Portada del álbum Caracoles / Orquesta Akokán
Para nosotros, criaturas de Isla, es fácil entender el significado de ‘caracoles’; refleja la connotación del agua que “nos rodea por todas partes”, al decir del dramaturgo y poeta Virgilio Piñera.
Un segundo grupo, quizás más pequeño, bajo el título de ‘creyentes’, concepto sinuoso y ambiguo, pensará en la connotación religiosa del término. Son importantes los ‘caracoles’, su uso como ritual de interpretación y deducción del futuro para las religiones de ascendencia africana.
Pero para los practicantes de la Regla Conga o de Palo Monte, ‘caracoles’ tiene un significado profundo y visceral. Esta cultura y religión, en el decursar del tiempo, ha sido víctima de estereotipos y marginación, incluso en comparación con otras prácticas culturales también provenientes de África.
A contrapelo de los presupuestos éticos y culturales nacidos desde el eurocentrismo, esta religión y sus practicantes tuvieron que encontrar en el idioma español maneras de camuflar sus creencias. Así, cuando se hablaba de ‘caracoles’, tenía y tiene un significado compartido que, desde lo simbólico, nos remite a la conexión con lo ancestral, el ciclo perpetuo de la vida, la protección y la ritualidad. He aquí la profunda significación de Caracoles como título de este disco.
El disco lo abre Con Licencia, una suerte de introducción donde se deja claro el concepto musical y temático del fonograma, remitiendo a la espiritualidad y las expresiones culturales afrodescendientes. Pocas veces se ha devuelto con tanta verdad y orgullo la pertenencia comunitaria a la Regla Conga, de origen bantú, como se evidencia en la interpretación de su voz líder.
Destaca en el álbum el tema homónimo, con una introducción inspirada en las plegarias del espiritismo cubano, que desemboca en un tango congo. Y vuelve a la disertación temática de lo negro a golpe de cha cha chá, con makuta incluida. Si crees que semejante mezcla es imposible, aquí está, además de ser bailable hasta el paroxismo.
El mambo Suave Suave, con un sentido lúdico de las escalas, antecede al Cha cha cha Pa´ca, obra que cuenta con la potente incorporación de la voz de Carolina Oliveros, cantante de ascendencia colombiana y voz líder de la sui generis banda Combo Chimbita.
Pregonero se une a la fiesta como un híbrido de chachachá y, por supuesto, pregón. Apología a la sobrevivencia desde nuestro choteo insular, donde todo o casi todo puede ser (re)vendido. Haciendo mención del Yerbero Moderno de Néstor Milí Bustillo y al Pa´que enamore (Azucena y girasoles) de William Vivanco y Telmary Díaz, describe la comunicación comercial que nos llega en las voces de los merolicos de los barrios habaneros.
Akokán, en su propuesta, muestra que no hay fórmulas acabadas o inamovibles y que se puede seguir profundizando en el complejo entramado musical de la Isla. Prueba como, siendo fiel a lo clásico, es posible actualizar temas y arreglos musicales.
Este disco es deudor de la profunda tradición de las jazzbands de las décadas del 40 y 50 del siglo pasado en nuestro país, así como de la manera en que intérpretes de ambos sexos asumían los diferentes géneros en boga.
En un período de transición en el que se produjeron cambios graduales y préstamos culturales variados, las jazzband cubanas fusionaron elementos de la música insular, con géneros y expresiones de la música estadounidense.
La influencia también se reflejó en la expansión de los conjuntos en general, compuestos por cinco y hasta siete músicos, con mayor número de integrantes y nuevos enfoques instrumentales.
La presencia de este tipo de orquesta y su fusión de estilos, influyeron en nuestra música, que, fruto de la interacción entre cubanos y estadounidenses, enriqueció la escena musical y fomentó la creatividad. Es el momento de las visitas a la Isla de artistas como Sarah Vaughan, Tony Bennett, Johnny Mathis, Dorothy Dandridge, Josephine Baker, Billie Daniels y un largo etcétera.
Pero la fusión entre el jazz y la música afrocubana también se consolidó en norteamérica gracias a intérpretes como Chano Pozo, Mario Bauzá y Frank Grillo (Machito); o a las colaboraciones de Peruchín Jústiz, Walfredo de los Reyes, Marcelino Valdés y Arístides Soto (Tata Güines). Todo ello demostró la capacidad resiliente de nuestra música y cultura, para adaptarse a los cambios y mantener su vitalidad.
Después de 1959 esta interacción fue afectada por el nuevo contexto: la nacionalización de la industria musical y el resquebrajamiento de la relación política con Estados Unidos. Otro aparte estuvo en la proliferación de la etiqueta de “diversionismo ideológico” a todo lo que tuviera alusión a la cultura capitalista. También a partir de los años 60 y 70, surgieron géneros como la Nueva Trova explorando temas sociales y políticos, y alejándose de las influencias jazzísticas.
En las décadas posteriores, la internacionalización del son y la timba permitió que la música cubana trascendiera las fronteras y que exponentes como Bebo Valdés, Chucho Valdés y su antológica Irakere, además de las obras de Gonzalo Rubalcaba, Mayra Caridad Valdés, Paquito D’Rivera, Ernán López-Nussa, Arturo Sandoval entre otros cultores, hayan hecho del jazz cubano un continuum en el contexto musical contemporáneo.
En el caso de Caracoles, resulta impresionante el nivel de la dirección musical de Jacob Plasse, guitarrista y tresero de la ciudad de Nueva York, quien ha sido miembro de varias bandas notables además de productor del sello discográfico Chulo Records. Su pasión por la música latina y su habilidad para fusionar géneros lo distingue en la escena musical contemporánea.
Así mismo Michael Eckroth, reconocido pianista de jazz, arreglista y compositor estadounidense originario de Phoenix, Arizona, desempeña un papel fundamental en la Orquesta Akokán, pues es capaz de recrear desde la estructura estilística un sinfín de nuevas formas en el plano de los metales y la percusión. Su trabajo se destaca en el ámbito del jazz latino, licenciado en la Universidad de Arizona, master por la casa de altos estudios de Nevada, Las Vegas y doctorante en la de Nueva York, recibió una beca para investigar la música cubana en la Biblioteca Díaz-Ayala, en la Florida International University.
Los arreglos de Eckroth fusionan la herencia americana con la influencia cubana; quizás por eso se siente tan orgánico en la asunción de aquella etapa musical .
Este binomio logró posicionar su álbum debut Orquesta Akokán (Daptone Records, 2018) como nominado al A2IM de la Asociación Americana de Música Independiente y al Premio Grammy en la categoría de Mejor álbum tropical latino en 2019. Dicho fonograma había sido grabado en los Estudios Areito en La Habana, utilizando técnicas sonoras de los años 50 para resaltar su estilo distintivo.
Otro hallazgo de Caracoles es el talento de Kiko Ruiz como voz líder. Cálido y expresivo, Ruiz nos permite encontrar en su estilo ecos de Pérez Prado, Benny Moré, Pacho Alonso y Celia Cruz, entre otros. Su interpretación apasionada y su dominio de géneros como el son, la guaracha y el bolero; así como su recorrido profesional junto a Pancho Amat, las Estrellas del Buena Vista Social Club, y como cantante, compositor y arreglista en la Orquesta María Alejandra y Cubanía, lo convierten en un referente indiscutible en el panorama musical cubano.
Las composiciones del álbum, firmadas por estos tres artistas en su totalidad, hacen que el mambo, el chchachá y la guaracha, más allá de simples ritmos, sean vehículos para expresar la identidad, la pasión y las tensiones de una sociedad en constante cambio.
La trilogía de Plasse, Ruiz y Eckroth nos transporta a una Cuba entre la memoria y la añoranza, donde los acordes de antaño evocan una época dorada y, al mismo tiempo, nos recuerdan las luchas por venir.
Distingue en este álbum la comunión entre las voces y el resto de las secciones de la orquesta, cada una con su momento de lucimiento; además del excelente balance en los niveles, acentos y énfasis dentro del diseño sonoro general. Aunque Akokán parte de la tradición, no se limita a la mera reproducción. La banda crea una experiencia única.
Oigo Caracoles y no dejo de sentir a Virgilio cuando pensaba la Isla “por encima de su música” y “el agua, el mediodía, el azúcar, el humo…”
Sonido profundo, valiente y perfecto “pa´ jugar”.
*Escucha el álbum completo en YouTube.