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Comentario Ilustración: Jennifer Ancizar

Brevísima evocación a Nicola en un aniversario no cerrado de su muerte

¿Por qué se vive cuando se pasa de los 60?
Yo no lo sé, tendría que llegar allá.
¿Se piensa acaso en la muerte cerca
o en lo que un día se dejó de hacer?
¿Viene la muerte a ser un amigo
que uno bromea y juega con él?
Tendría que llegar allá.

Noel no alcanzó a responderse, ni llegó a viejo y canoso, como se pretende casi siempre lucir en la despedida final. A los 58 años de edad, el cáncer en sus pulmones le asfixió el cuerpo. Pero solo eso. Los nueve discos, los veinte poemas de César Vallejo musicalizados y Es más, te perdono se rehusaron al silencio. La muerte no pudo echar sobre ellos su manto el 7 de agosto de 2005, ni tampoco este. Un amante de alguna geografía se arma de versos de Nicola para enfrentar cruzadas amorosas, sin hacer demasiado caso a su fingida ausencia de 19 veranos.

Sus canciones reposan en el imaginario de una audiencia todavía dichosa en el lujo de sentir que lo descubre. Cuba jamás saturó sus frecuencias radiales, ni sus teatros ni sus pancartas con la lírica del desgarbado muchacho que calmó rumores y arrancó aplausos en la Casa de las Américas, mientras trabajaba como ayudante de investigación en el entonces Instituto de Etnología y Folclore de la Academia de Ciencias, junto a Argeliers León.

Pero, aún así, amó su melancolía agridulce, casi palpable incluso en los momentos en que su fina ironía rasgaba el cuero de los preestablecidos sociales. Quizás fuera eso lo que le ganara bautizarse como “el tranquilo” de la Nueva Trova, y tal vez por ello hoy puede saberse el más íntimo, indiscutible maestro de aquella serenidad para subir al escenario, tomar la guitarra y dejar salir su voz de tarde húmeda para cantar de amor y hacer a todos morir de vida.

“Segunda patria la noche
cerró con broche de oro el sueño aquel,
puso su oscuridad en la palabra
pero, así y todo, alumbra lo que es”.

Noel Nicola fue fundador, en 1969, del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y del Movimiento de la Nueva Trova en 1972, según consta en todos los resúmenes biográficos que gravitan en el espacio online. Son escuetos. Dicen muy poco y en su mayoría se limitan a relacionar colaboraciones con grandes: Silvio, Pablo, Feliú… como si Noel necesitara forzosamente de su sombra.

Demasiado pobre la letra escrita y cantada en honor al autor de Para una imaginaria María del Carmen, después de haberse inscrito en la historia de la música cubana como uno de los impulsores de ese movimiento muevecontinentes que luego fue quedándose —para la mayoría— en el binomio Rodríguez-Milanés.

Su brevedad, que parece ser más simbólica que factual, refuerza la teoría de la calidad exquisita de las cosas pequeñas, de las estrellas guardadas en el fondo del bolsillo para cuando los asuntos se pongan serios y se precise una luz contra todo pronóstico.

“Verano, ya me voy,
y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente;
llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie”.

 

Discografía

Entre otros, junto a Santiago Feliú / 2002.

Dame mi voz / 2000.

Soy y no soy el mismo / 1998.

Ánimo, trovador / 1989.

Tricolor / 1987.

Noel Nicola canta a César Vallejo / 1986.

Lejanías / 1985.

Así como soy / 1980.

Comienzo el día / 1977.

 

Claudia Pis Guirola Más publicaciones

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