Raúl Ciro. Foto: Cortesía de Humberto Manduley.
Raúl Ciro. Foto: Cortesía de Humberto Manduley.

Descarga: Raúl Ciro (VI)

11 minutos / Raúl Ciro

25.06.2021 / Artículos

En el primer semestre de 2017 Raúl Ciro regresó a Cuba. Herido, emocionalmente vulnerable, con la fragilidad a flor de piel, dejaba atrás una época feliz, trabajos de intermitencias, atrevimientos sonoros y conceptuales, reconciliaciones, descubrimientos y amor. En algún momento, había iniciado una desigual pugna con sus demonios interiores, en la que llevó la peor parte. Llegó vacío de posesiones, a instalarse en su apartamento de siempre, sin saber bien qué hacer con su vida. Era el principio del fin, aunque en ese momento resultaba prematuro predecirlo.

Los amigos en La Habana lo apapacharon según sus posibilidades. De pronto tuvo guitarra, armónica, laptop, pero tardaba en decidir recuperarse como músico. Seguía escuchando discos, ideando planes para audiovisuales, rastreando vinilos en una tienda de Centro Habana. Cambió el sueño de hacer canciones por el de asociarse para montar una pizzería privada y mantener un pequeño jardín en su terraza. Acabó como proyeccionista en la Sala Chaplin del Icaic durante apenas unos meses, retomando el oficio que lo había sostenido durante sus días en España. Hasta donde supo y pudo se esmeró por salir adelante.

Presenciar la muerte de su madre devino un empujón hacia el derrumbe definitivo. Sus cables, ya de por sí expuestos, entraron en corte. Colgó la guitarra, guardó la armónica, amontonó los LP sin mueble, fue olvidando los archivos digitales con grabaciones y videos. Se resistía a salir de casa, más allá de lo mínimamente indispensable. Una creciente indolencia lo invadió y se percibió como una sombra del pasado, debatiéndose entre mirar al ayer en flashback, o hacia un futuro que se le antojaba desenfocado.

Nos vimos a inicios de febrero de 2019. Lo visité en su casa y me topé con un Raúl catatónico, que apenas miraba a los ojos, contestaba con monosílabos y rehusaba el contacto físico del abrazo. Se limitaba a asentir, aunque sus ojos no habían perdido el vivo brillo de antes. Le llevé un vinilo que le gustaba mucho (con las canciones de la película La vida sigue igual de Julio Iglesias). Lo miró, sin expresión en el rostro, lo colocó junto a otros. Fue todo. Mi desconcierto y su distanciamiento redundaron en una despedida entrecortada. Esperé una llamada que nunca llegó. No nos volvimos a ver. Sólo unos días después supe que había elegido saltar al vacío.

Él, a quien tanto le obsesionaron suicidas y trágicos en la música (Nick Drake, Mark Linkous, Billie Holiday, Jeff Buckley, Elliot Smith, Los Ángeles, Roky Erickson, Syd Barrett), no sólo olvidó el verso “elegir nunca asegura acertar” de su propio tema Pasillo aéreo, sino también la advertencia lanzada por Neil Young en la canción Hey, hey, my, my: “Out of the blue and into the black, you pay for this, but they give you that, and once you’re gone, you can’t come back when you’re out of the blue and into the black”. Dejó el azul y se hundió en lo negro.

Aquí, entonces, concluye este intento de rescate de lo que serían como sus memorias. Son las reflexiones de sus últimos días en La Habana. Rememora parte del tiempo en Granada, España; sus aficiones persistentes; los sueños, planes y quimeras; la muerte y sus devastaciones; el agradecimiento eterno a los amigos y la mirada hacia una cotidianidad y un país que, a la postre, lo superaron. Dispuso los escalones de la huida como respuesta a sus fantasmas, pero las razones que lo condujeron a terminar con su vida, se las llevó en el corazón, atadas con las cuerdas de una guitarra.

Descansa en paz, Raúl Ciro Hernández Gómez (1964-2019).  (Humberto Manduley)

[relacionado id=’7596′]

Nubes lentas

He empezado a crear un pequeño jardín en la terraza de casa. Sembré helechos en un tarro plástico de esos de los helados. También un pequeño arbolito que no sé qué es pero que siendo tan pequeñito ya está florecido. Estoy esperando que echen raíces una albahaca y un orégano, para luego plantarles y disfrutar de cada regada con agua. Mucha gente me ha dicho que tengo buenas manos para las plantas. ¿Qué no se me da bien a mí? Es cierto, sólo me falta hablar alemán, inglés, tener un mínimo don de gente.

He recuperado un cincuenta por ciento de la información del disco duro que tenía por ahí. Hay muchas fotos chulas y música, también vídeos que es lo que me falta. Ahora la meta es poder conseguir un trabajito, ingresos. Tengo algunas ideas, aunque son poco prácticas aún.

Hace poco fui a la tienda de Rafa y me marché con un disco que tenía una funda de cartón con ilustraciones en color y una fotografía de Ela Calvo. No puedo hacer alguna historia de ella, pues realmente nunca fue de mis preferidas. Lo que me llama la atención es que el disco era en directo (tal y como la vieron Juanje y Amelia, quedando prendados). Una producción de Rafael Somavilla y Juan Pablo Torres; con arreglos, entre otros, de Chucho Valdés y acompañada por la Orquesta Cubana de Música Moderna. No lo he escuchado pero seguro suena muy bien, genial. La portada es horrible y aun así la firma un diseñador, y lo más curioso es que tenga estos datos. Igual adolece del año de la edición, la grabación.

Recuerdo que hace un buen rato le escribí a Mirtha Medina, proponiéndole hacer un documental sobre esa época de los setentas. Nunca me respondió. A lo mejor no tiene ni idea de que, por lo menos a mí, me gustaría conocer de entonces, para poder diseminarlo tranquilamente como mismo ahora hablo contigo.

Finalmente he estado en AM/PM, en Fábrica de Arte Cubano. Vi la inauguración, una conferencia en la que intervenía Darsi. Ella y su compañero ponente fueron muy carismáticos y supieron hacer ameno hasta lo más vago. Ahora, no sé por qué esa manía de la estadística, siempre hay que superar unos millones ideales. No lo puedo explicar y no creo que sea patrimonio de mi etnia. Es un mal universal.

A mí me atrae mucho todo análisis en torno a lo que sea y más si es de la producción de música, todas sus ramificaciones y atajos. Claro, nadie tiene ni idea de por qué se consuma el éxito, y todos quieren haber concebido Suavecito o la Macarena, aunque digan despreciarlo. Por mi parte, siempre he tenido mi rechazo al tema del dinero, ya sabes.

[relacionado id=’5638′]

Si callas, algo hablará

Es increíble: han pasado más de seis años, escucho el Dark Night of the Soul de Danger Mouse & Sparklehorse, y me sigue sonando fantástico. El Vergeles paraíso, nuestro concierto-ensayo en Granada, fue algo parecido y aproximadamente por la misma fecha. Lástima que fuera más lo segundo y muy lleno de errores. Pero, de verdad que aquella experiencia fue algo supremo, la exposición, sobre todo.

Me gustaría volver a trabajar en Radio Taíno, o en algo parecido y lograr recrear las condiciones idílicas, perfectas de aquellos iniciales años 90. Claro, es un imposible, aunque, por otro lado, sólo es una cuestión de actitud. Si así lo quiero, será. Recuerdo que, trabajando en Radio Rebelde, de 1991 al ’93, funcioné mejor bajo presión (no bajo tortura psicológica), me organizaba. He ahí los resultados del primer Superávit; no recuerdo de dónde sacábamos tiempo Frómeta y yo para montar y ensayar, que lo hacíamos frecuentemente. De verdad que tengo muchas ganas de lograr un equilibrio entre el trabajo físico remunerado y los entrenamientos con la música. Tengo que lograr un repertorio en solitario, sólido y autosuficiente.

Me hace falta mi guitarra. He intentado que me presten la Ovation de doce cuerdas que tiene un amigo de Abel Omar, pero no, no hay trato. La que me pasó Frank (Delgado) está bien, claro, pero no como “la mía”. He estado practicando, pero no paso de pocos minutos; me siento como si cargara con una mochila llena de plomo, pesadísima. Y he empezado a aburrirme. De todos modos, yo nunca he sido de estudiar nada. Me he tirado de cabeza siempre a por lo que fuera y no me ha ido mal. Igual no quiero ir cagándola por ahí y “matando la leyenda, la mía”, si es que la hay y creo que sí, algo hay. Quisiera hacer algo bien y luego, poco a poco ir creciendo, hasta lograr entrar otra vez en una empresa y cobrar, aunque sea una cantidad ridícula. Quiero recuperar un repertorio de temitas lindos que tengo, e ir por ahí de Bowie. También puedo repasar todas las versiones que he hecho, dar vida a algunas ideas que no me faltan y preparar algo bien práctico y elegante. Alguien tendría que versionar Villa de París. Ojalá Raphael lo hiciera.

No obstante, sobre este tema de la música, no voy a forzar nada. Me voy a tomar mi tiempo y cuando tenga algo que mostrar, que suene bien, pues lo haré. De lo contrario, no.

[relacionado id=’4500′]

¿Qué calmará esta resaca?

Anoche soñé con un río, o algo así como acequias. Íbamos dos chicas y yo. Luego de enseñarme el lugar donde guardaban el bote, las perdí en uno de los canales y nadando entre fractales de hielo bellísimo, realmente buceando, llegué a unos rápidos, pero ya nunca más me reencontré con las muchachas. Llevo soñando muchas madrugadas con excursiones en las que participo y todos, o casi, son funcionarios. Aun así, nadie pudo evitar que me tragara un banco de arenas movedizas. Vi la mano que me dejaba ir, en un contrapicado cristalino (curioso) y yo no podía dejar escapar al fondo, a la persona que igual que yo, un poco más abajo, era engullida y se fiaba de mí.

No sé cuántas cosas he destruido de hará casi dos años para acá. Tampoco sé qué sienten los amigos que se acercan a las Muestras Obsoletas, o a los Güirito Noguerol, pero he escuchado muchos reiteradamente y hay uno que grabamos mi madre y yo con Mario Ojeda, que es mi favorito. Tengo la suerte de tener muy buenos amigos, aquí y allá, pero todas estas muestras de afectos sonoras tienen la cualidad de acercarnos, si se tiene voluntad, aunque por otro lado no hay que esforzarse demasiado. Créanme, les quiero mucho a todos, les amaré por siempre. Al final, uno se queda con lo mejor, lo demás se digiere lo más rápido posible y se evacua.

Hay otro país más allá de tu oreja

Ahora que estoy solo en casa, “todo se me cae encima”. Nunca me había enfrentado a la muerte como acontecimiento tan cercano, pero a la soledad sí. Y esta de ahora supera con creces a todas las otras.

En Cuba tiene que haber un cambio pactado y gradual muy fuerte, profundo, que ajuste las formas en que se controla y accede al Estado como herramienta y mal necesario. Yo no sé exactamente la fórmula en que debe hacerse este, pero hay muchas alternativas a valorar, y la que nunca se debió elegir fue la de tomar por violencia esa institución corrompiéndola, estando como cuentan ya putrefacta.

Hay que volver a empezar desde donde lo destruimos todo por este presente, eso creo yo.  No esperar autorización alguna, dar un giro a tu vida, hacer lo que consideres, si estás a tiempo. Las ideas van por ser capaces de conservar lo que hemos atesorado en años, o segundos. No soy buen espejo, mucho menos atajo. Sólo un accidente, una ficción de mis padres humildes y tan frustrados como casi todos los de su generación. Pero es cierto que hay otras salidas. Igualmente, el supuesto lastre no es tal, es acumulación de saberes. Si se pierde eso, no pasa nada, nadie nos extrañará, o sí, pero la vida seguirá sin nosotros, bendiciendo a quien sea capaz de adaptarse y sobrevivir.

(Fin)

Deja un comentario

Liena

26.06.2021

El párrafo final es una despedida. Raúl no estaba hecho para este mundo, bastante tiempo sobrevivió. Era un ser complejo, en extremo sensible y puede que por ello, frágil. Lo llevaré siempre en mi corazón, así como su huella en mi.


Más en Artículos

Ayuda a sostener nuestra revista

• Dona •

Become a Patreon