Magazine AM:PM
Publicidad
Entrevistas Bas Van Lier y Marcos Madrigal en el Oratorio San Felipe Neri. Fotos de Lilien Trujillo.

Bas van Lier y el juego de los sonidos

La luz del Oratorio San Felipe Neri en La Habana entraba aquella tarde por la misma ventana de siempre: azules reflejados en todo el auditorio. Esta vez un enorme volumen sobre el escenario. Dos pianos y dos pianistas; música clásica y jazz. Combinaciones y números redondos. Algo de retraso para comenzar el concierto. El público curioso. Marcos Madrigal aparece en escena y nos deleita con esa maestría a la que nos hemos acostumbrado tras cada festival, concierto sobre concierto. Se celebra el Mes de Europa y la Embajada del Reino de los Países Bajos ha organizado un conveniente encuentro musical a cuatro manos entre Cuba y Holanda. El menú de sonidos está servido: una ensalada de repertorios que incluye a Bach, Gershwin, Lecuona, Hubert de Blanck, Oscar Peterson y otros.  

El invitado especial de la tarde es Bas van Lier, un artista holandés a quien muchos desconocíamos pero que logró cautivarnos al instante con un sonido sutil y una exquisitez única. Ambos tocan, uno primero, otro después, se intercambian continuamente el lugar en el piano. La música es intermitente y nos mantiene atentos.

Bas creció en la ciudad de Gronigen, al norte de Holanda, donde obtuvo su licenciatura en Interpretación de Jazz, pero después sería Ámsterdam la ciudad en la que desarrollaría la mayor parte de su obra. A lo largo de su carrera, que abarca varias décadas, ha tenido la oportunidad de tocar con figuras emblemáticas del jazz como Bennie Wallace, Jesse van Ruller, Candy Dulfer, Benhamin Herman, Benny Bailey y Ralph Peterson, un periplo que ha nutrido su obra de experiencias y matices singulares. Actualmente es uno de los músicos más apreciados en el contexto internacional, de esos espíritus libres que, inspirados por la mixtura del rhythm and blues y el jazz tradicional, hacen de la música un paseo infinito, una provocación de los sentidos.

Bas Van Lier y Marcos Madrigal en el Oratorio San Felipe Neri. Fotos de Lilien Trujillo.

¿Cómo ha sido la experiencia de tocar en una sala de conciertos en Cuba?

 

—Es la segunda vez que vengo a La Habana. El año pasado toqué en el Festival Jazz Plaza. Me encantó estar aquí y estoy muy contento de poder regresar. Este año ha sido increíblemente bonito. La sala de conciertos del Lyceum tiene una energía peculiar, el piano de cola tiene un sonido muy preciso y Marcos es un pianista de altísimo talento. Aunque por encima de todo, lo que más me ha cautivado es el público, su emoción y atención durante el concierto. En Cuba la música se vive a otro nivel.

 

Conociste a Marcos Madrigal gracias a un proyecto que rescata la obra del maestro Hubert de Blanck. Háblame de tu participación en este proyecto.

 

—Sabía que estaban trabajando en el álbum Hubert de Blanck, el holandés errante, y por casualidad me involucré. Junto con la embajada holandesa, Gabriela Rojas y Pepe Méndez de la Orquesta del Lyceum de La Habana, organicé un concierto con el proyecto en mi club de Ámsterdam. Soy director artístico del Tenclub en el centro de esta ciudad. Nos llevamos tan bien que decidimos continuar con el proyecto. Marcos y yo somos realmente almas que confluyen. Él piensa exactamente lo mismo que pienso de la música, sólo que él es un pianista clásico y yo soy un pianista de jazz. Nos gusta salir de nuestra zona de confort y acercarnos el uno al otro. Allí, en medio, se crea la música más bella. Él puede hacerlo. No todo el mundo puede.

Van Lier acaricia el piano, notas agudas, un hormiguero que crece tímidamente pero que permanece. Dulzura en el espacio que comienza a pertenecerle. Toca casi siempre con los ojos cerrados, a veces los abre para mirar hacia arriba, o a Marcos, en las piezas que comparten. De un lado a otro del escenario una sonrisa cómplice. 

Bas Van Lier y Marcos Madrigal en el Oratorio San Felipe Neri. Fotos de Lilien Trujillo.

El piano es tu lenguaje. He visto que te fundes con él mientras tocas. ¿Qué tiene de especial este instrumento? ¿Cómo fueron tus comienzos en la música?

 

—Me encanta el piano por su sonido y versatilidad. Su sonido siempre es bueno. Se puede tocar solo y lo tiene todo. Armonía, melodía, etc. Pero también se puede tocar con una banda o en cualquier otro entorno. En este caso dos pianos. ¡¿Qué tan bonito lo quieres?! 

Mis padres son guitarristas clásicos profesionales y mi hermana violonchelista profesional. Así que empecé a tocar el piano desde muy joven. Me empujé a mí mismo a tocar jazz. Sentí una libertad total. Ahora me gusta combinar esos dos estilos. Más tarde fui al conservatorio y después de eso he jugado toda mi vida. Esa es mi vida: tocar música y conocer a la gente más maravillosa del mundo. Me encanta.

 

Improvisación, jazz y sonidos, siempre con los ojos cerrados. ¿Qué ofrece el jazz a Bas?

 

—Todo. Cuando toco solo existe el aquí y ahora. Ni pasado, ni futuro. Sólo vivo el momento con mi música. Si piensas en otra cosa, eso no funciona, al menos para mí. Por eso es tan tranquilo hacer música. Sólo necesitas tus oídos, tus manos y tu corazón. De ahí sale todo. El jazz en sí mismo me aporta libertad, y es un lenguaje para hablar con gente de todo el mundo. Aunque no hable el idioma, toco con ellos y los músicos y el público me entienden, y yo a ellos. Eso es lo bonito del jazz. Hablas con los demás en un idioma diferente.

 

Está por terminar el concierto. Marcos interpreta La Comparsa de Lecuona y Bas improvisa. Son dos voces que comienzan a estrecharse sobre el escenario. Jolgorio de teclas y caracteres diferentes que concluyen en un remanso de emociones. Dos hombres unidos por el sonido en un escenario que comienza a manifestar su vida propia. El público aplaude. Los músicos nos regalan una última pieza.  

Bas Van en el Oratorio San Felipe Neri. Fotos de Lilien Trujillo.

¿Cómo ve su carrera musical dentro de unos años?

Espero “hablar” (en este idioma sin palabras) con mucha más gente de todo el mundo, e inspirar a los jóvenes para que empiecen a hacer música. Su mundo es mucho más rico. Y con Marcos vamos a tocar mucho más, tenemos cosas entre manos. A los dos nos gustó tanto compartir escenario que decidimos tocar por todo el mundo (jaja). Y espero volver a Cuba. Di una clase magistral en la Universidad de las Artes (ISA) y me enamoré de ese lugar y de los estudiantes. Lo haré más a menudo. Compartir mi experiencia con los jóvenes es algo que me place. Y tocar por todo el mundo, para llenar el mundo de música. Algún día, Marcos y yo traeremos nuestro nuevo programa musical a Cuba una vez más, lo espero de verdad.

 

Estamos en Fábrica de Arte Cubano. Es la presentación del libro Habana Jazz Portrait de la fotógrafa Lilien Trujillo Vitón. Maykel González invita a Bas a subir al escenario. Se conocieron hace muy poco, pero la improvisación arma el puente. Nos deleitan con una hermosa melodía que acompaña la voz de la joven Lara Sprite. 

Termina el concierto y, por fin, logramos conocernos en persona y conversar tranquilamente. “Mi nombre es Lucía”, le digo estrechándole la mano. Continuamos la conversación que días antes habíamos iniciado por chat. Y en ese momento apareció nuevamente la sonrisa, esa que aquel día en el Lyceum le hizo cerrar los ojos en el momento de interpretar a Peterson, cuando Bas habla del piano su rostro se enciende.

Bas Van Lier y Marcos Madrigal en el Oratorio San Felipe Neri. Fotos de Lilien Trujillo.

Giselle Lucía Navarro Más publicaciones

Deja un comentario

Aún no hay comentarios. ¡haz uno!

También te sugerimos