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Comentario Imagen tomada del sitio web de Radio Sancti Spíritus

Adiós a “La Profunda”

La gente que iba a visitarla a su casa de Trinidad salía hablando sobre una pared llena de fotos, porque Isabel Béquer, La Profunda, se dedicó a pegar en un rincón los recortes de sus instantáneas junto a grandes de la música cubana.

Aún después de cumplir los ochenta años seguía recibiendo a periodistas, músicos y amigos; la misma niña que con siete años llegó de la mano de su padre a la emisora Bécquer y Valle, de su ciudad natal, y la que a los trece recibió su primer premio en un concurso de la RHC Cadena Sur de La Habana.

Comenzaba por aquel entonces una vida dedicada a la música, a la guitarra como compañera inseparable, al acto de crear poesía y ponerle ritmos, pasiones que le otorgaron el título de La Profunda.

Trinidad le dio todos los diplomas que pudo, era el modo de reconocer a una hija fiel a sus orígenes. Allí obtuvo la Llave de la Casa de la Trova de la Ciudad y el Premio de la Popularidad en la Semana de la Cultura Trinitaria.

Imagen tomada del sitio escambray.cu

Allí también se llevó, a su ciudad museo, para que convivieran juntos, todos los lauros recibidos en el resto de la Isla: el Diploma al Mérito Artístico, la Medalla Raúl Gómez García y la Distinción por la Cultura Nacional. La lista es extensa, pero saben los que la tuvieron cerca que aquella mujer, guitarra en mano y canciones en los labios, no necesitaba premio alguno para sentir la plenitud artística.

Entre sus fotos de la pared: Sara González, a quien quiso como a una hija y con quien lamentó no haber cantado nunca; Silvio, que dejó su música en Trinidad por aquellos tiempos en que Isabel cantaba en la Casa de la Trova; Enrique Pineda Barnet, que encontró en ella una amistad franca; y Pablo Milanés, con el recuerdo de la guitarra que le regaló en la juventud.

Dos de sus discos, testimonio sonoro de su poesía y sensibilidad para la trova, quedaron grabados con la productora francesa Azul, y uno con la Egrem.

El pasado año le dijo al periodista Juan Carlos Naranjo, que llegó hasta su rincón trinitario: “(…) morir, todos tenemos que morir, pero que yo no pueda tocar mi guitarra, eso ha sido mi muerte”.

Este 20 de enero Isabel se marchó definitivamente, pero en su adiós dejó el eco de eso que tan viva la hizo sentir siempre: la música.

Adriana Fajardo Más publicaciones

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