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Reseñas Foto cortesía del autor

Arsis: Saxofones de alto vuelo

No es precisamente la coincidencia geográfica lo que me impele a escribir sobre el Quinteto de vientos Arsis (eso que algunos han dado en llamar la “pinareñidad”).

Su flamante aniversario treinta y tres es si acaso un pretexto para reconocer en blanco y negro la valía e indudables quilates de un ensemble aplaudido dentro y fuera de su provincia e incluso del país.

Parece que fue ayer pero ha llovido algo desde que, primero como cuarteto, debutaron durante 1991 en el Museo Municipal de Consolación del Sur, para tras casi veinticinco años de trabajo ininterrumpido ampliarse en la búsqueda de un mejor resultado tímbrico y armónico junto a la extensión del repertorio, al adicionar además del quinto saxofón, algunos instrumentos de percusión menor, ideales para sus incursiones en lo tradicional cubano, una de las fuertes parcelas de su obra.

Desde entonces han sido constantes y numerosos escenarios, no solo de Cuba sino de Martinica, España, México, Qatar, Alemania, Holanda, Bélgica, Suiza, Finlandia y Estonia, en cuyos festivales han participado y recibido más de un reconocimiento.

Existe además un disco con el sello Colibrí —Alfredo Diez Nieto. 100 años de música (2021), producido por Ulises Hernández— en el que varios formatos de música de cámara interpretaron la obra compuesta para este tipo de conjuntos por el Premio Nacional de Música y el Premio Nacional de Enseñanza Artística Alfredo Diez Nieto, con motivo de su centenario, y en donde figuran ejecutando  sus Cuartetos de Saxofones #1 y #2.

A propósito de esto, ya es hora de un álbum con la firma de Arsis, su variado y excelente repertorio, la originalidad y fuerza con que lo defienden, y los criterios de músicos y especialistas sobre su trabajo, constituyen un aval más que suficiente.

Entre los muchos expertos que se han pronunciado sobre Arsis está la prestigiosa musicóloga Rosa E. Lewis , máster en esa especialidad por la Universidad de Hawai, Estados Unidos:

“La calidad de sonido logrado por Arsis se puede comparar al exquisito sonido de un órgano. Es en las obras populares donde demuestran su versatilidad y flexibilidad, pues a cada género musical se le da su especial carácter. Las obras cubanas revelan su romántico sabor latino, y las obras de jazz desarrollan su estilo improvisado.
En resumen, me ha impresionado la excelente técnica, la calidad de su interpretación (…), la amplitud de géneros musicales que cubre en su repertorio, y la versatilidad de los instrumentos para dar a cada estilo su carácter típico”.

Otro ejemplo. Su colega cubana Doris Céspedes escribió en la revista pinareña Cauce:

“Arsis ya puede identificarse por su característica mezcla de elementos de la música popular con elaboración de temáticas del repertorio clásico de forma muy asequible a todo tipo de público, garantizando el espíritu, es decir las líneas estilísticas de cada pieza que integra su repertorio, por supuesto adornado con una ejecución impecable y la ineludible y en ocasiones disimulada presencia del jazz”.

Foto cortesía del autor.

Prueba al canto de ello fue el reciente concierto en uno de los habituales jueves clásicos de Fábrica de Arte Cubano.

Francisco Javier Linares Gutiérrez (saxo soprano), Francisco Rafael Valladares Monterrey (saxo alto), Darío David Trujillo Guerra (saxo tenor), Raúl Rigoberto Lima González (saxo barítono) y José Daniel Ayerbe Labrador (saxo alto, percusión menor y director), atacaron un variopinto y complejo grupo de piezas de las más diversas escuelas, géneros y estilos, en las cuales ofrecieron verdaderas lecciones de virtuosismo y gracia interpretativa, a veces en aplaudibles solos pero sobre todo en función de un empaste instrumental encomiable.

De los cercanos aires procedentes de la madre patria (Danza #5, de Enrique Granados, Miniatura y Pequeña Czarda, de Pedro Iturralde) al sinfonismo arrabalero del argentino Piazzola con una versión de su célebre Libertango; del jazz clásico (Long ago and far away, de Jerome Kern, Three shades blues, de Paul Nagle) o el latino (Manteca, de Dizzy Guillespie,  Chano Pozo y Walter Gil Fuller; Las Margaritas, de Chucho Valdés en su etapa Irakere) al peculiar sonido de la entrañable provincia natal (con homenajes a uno de los iniciales integrantes del grupo, el desaparecido Luis Manuel Morales y a su rica pieza Mezclando, o al inolvidable Polo Montañés con el popurrí titulado Al Guajiro Natural), la actuación de Arsis constituyó una auténtica fiesta.

No faltó el encore reclamado por el muy agradecido y cómplice público, el que acompañó la rítmica criolla de la contagiosa Bilongo (más conocida por La negra Tomasa), de Guillermo Rodríguez Fiffe.

Treinta y tres años después, Arsis muestra profesionalidad, gusto, cultura y talento a raudales, expresados en la mejor música sin distingos entre lo culto y lo popular.

Las variantes en el viento metal que los define y caracteriza se hacen una para sonar como un solo y matizado instrumento que constituye indiscutible cátedra en el pentagrama insular y mucho más allá.

Frank Padrón Más publicaciones

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