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Reseñas Portada del disco: Gabriel Lara / Diseño: Pepe Menéndez. Portada del disco: Gabriel Lara / Diseño: Pepe Menéndez.

Como una película / Nube Roja

Después de cuatro años y un puñado de sencillos, Nube Roja regresa con Como una película, su tercer álbum de estudio; un disco de ficción, no solo por su título y sus letras pobladas por disfraces, personajes y reflexiones sobre lo real y lo falso, sino también porque en él encontramos una Nube Roja transfigurada.

De niñes, los juegos de rol son muy comunes e importantes. Pero no quedan atrás en alguna etapa del crecimiento: la vida de adulte consiste, más o menos, en interpretar personajes. Somos una persona en el trabajo, otra en un bar y una completamente diferente en las asambleas de balance de los CDR. Al final, las personas reales que somos, aunque suene a paradoja, son cada una de esas versiones, y a la vez la suma de ellas.

Creo que la música nos ayuda a recuperar el carácter lúdico que de niñes tuvieron estas interpretaciones. ¿Quién no ha tamborileado al escuchar una batería, tocado guitarras en el aire, o cantado bajo la ducha… o bajo la lluvia? Yendo más allá, cuando escucho música puedo sentirme en la piel de alguien que no soy: si suenan Los Van Van, soy capaz de romper cualquier pista de baile, y en realidad soy un patón empedernido; con reguetón, me convierto en un bichote, mientras que si una persona que me resulta atractiva y me dice media palabra, gaguearé durante, al menos, 15 minutos; con música pop me siento un enajenado feliz, sin preocupaciones, aunque luego de quitarme los audífonos tenga que ir a hablar con mi psiquiatra porque me puso muy ansioso leer en el Tarakai que el precio del jurel negro en Kiribati subió 58 centavos. Esto mismo hace Nube Roja en su nuevo disco: juega a ser lo que no es. 

Al grupo lo han catalogado de “banda fresa”, se dice que hacen canciones ligeras para “niñes de papá” y que sus letras son superficiales. También se les suele cuestionar si lo que hacen es música cubana. A estas alturas del siglo XXI, si un artista no cultiva un género más o menos tradicional, o introduce en su sonoridad elementos “autóctonos”: una clave cubana, uno güiro, un tres…, se le descalifica, o al menos se le rebaja su porcentaje de cubanía.

Lamentablemente, este cuestionamiento no es nuevo para las bandas de la Isla, mucho menos para las que interpretan géneros foráneos. Es cierto que las buenas letras no son precisamente una de las virtudes de Nube Roja, pero, por otra parte, no tiene por qué serlo: Nube Roja hace música para divertirse. Las letras de Bruno Mars y John Mayer pueden ser igual o más “ligeras” que las de les cubanes y a nadie parece molestarle. Como si la “tontería” en inglés sonara más bonita. ¿Quiénes son les superficiales entonces, las bandas cubanas o quienes solo escuchan ese tipo de música si es made in Yuma?

Para cualquier artista es difícil desarrollar una carrera y crecer en alcance si todo el tiempo se les descalifica, deslegitima y se pone en duda la calidad y autenticidad de su trabajo. No podría asegurar en qué medida les integrantes de Nube Roja han padecido esos obstáculos, pero, según mi experiencia, no les ha ido nada bien, pues les sigo desde su primer sencillo y, a siete años de su álbum debut, aún no he podido encontrar a nadie, al menos de mi entorno, que les tome en serio del todo.

Me atrevo a decir que la Nube Roja transmutada de Como una película busca complacer a sus detractores y quedar bien con la crítica; se intenta quitar la etiqueta de pop anlgosajonoide típica de temas como Un sitio (Dibujemos el camino, 2016), Un poco más de ti (Nube Roja está de moda, 2018), Tú y yo (2020), y echa mano de elementos no solo cubanos sino también tropicales.

En la canción De vuelta a los 90, después de cerrar un listado de referentes internacionales de la época, Anthuan Perugorría, voz líder de Nube Roja, dice: “ok, ok, ok, vamos a hablar de Cuba” y rompe una flauta a lo Buena Vista Social Club. Ese momento encarna el espíritu de este disco: un timonazo de la banda en su afán de “cubanizar” el sonido.

Por primera vez en la discografía de Nube Roja encontramos canciones que pueden entrar en la categoría de géneros tropicales como el mambo (Tú quieres fiesta) y la cumbia (Yo no quiero otra). Esto se percibe también en la manera en que se emplean los metales, y en el propio uso de instrumentos como el güiro, las maracas, el cencerro y la flauta. Se siente que hay una búsqueda de sonidos más cálidos, más alejados de los beats electrónicos, casi inédita en el catálogo de la banda, porque, digámoslo, en aquel funkysongo del 2016 había mucho (Uptown) funk, pero nada de songo.

El trucaje de Nube Roja en este disco se declara desde el título y en la primera canción, homónima, en la cual enuncian que todo lo que se escuchará a continuación será una película: representaciones, puestas en escena, pretensiones, escenarios, situaciones falsas. El coro de este mismo tema simboliza lo que percibo: “hay una pila de personajes y ningún protagonista”; en Como una película encuentro unes artistas tratando de ser otres, mientras que su propio sonido, que debiera ser el protagonista, desaparece casi por completo. 

Varios elementos en el álbum se refieren abiertamente al asunto de las pretensiones: en De vuelta a los 90 la letra incita a usar como disfraz prendas que estuvieron de moda en una época pasada. En cambio, en Tú sabes que yo soy así y Solo sé tú, la letra apunta hacia conflictos de aceptación de la identidad, los autores declaran cómo son, y cómo eso debería ser suficiente, tanto para los demás como para ellos mismos. Y esto me parece un síntoma de la crisis de identidad que está atravesando Nube Roja.

En este álbum, encontré una “versión” de la versión que hizo Santana a Oye como va de Tito Puentes (Tú quieres fiesta), una cumbia con Kelvis Ochoa que parece una producción de Eduardo Cabra —con un coro femenino que fácilmente pudo haberse extraído de un disco de Calle 13— (Yo no quiero otra), y un tema (Como tú querías) con un bajo potente y los fraseos de metales que recuerdan demasiado al Fito Páez de Abre.

Si me dijeran que el concepto del álbum es ser un disco de covers de canciones que nunca existieron, fácilmente lo creería. Este no sería el primer disco de ese tipo: existe el Cochin Moon de Haruomi Hosono y Tadanori Yokoo —banda sonora de una película inexistente—, el American Head de The Flaming Lips —que recrea lo que pudo haber sucedido en materia de sonido si Tom Petty hubiera estado en contacto con una banda local y el mundo de la droga de Oklahoma—, y también Futurología Arlt, donde Fito Páez —sin duda un referente importante para Nube Roja— musicaliza una idea de espectáculo danzario basado en Los siete locos de Roberto Arlt. No solo hubiera creído esa metaficción, sino que me hubiera parecido interesantísima en la discografía cubana. Pero me temo que Nube Roja está aún lejos de ese nivel de audacia.

Las pretensiones de Como una película también las percibo a nivel de formato, pues no creo que llene toda la extensión del significado de álbum: su duración (28 minutos) corresponde más a la de un EP y parece un recopilatorio de sencillos, toda vez que no se siente una sonoridad cohesionada y compacta. Más allá de que las canciones abordan temas afines, es como si cada una de ellas fuera un universo en sí misma y no se integrara a una narrativa común.

Solo sé tú —una balada prácticamente a piano con mensajes en defensa de las particularidades de la identidad individual sin temor a los prejuicios de la sociedad— irónicamente cierra este disco en el que la esencia de Nube Roja se ha diluido. Por si fuera poco, es justo esta canción la que más parecería un plagio: me quedé esperando que en cualquier momento después de decir “solo sé tú” dijeran “dar es dar” (Fito Páez, Euforia, 1996).

Al final del día, las canciones de Como una película no suenan mal. De hecho, me parece su trabajo con mejor producción e ingeniería, lo cual puede ser una señal de un crecimiento que se disolvió entre las tantas interpretaciones que Nube Roja hizo, espero que de forma inconsciente, de bandas y artistas como Santana, Calle 13, Habana Abierta, Fito Páez, Juan Gabriel, y hasta de Bad Bunny cuando cantaba como si hubiera acabado de sufrir un accidente cerebrovascular.

No es materia de este texto, pero convendría llamar la atención sobre varios mensajes machistas como “ella me cocina, pero no me plancha”, y el más grave: la alusión revictimizante que hacen del caso de abuso sexual de Bill Clinton a Monica Lewinsky. 

Me sucede con Como una película lo mismo que con la mayoría de los discos de covers: no importa cuán bien hechos estén, el interés se diluye al cabo de dos o tres escuchas. Este es un álbum soso, sin alma, poco creíble, de una banda desesperada e indecisa disparando hacia cualquier dirección.

¿Hasta cuándo vamos a presionar a les músiques cubanes a que “abracen sus raíces”? No es necesario. Nube Roja es una banda cuyo atractivo principal, al menos para mí, es precisamente la capacidad de hacer canciones descaradamente pop, y de dominar, como pocos en la Isla, un lenguaje musical que a muches de sus coterránees les sale cheótico, encartonado.

Ojalá sepan volver por el camino dibujado en sus dos primeros discos, que, si bien tienen errores y defectos, al menos dejan sentir una evolución coherente, enfocada, un sonido auténtico. Tal vez pudieran comenzar por sacudirse unos estigmas que, lejos de seguir, deberían ignorar. Dicho en sus propias palabras: “hay gente que va a criticar, no tengas miedo de ser lo que quieres ser”.

Iván Egued Iván Egüed Melómano coleccionista. Ingeniero automático y otros disparates. Niño empedernido. Adicto a la guanábana. Siempre Feliúz, nunca inFeliúz. A veces con los pies sobre la tierra... Más publicaciones

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