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Oye cómo va Ilustración: Nelson Ponce

De cómo las máquinas eliminan al autor

¿Qué es más humano que el miedo a ser reemplazado? – Samantha a Theodore en Her, película de Spike Jonze

 

Estos años son el pasado del cielo; lo dijo Silvio Rodríguez, pero miro hacia arriba y solo sigue habiendo estrellas, como dijo Santiago Feliú. En los periódicos volvemos a citar palabras nucleares, y en la radio vuelven a hablar de la bruma. En la calle pasa gente sin el pan bajo el brazo, y no hay cómo apagar la sordidez.

Pero no todo hiere; uno puede ponerse a escuchar a Bach o a Los Muñequitos de Matanzas con una libertad casi espantosa, con una calidad cada vez más asequible y con una gratuidad casi sin adjetivo. La cegadora luz siempre está más adelante, dice Fernández Larrea, pero creo que todo se va trastocando.

La luz de las pantallas da un aviso. Por ejemplo, ve a tu computadora. No importa que el sábado tenga colas. Ve y teclea “Udio” en Google; sigue las instrucciones. Quizás tengas que hacerte una cuenta y luego escribir un prompt, una secuencia de palabras con la que expliques qué quieres escribir, hacer, crear. Ni sé qué verbo nos sirve. Describe la canción que hayas soñado y díselo a esa cegadora luz.

En muy poco tiempo, esa canción se hará ante ti, con arreglo. Si no te gusta, podrás mejorarla, ponerle voz. Solo hazlo, y podrás crear otras 50, 100 canciones. Si pagas, incluso, podrás subirlas a Spotify y, con suerte, cobrar por eso.

No necesitas ser Freddy Mercury, ni Spinetta, Páez, Formell, ni tener un hermano llamado Phineas. No vas a necesitar un piano en la sala, una temperatura agradable, haber estudiado en el ISA o ser sobrino de Farah María.

La inteligencia artificial hará por ti lo que ninguna escuela puede. Hará la música. Estos años son el pasado del cielo, pero el cielo está lleno de aparatos y la música también acude a participar de lo que inevitablemente sucede. Creo que era Martín Barbero quien avisaba que el mundo había cambiado sin que nos diéramos cuenta.

Los algoritmos definen qué gusta (resulta que es lo que más vende). Los 0 y 1 comenzaron a crear canciones. Yo voy a seguir haciendo las mías. Voy a seguir escuchando a Marley y a los tres lindos pájaros que cantan tras las cortinas que “todo va a estar bien”, pero hay una verdad: el futuro llegó hace rato; lo habían anunciado, pero uno no lo creyó. Hay quienes dicen que casi ninguno de los trabajos que hoy hacemos tendrá sentido en 20 años. La música va a estar, pero ya las máquinas ganan terreno.

Lo que sí nos queda hoy es una verdad que tiende a ser hermosa: la gente compra las copias de la Mona Lisa, pero daría años de trabajo por ir a verla en el Louvre. Entonces queda un poco de esperanza. Aunque las máquinas canten, los terrícolas van a intentar ir a ver a Madonna en el 3074 y, como van las cosas, ahí estará la diva: like a virgin.

Rogelio Ramos Domínguez Escribidor de versos y canciones. Periodista a tiempo completo y sobre todo padre de Claudia Ramos. Más publicaciones

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