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Reseñas Portada del álbum.

Art Bembé 20/ Gema y Pável

Gema y Pável han recalentado su álbum Art Bembé (Peer Music Publishing, 2003), aprovechando que se cumplieron 20 años de su publicación. Ya puede escucharse en streaming Art Bembé 20, remezcla realizada por Javier Monteverde (Cezanne Producciones), un chance para revisitar ese tremendo discazo doble que definiera, quizás junto con el Boomerang de Habana Abierta (Calle 54, 2006), el Goza Pepillo de Interactivo (Bis Music, 2005), y uno o dos más en los que no pienso ahora, el sonido de la música popular alternativa cubana de los primeros 2000.

La producción deja fuera seis temas, que son de los que primero quiero hablar, empezando por Elewa porque, bueno, por ahí es por donde se empieza siempre, contrario a lo que estimaron Gema y Pável en su momento, al colocarlo al final del álbum, una decisión curiosa en principio, pero entendible cuando se escucha el tema. Elewa no es una canción en sentido estricto. Es un estado, un sentir. Es hacer el trencito por entre las butacas del teatro al final del concierto, con las luces encendidas, subirse al escenario a romperla y luego irse cantando en la guagua: “Elewa te dijo claro que no te comiera’ el chivo, que lo repartiera’ entre los cuatro caminos”. Mamá perfecta, el opening del disco, tiene una naturaleza similar. No son canciones, son señas.

Las versiones de El bufón y el trágico (David Torrens) y Sé feliz (Descemer Bueno) tampoco fueron incluidas en la remezcla. No se extrañan. Por lo menos yo no lo hago. Pero a quien el Art Bembé no le resulte tan cercano sí debería llegarse al disco original y escuchar, por enésima vez, estos dos auténticos temazos, filtrados por las sensibilidades de Gema y Pável, que no es cualquier cosa.

Me gustan los cantautores que interpretan. Digo más, desconfío de los cantautores que no son buenos intérpretes. Por ahí he visto yo trovadores cándidos diciendo que solo cantan temas suyos. Por suerte Pável Urquiza no es de esos. Pável es un autor premium, un tótem, de lo mejor que hay, y es además un tremendo intérprete desde la voz y la guitarra, pero también desde el arreglo. En El bufón y el trágico Urquiza no canta, pero toca y arregla una guitarra excelsa, por clara, por sencilla, por justa. No sé si en algunos pasajes el chelo me sobra por lo buena que es la guitarra o por el chelo en sí, o sea, por la decisión de aumentar el drama en una interpretación que ya es dramática desde la letra, y desde las voces de Haydeé Milanés y Gema Corredera.

Para lo que es Gema Corredera a la música de Cuba, una mujer que está sin duda alguna a la altura de las más grandes, debo decir que su voz no me desmantela el sistema nervioso. Su timbre, quiero decir (virtudes vocales e interpretativas tiene para ella y un ejército), el único atributo ajeno a sí misma, a la gran cantante que es. Está muy jodido que la cualidad quizá más definitiva de la voz sea la única que no puedes controlar. Gema acostumbra a coloquializar su voz en algunos momentos, por ejemplo, cuando dice en Bangán: “Muchacho, tú no ere’ candela…”. Le resta, intencionalmente, seriedad, la “populariza”, sigue siendo diva pero con chancletas. Este recurso está muy bien, y es, diría yo, parte de su identidad como cantante (nomás revisemos un clásico de su repertorio como Parar de fumar), sin embargo, puestos a escoger, su voz en esos momentos no me resulta tan atractivo como cuando canta, por ejemplo, Sé Feliz o Bolero Filin.

Este último está entre los temas restantes que no llegaron a incluirse en Art Bembé 20, junto con Partir y La puerta y el espejo, y estos sí se extrañan. Son tres canciones íntimas, pero distintas entre sí. Tres modos de hacer y una oportunidad para leer a Pável Urquiza como compositor, para comprobar su capacidad de moverse con fluidez y naturalidad en atmósferas con densidades diferentes, su respeto por la canción como estado superior de la poesía. 

La puerta y el espejo es una canción lírica y armónicamente atrevida, moderna. Aquí está el Urquiza más cercano a Alejandro Frómeta que a José Antonio Méndez. En Bolero filin sucede lo contrario, aunque tampoco llega a ser un filin clásico; es una impostura, y posiblemente mi tema favorito del Art Bembé. Me encantan las canciones hechas en códigos que nos son propios, como ese Tango de Charly García en el año 2003. Pável Urquiza nació en el ’63, habrá empezado a hacer canciones… no sé, ¿en el ’80? Es muy joven y muy blanco (y, además, no es Formell) para que el filin sea su código. Por eso este tema certifica no solo su conocimiento técnico de la morfología del género, sino también su amor incondicional a la canción y su honestidad como autor. Bolero filin es Pável Urquiza imaginándose, a propósito, de forma antinatural, por amor nomás, en una cantina de Cayo Hueso en el año ’50. Y es bello eso.

No destaca Bolero filin solamente por su belleza como canción, sino también por su puesta en escena, por la guitarra que es nueva y es la misma de siempre, por la interpretación de Gema, que se involucra y lastima rico, por Elena Burke diciendo que ella ama hasta donde se puede. Seguramente hay una explicación razonable para no haberla incluido. Yo dejaba fuera antes a Tu amor, un tema que está bien, pero que la quinta vez que lo escuchaste ya te aburrió. Típica canción que el artista tendrá que incluir en el concierto, porque la gente se la va a pedir, pero que no entusiasma demasiado cantar.

Partir es otra cosa, un tema más cercano al canon de la nueva trova, si es que eso existe. Tiene, como siempre, momentos líricos menos felices que otros, como este: “Partir para quedarme en el espejo de su boca”, una metáfora completamente arbitraria. Pero en ese bache cae todo el mundo. No nos equivoquemos. Partir es un temazo. Todo emigrante debería escucharla en el avión mientras se va, junto con Otra dirección, de Fernando Cabrera, y una de Leonardo García de cuyo nombre no quiero acordarme, que dice: “Pasan las últimas casas…”.

Por supuesto que hay desarraigo, partida y gorrión en este álbum. Por todas partes, pero de forma expresa en No te vayas y De Nueva York a La Habana. En ambos casos el tres es casi lo primero que se escucha. Desde que yo me fui de Cuba oigo un tres y se me doblan las piernas. Nada hay más secretamente patriótico que el tres. Nada destruye más al emigrante llorón. Si le pones una marcha de guaguancó delante ya te mueres. Por eso con De Nueva York a La Habana se baila y se llora al mismo tiempo. ¿Quién dice que son cosas distintas?. La rumba tiene eso, sobre todo cuando se hace fuera de Cuba. Es una forma tan potente que parece deleitar, cuando te está destruyendo.

Esta gente respira y exhala palo y guaguancó. En cualquier registro, para cualquier tema. Guaguancó para la gozadera y el bailoteo: sí. Guaguancó para la muerte: también. En Locura, por ejemplo, escuchamos: “Se fue, y aquel atardecer se convirtió en tormenta”. Esa persona que se fue, no se fue pa’l Azúcar, se suicidó lanzándose delante de un tren, pero esto se dice a través del guaguancó, como si nada, como si el cuerpo no entendiera español. A Gema y Pável, que tienen la clave de rumba en su código genético, esta discordancia aparente no les hace corte, como le pasa también a tanta gente al interpretar A felicidade, de Jobim y Vinicius de Moraes, que cantando una samba riquísima te están diciendo que la tristeza no tiene fin, y que sí lo tiene la felicidad. Ellos hablan así, allá tú si no los entiendes.

Si bien Gema y Pável no deben leerse desde la música popular más (pongamos) pura, es cierto que, de esa generación, son quizá los que más cerca están de ella. Boris Larramendi puede meter cuantos tumbaos quiera en sus canciones, que el Silvio que tiene dentro se le va a notar siempre. Con Gema y Pável no sucede así, o por lo menos no de forma tan evidente. Lo suyo no es música bailable, ni tradicional, ni bolerón de vitrola o cabaret (si así fuera, dicho rápido y mal, no habrían tenido que salir de Cuba para poder grabar un disco), pero cuelan una rumba o una guaracha en la discoteca de cualquier oyente ortodoxo sin levantar sospechas. El mejor ejemplo de esto en Art Bembé es La lengua, un tema perfecto, redondo, un verdadero clásico ya, que firman Pável Urquiza y Descemer Bueno.

No es la única. El par Urquiza-Descemer compone para este disco en total 5 temas, entre los que se encuentra otra de mis más queridas creaciones: Unas horas de más, infaltable del universo Gema y Pável. Esta canción tiene lo que La tarde, de Sindo, lo que Ya ves, de Pablo, lo que ¡Ay, amor!, de Bola, esto es, misterio. El misterio se ofrece de inmediato, desde que Gema dice: “Palabras que vagan buscando una forma de escapar…”. Como las palabras, la melodía también pareciera vagar, liviana, vaporosa. Se va, pero no vuelve. Abre, pero no cierra. Gema está divina otra vez aquí, a la altura del pedazo de tema que tiene delante. Su voz se apropia completamente de lo que está diciendo. Falsea, canta bajito a veces, con el micrófono cerca como C. Tangana; soberbia esta niña. Descorchen su vino, amores, bajen la luz y suban el volumen.

La música que más me gusta aguanta la repetición. Hay muchas excepciones, claro, pero por lo general cuando más la disfruto es cuando ya se ha hecho tarareable, cuando sabes lo que viene y tanteas el suceso, siempre, una fracción de segundo antes. En Art Bembé hay canciones que no soportan, o que soportan peor la reincidencia, como Tu amor, de la que ya hablaba, o La zorra y el cuervo, un tema anecdótico, que es todo y es nada y le faltan piernas para salir de La Rampa. Pero esta no es la regla. En su mayoría, las canciones de este disco se van poniendo más interesantes cada vez. Así sucede con Diosa de cobre, Flor de agua o Si te abrazo más.

En este último caso, si andas distraído no te das cuenta y le pasas por encima a la premisa del tema, que está ahí tan clara y absoluta, tan universalmente hermosa, porque las respuestas más importantes casi siempre son las que primero se ofrecen. La premisa es esta: “Si te abrazo más ya no me iré”. Es linda esta línea, totalmente cósmica y totalmente telúrica. Telúrica porque quien abraza pareciera saber que, tarde o temprano, deberá soltar e irse, y cósmica porque también sabe que, peligrosamente, si abraza más se enreda. La imagen perfila la posibilidad, el accidente, pero se ubica en el medio, en el abrazo presente y vivo.

Si te abrazo más es un indicio del estilo y la obra de Gema y Pável. Música sencilla y compleja, urbana y guajira, sofisticada y popular, como la de los más grandes. Ahí queda. Escuchen.

foto de avatar Carlos M. Mérida Oidor. Coleccionista sin espacio. Leguleyo. Temeroso de las abejas y de los vientos huracanados. Más publicaciones

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