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Entrevistas Foto: tomada del sitio www.escambray.cu

Ángel Quintero: “Prefiero más que fama, respeto”

El lunes 30 de octubre del año pasado fue la primera (y última) vez que compartí con el trovador Angelito Quintero y su esposa, la periodista y escritora Estrella Díaz en el hogar de ambos, muy cerca de la Calzada de Vento, en La Habana. El motivo era indagar sobre la relación de Ángel Quintero (padre) con varios trovadores cubanos, fundamentalmente con Manuel Corona, durante los años cuarenta del siglo pasado. Eso no impidió que me actualizara de sus últimos proyectos tras operaciones y tratamientos. De hecho, al llegar lo encontré en su pequeña isla de grabación digital. Allí ―me contó Estrella―, Ángel podía pasar todos los días más de diez horas estudiando y trabajando en la maqueta de un disco que estaba por presentar a los Estudios Ojalá. Y a pesar de las reacciones que dejaban en las yemas de sus dedos determinados tratamientos anticancerígenos, seguía tocando la guitarra, tal como lo hizo esa mañana que estuve con él.

Aquí reproduzco una parte de aquella conversación que no tuvo la intención de ser formalmente una entrevista. Lamento no haberla publicado muchísimo antes, como debió ser. El único culpable seguirá siendo el tiempo.

I

—Angelito, ¿desde cuándo no compones?

―Nunca he dejado de hacerlo, aunque llevo tres años [en los] que, realmente, no soy muy prolífero. Ahora estoy en este proyecto. Ven para que lo veas…

Entramos al pequeño cuarto de la casa que le sirve de estudio. De la pared cuelga una guitarra eléctrica y algunos cuadros de pintores cubanos. Este espacio es otro mundo.

―En la pandemia, como no se podía salir, me puse para esto. Es una pequeña isla de grabación digital con un banco de timbres. Cuando está la base, puedo grabar las guitarras y al final pongo la voz. Así voy haciendo cosas como la opereta El pequeño príncipe, que empecé en 1997.

—¿Ya está terminada?

―Sí, pero estoy perfilándola. Es muy difícil hacer esos trabajos musicales, no quiero que me pase lo mismo que con Donde crezca el amor [1983]. Tuvo bastante éxito y fue muy premiada, pero para mí le faltaron cosas musicales.

Foto: Ivan Soca

II

De regreso a la sala, Angelito me muestra la foto de los cuatro grandes de la trova tradicional, iniciativa de su padre. Revisamos también el libro La canción en Cuba a cinco voces publicado por Ediciones Ojalá donde se le dedica a su viejo un perfil.

“Entre 1915 o 1920 pasó por Sagua la Grande un circo y mi abuelo Tomás Quintero fue contratado para dirigir un pequeño piquete que iba acompañando [musicalmente] a ese circo. Entre la gente venía Sindo Garay, no como músico sino como trapecista, aunque ya hacía canciones. En el recorrido se enamoró de una trapecista a quien le dedicó el bolero Japonesa. Según me contaron, mi abuelo escuchó ese bolero y al final de la gira le hizo un arreglo con los instrumentos que tenían: bombardino, trompeta, clarinete”, cuenta.

—O sea, el músico fue tu abuelo, no tu papá…

—Mi papá también, estudió el clarinete. Pero su vida la definió el periodismo y el periodismo casuístico, particularmente, vinculado a las luchas sociales. Cuando el ciclón del ’26 mi abuelita vino para La Habana a trabajar como criada para mantener a sus tres hijos. Mi papá era el mayor y lo mandaron para el central Mabay de Oriente, en pleno soviet, donde los obreros habían tomado el poder. Allá papá trabajó como barbero y su primer cliente fue Carlos Puebla, que no tocaba aún la guitarra, pero sí escribía poemas.

“Esa sensibilidad lo llevó a estar siempre muy cerca de la trova. Durante muchos años luchó por crear un estado de conciencia sobre la importancia de los trovadores, por eso son tantos los trabajos que hizo para que cobraran una pensión estatal, y lo logró. Desgraciadamente Manuel Corona nada más la pudo cobrar dos meses, ya estaba herido de tuberculosis. Fue mi papá quien pudo reunir a Rosendo Ruiz, Manuel Corona, Sindo Garay y Alberto Villalón, en esa conocida foto de los cuatro grandes de la trova. [La instantánea fue tomada en la Sociedad Bacardí de La Habana, a finales de la década del 40]. Papá ayudaba económicamente a Corona con cinco o diez pesos”.

—¿Qué pasó con tu papá después del ’59?

—A mi papá le dieron el título honorífico de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling. Fue periodista en el capitalismo y después de 1959 trabajó en el periódico Revolución, luego pasó al ICRT y terminó trabajando en una tabaquería, primero como torcedor y después como lector. Lo eliminaron, ni retiro le dieron. Se murió con casi 99 años.

—¿Por qué no te dedicaste al periodismo como él?

—Yo pedí periodismo en primera opción, pero siempre quise estudiar música. De hecho, hice el examen en [el conservatorio] Caturla. Mi mamá era muy ortodoxa: “tú tienes que graduarte”, decía. Dagoberto Pedraja y yo salimos del preuniversitario Saúl Delgado para la Escuela Nacional de Instructores de Arte. Dagoberto por literatura y yo por música. Él sí se graduó, pero yo me fui a trabajar para Radio Progreso en estadísticas musicales y llevaba también la producción musical del Estudio 1. (Se ríe).

“Después vino el Festival Varadero ’81 y Armando Hart [ministro de Cultura desde 1976 a 1997] decidió profesionalizar a un grupo de trovadores, entre ellos, Donato Poveda, Santiago Feliú, Xiomara Laugart, Anabel López, Alberto Tosca, los grupos Moncada, Mayohuacán y a un servidor. Pero cuando llego a la Agrupación Nacional de Conciertos no había fondo salarial y gracias a eso todavía tengo trabajo. Jorge García Porrúa me dijo: “no te preocupes, hay una plaza de oposición de la Sinfónica” y por ahí entré. Me examinaron y aprobé con 86 puntos. Luego de que me profesionalizaran, seguí los estudios en la Escuela de Superación Profesional de Música Ignacio Cervantes y aquí estoy después de cuarenta años.

Roberto Chile

III

A inicios de los años ’70 en el Teatro Guiñol, Angelito y su amigo Alfredo Carol (1956-1979) protagonizaron un concierto. Más adelante algunos grupos de la Nueva Trova como Moncada y Manguaré interpretaron sus canciones. Aquello de: “soy lo que fui / y lo que fui es lo que seré mañana también / porque yo soy, solamente una ventana” se hizo popular gracias a los muchachos de Mayohuacán donde cantaba Kiki Corona. Angelito siguió escribiendo y nacieron La giraldilla, La Catedral, Bolero y nostalgia y muchos más.

“A mí lo que siempre me ha gustado es la composición. Esto [señala para la computadora y los instrumentos] es lo más grande: grabar en tiempo real es lo máximo. Yo soy un tipo feliz sentado aquí, haciendo lo que hago. Como mi cabeza sigue generando música, esta última etapa la quiero dedicar al musical. En Cuba hubo un intento por rescatar el teatro musical en los ’80 y la coyuntura que permitía eso se frustró, lo bombardearon, lo desaparecieron. Antes de eso y de cumplir setenta años tengo que hacer el retiro oficial con un concierto y decirle adiós al escenario”.

—¿Y después?

—¡Seguir componiendo! Lo que yo amo de verdad es esto. Ahora estoy poniendo en orden mi obra, la voy grabando en formato de maqueta.

—¿Te puedo hacer una foto?

—Sí, dale. Mira, con esto yo quiero abrir el disco de autor, quiero que seamos Silvio y yo:

Canción sin pedigrí / hija del alma / que no tuvo cuna ni crisol / pero sí caminos desde allá hasta aquí. / Canción ausente de glamour / sin mucho brillo que pensar / cuando imperiosamente luz y sombra / vive su esencia la intensidad. / Canción sin pedigrí / la que nadie escuchó pero que dijo sí / cuando todo era no. 

—Yo noto que tú no eres como otros trovadores…

—Ser trovador es una actitud ante la vida. No es lo mismo cantautor que trovador…

—¿Cuál es la diferencia?

—El trovador es el tipo que anda con su guitarra, tocándole al mundo y a lo que pasa de una forma muy bohemia. La historia de la trova siempre fue así. El trovador funciona pegado a la gente.

Angelito se distancia de los estereotipos: no trasnocha, no se mueve en manadas, siempre fue un electrón suelto”, dice Estrella Díaz.

“Es verdad —vuelve Angelito—, la trova se mueve en manadas y eso la encasilla, la jode… Yo prefiero más que fama, respeto. Escribir canciones es un compromiso muy serio, hay que estudiar mucho”, termina.

Foto: Ivan Soca

IV

Seis meses después de esta conversación Angelito Quintero falleció. El 19 de abril de 2024 dejó de existir “un hombre sincero” como escribiera Silvio Rodríguez en su blog Segunda Cita.

La trovadora Heidi Igualada fue otra de sus amigas. Primero lo conoció referencialmente a través de la canción Donde crezca el amor, interpretada de forma impecable por Mayra de la Vega y Ovidio González. Luego, personalmente, durante las primeras andadas de Heidi en el mundo de los trovadores, específicamente en la peña de los muchachos de 13 y 8, los que luego serían Habana Abierta.

“Recuerdo que se me acercó y me dijo cosas lindísimas de mis canciones. Luego se vino a hacer mucho más cercano, gracias a mi amistad con Martica Campos, porque ellos también eran muy amigos desde siempre. Y vinieron tiempos de Guatemala y de subir juntos la cordillera de los Cuchumatanes para irle a cantar a los médicos cubanos que estaban en misión por aquellas tierras. Desde entonces nuestras canciones se hicieron hermanas.

“Ángel fue un trovador sui generis. Su obra ―aún nadando en aguas de la estética y la esencia de toda la trova cubana― tenía códigos muy peculiares, sobre todo en cuanto a la rítmica, las progresiones armónicas y la estructura de la canción. Fue un cronista nato de su tiempo y su contexto, sin descuidar el lirismo. Acertadamente también esgrimió en sus canciones el humor como lo hizo en Los Piratas, por citar alguna. Hoy pienso que se le debió (y aún se le debiera) prestar más atención por todo el aporte que legó a la canción cubana.

“En lo personal digo igual que Silvio hace unos días: Ángel fue un hombre sincero y yo agregaría que también consecuente a todo riesgo con sus ideales y sus sueños”, me dice Heidi.

En los Estudios Ojalá se trabaja en el último proyecto discográfico de Angelito Quintero, el mismo del que me habló meses atrás. La producción musical está a cargo de Ana Lourdes Martínez y participan Silvio, Beatriz Márquez, Frank Fernández, Kiki Corona, Anabel López, Heidi Igualada, Kiki Corona, Frank Delgado, Juan Carlos Pérez y Alejandro Valdés. Hasta el momento el nombre del proyecto es Canción de luz.

 

Angelito Quintero y el autor. Foto tomada por Estrella Díaz el 30 de octubre de 2023.

Jaime Maso Jaime Masó Torres Ni periodista, ni conductor de programas radiales, ni tan serio como en esta foto. Más publicaciones

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