasado 24 de noviembre, llega compuesto por 14 temas, bajo la producción de Ernesto Losa y Cuban Deejays y de las manos del sello discográfico Planet Records.

Mi escucha comenzó antes, pues tres de sus temas ya estaban dando de qué hablar en la calle: Los Bandidos (feat. Bebeshito), Mi vieja y Toki Toki (feat. Ja Rulay), que hoy (11 de diciembre) superan los 1.6, 2.1 y 2.8 millones de reproducciones en YouTube, respectivamente.

La narrativa del disco no dista de la narrativa usual de Carlos Coronado y Johayron Amores. Cuando descubrí a estos muchachos en Instagram, nasobucos mediante en una etapa post-pandemia, se intentaban ganar la vida —y a la gente— con videos donde mostraban a un Charly con fracasos en el amor y a un Johayron sabio que le aconsejaba. Desde entonces sigo su contenido, que la mayoría de las veces se aleja de lo obsceno y utiliza un lenguaje que, aún siendo coloquial, no resulta ofensivo ni denigrante (o simplemente lo disimula bien). Me pregunto qué argumentos utilizarán contra el dúo aquellos que acusan al reparto de vulgaridad.

La bachata Dos Amigos da inicio al álbum; una jugada arriesgada, pero sin dudas efectiva, para un dúo que se mueve principalmente en lo urbano. Se trata de una historia corta y reiterada de “más que amigos”, con un toque de complicidad. Rompen su propuesta sonora con un cambio que nos saca de lo habitual en esta escena y que no veía desde Chacal y Yarkarta, al menos no con esa fuerza.

En Los Bandidos, los lápices y la cara esa —como se autodenominan también los artistas— resumen en dos minutos y 54 segundos la comodidad de la soltería, sin compromisos, sin ataduras, porque al fin y al cabo los tipos duros no se enamoran y, sobre esa línea, las mujeres caen por sí solas; un discurso ya antes contado en el género. Para ellos, por el momento al menos, las one night stand resultan más fáciles de gestionar. Para demostrarlo recurren a un videoclip donde “engrandecen” a la mujer —literalmente, las ponen como gigantes—, en escenas donde los cantantes se bañan en un lavamanos mientras juegan con ellos, se esconden detrás de las botellas de alcohol o se acuestan placenteros sobre las nalgas de las protagonistas. Mágicamente todo termina con una pócima que los convierte al tamaño de las mujeres (o los regresa a su estado habitual, quién sabe).

Mi vieja, el otro de los sencillos adelantados, habla de los imposibles que tendrían que suceder para que uno olvide el amor de una madre. “Por mi parte no hay quejas”, cantan, por la mía tampoco; a fin de cuentas, como ellos mismos dirían, “un tema a mami no se hace todos los días”.

Toki Toki —la producción que más aceptación parece tener, según sus números en YouTube— resulta un tema previsto para juntar los dos dúos más pegados de la escena urbana (Charly & Johayron y Fixty Ordara & Ja Rulay), que terminó siendo un feat. con Ja Rulay tras la reciente separación de estos últimos. Se escucha así un Toki Toki con sabor a Shaky Shaky que, si bien me lleva por un par de segundos a Daddy Yankee, me regresa a base de clave, en un vira y bota de ritmos pegajosos, al solar, al aguaje del barrio.

Me encuentro luego con De ahí vengo yo, un tema que canta al deseo de superación; probablemente un reflejo de la infancia de Johayron en Centro Habana y la de Carlos en Santo Suárez. Salir del barrio es complicado, lograr el éxito, aún más. “Ay, yo coroné/ ahhh /ehh/ que cosa é”, cantan, con buena timba de fondo, una invitación a que la sangre corra más fuerte, difícilmente puedas contener un pasillo.

Geisha, la séptima canción del álbum, me chirría por su simpleza; el corte a lo pretty woman me pareció insuficiente. ¿Dedicarse a la prostitución no puede ser también un ejercicio de libertad y elección? Cabría preguntarse hasta qué punto los artistas reproducen simbólicamente los prejuicios que critican. En cualquier caso, la línea entre necesidad y voluntad resulta compleja. Dicho esto, siempre he creído que los géneros y la música en general tienen una función social: la del reparto no es precisamente educar.

Piano, trompetas —“piedra, papel o tijeras”— y sale Tóxico, un juego para perder y ganar que alude a lo que puede significar una relación de pareja para los autores, con un sonido que nos lleva por una pista tranquila como un paseo en guagua. Con este, como con otros temas, me siento en la historia de un muchacho de barrio, sin privilegios (como lo fui), que se enamora, que lo engañan, que se va de fiesta, que se desilusiona, que se va al berro, que pasa página, que se hace el duro… Supongo que nada se parece más a nuestros tiempos que el reparto.

Si algo se echa en falta en E.G.O., en general, son nuevas colaboraciones. Esperaba escuchar a algunos veteranos como El Taiger, Yomil, Los 4, Gente de Zona, Jacob o algún duro entre los más pegados de la nueva, pero al final se acudió solamente a los músicos que forman parte de la compañía.

Desde el punto de vista de la producción, por otra parte, no se cuidaron de repetir sonidos, ni de lo predecible que algún que otro título resulta. Es su primera vez, y logran un producto decente. Se nota el esfuerzo y el orden. Potencial hay, seguidores también. Probablemente sea cuestión de días para que parte de estos temas se posicionen en los tops de la música urbana en Cuba; el estilo que proponen cautiva y puede que penetre en nuevos públicos.

Si algo está claro es que temas para cantar en su próxima gira por Estados Unidos no les van a faltar; que el reguetón, el reparto, el timbatón, el cubatón y derivados se impregnan en nuestra cultura, y que hay gente poniendo “el cuerpo” en ello.

Los autores, en un post de Instagram, publicaron un par de instrucciones para escuchar el álbum: servirse un trago, apagar la luz, sentarse cómodo, poner los audífonos al máximo, escuchar cada una de las canciones sin saltarlas y pensar en a quién dedicárselas.

En mi intento de entenderlos, seguí cada una de ellas y las recomiendo. Solo queda esperar la entrega audiovisual, que quizás nos haga replantear algún que otro criterio. Por lo demás, de algo quedo convencido: todavía hay ego por eliminar y mucho Charly & Johayron que explotar.

Claudio Roque Más publicaciones

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