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Reseñas Portada del álbum La Calentura, de Manolín, El médico de la salsa. Portada del álbum La Calentura, de Manolín, El médico de la salsa.

La Calentura/ El Médico de la Salsa

En el 2021 cuando la Covid-19 estaba en su punto álgido, la música se convirtió en uno de los principales aliados para superar esos momentos de cuarentena y de retención. Según el análisis de Spotify (el mayor servicio de música, podcast y videos digitales a nivel mundial) el cuarto trimestre alcanzó un récord de oyentes alrededor de todo el globo.

En junio de ese mismo año tuvo lugar un comunicado importante para la música cubana: Manuel González Hernández, conocido en el mundo artístico como “El médico de la Salsa” abandonaba los escenarios porque, según sus palabras, ya tenía todos los sueños cumplidos. Después de dos décadas fuera de Cuba, principalmente en los Estados Unidos, regresaba a la Isla.

“Ha sido un gustazo, pero hoy le pongo punto final. Mis sueños están cumplidos. Hoy les informo oficialmente que me retiro de la música y de la vida pública. Fue un placer inmenso hacer música, una experiencia maravillosa”, expresó Manolín en sus redes sociales, una suerte de carta de despedida que dejó a sus admiradores con un abrumador vacío en el pecho.

Mi madre, fanática empedernida, nunca se vistió de luto. Ella seguía escuchándolo a todo volumen mientras ocupaba sus tiempos libres en limpiar compulsivamente la casa. Nunca faltaron sus hits en las jornadas matutinas, entre mascarillas y cantidades industriales de cloro, sonaba Jaque Mate, Me faltaron cosas, Y ahora baila. 

Dicen que no hay nada parecido al calor de un hogar, el cariño, la admiración y la nostalgia. Estos sentimientos fueron los detonantes para que en el 2022, Manolín regresara al show y nos diera otra de sus consultas médicas, después de casi seis meses de inactividad en el mundo del espectáculo.

“Yo sí me retiré en inicios de la pandemia, pero llegué a Cuba y volví a embullarme y a conectar de nuevo”, confesó el artista en un live en su cuenta de la red social Instagram una mañana de febrero de 2022.

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La temporada estival empezaba con toda su fuerza y esplendor: la escalada de las temperaturas arrasaba, teñía las calles y el cubano sentía el calorcito. El verano de 2024 clamaba por su banda sonora. Manolín, volvía a sorprender, esta vez con el anuncio de su disco La Calentura, de un gusto áspero, ligero de alcohol, con pistas dulces, como piña colada.

El disco toca temas diversos pero conectados entre sí de cierta forma: el desamor, la emigración, las relaciones complejas, el deseo, el cariño, la nostalgia y el amor desenfrenado. Fue grabado en los Estudios Abdala bajo el sello musical Páfata (el mismo de Alexander Abreu).

Según detalles ofrecidos a Prensa Latina, el disco contaría con una orquesta nueva, pero de músicos consolidados; “los chamacos, como él los llama, esperaban volver a “la batalla” en la escena musical nacional. El artista dio a conocer asimismo que el estreno al público sería en el Salón Rojo del hotel Capri, lugar donde dio sus primeros pasos en la música. Después confesó a PL que tenía un objetivo más grande, llevarlo al icónico Salón Rosado de la Tropical, donde se puede entrar más económicamente y llegar a todo tipo de públicos.

Comienza con la canción de nombre homónimo: un tema que deleita por el acompañamiento instrumental y el tempo suave de su sonido. En él se relata la historia de un hombre y una mujer que llevan dos estilos de vida completamente diferentes: mientras el autor quiere tranquilidad y estabilidad, la mujer que le gusta solo piensa en llevar una vida de placer, locura y calentura, como declara el título. A medida que avanza la canción el conflicto cambia, el autor supera la relación y queda con la promesa de que lo busque “cuando se te pase esa calentura”.

Manolín de Cuba es la invitación a zapatear, es imposible escucharla sin mover aunque sea un poquito los hombros. Esta línea es la declaración firme y segura del disco: “ni la fama, ni el dinero, yo me quedo con mi gente bailando bajo el aguacero”. Resulta la más cercana, la que más tira pal pueblo, el agradecimiento del músico al apoyo que su público le ha brindado por tantos años.

En el caso de Quiero verte feliz, ME DIO POR ESO y Amor libre, se nota una fidelidad a los sonidos insignes que han definido al “Médico de la salsa”. Unos temas que cumplen con el estilo del disco, arraigados un poco a la seguridad y a las mismas melodías, notas y estribillos pegadizos. Pecan, en parte, por la falta de experimentación, ya que le quitan carácter al álbum, le restan frescura y novedad.

Antes que todo tú es una salsa melódica, propicia para el baile entre dos enamorados, con un ritmo pegadizo y unos metales que quedan en el oído. El saxofón y la trompeta arrasan con unos solos demasiado buenos, toman protagonismo sobre los demás instrumentos e invitan a levantarse de la silla y a menear los pies bajo el grito de “¡salsa!”.

Con Ven a buscarme crece la nostalgia, la remembranza del cariño y la pasión de dos amantes. La invitación queda en el aire, un llamado para volver a recordar todas las vivencias. La conexión entre la parte instrumental y vocal convierte a Ven a buscarme en un himno de recuerdos.

Uno de los dilemas de la sociedad cubana actual se hace ver en Un chico próspero: la influencia del dinero en las relaciones. “No tiene nada de malo que le guste lo bueno”, dice casi al inicio de la canción. Esta habla claramente de aquellas personas que se fijan más en lo económico que en el atractivo físico o sentimental. Mezcla la crítica social, la música y lo comercial para exponer su criterio acompañado de la orquesta.

Háblame de las cubanas arranca con una línea que cala hondo en el consumidor, “puedo vivir en Madrid, puedo vivir en Miami, pero soy de Cuba”. La pieza puede tener especial significación para los cubanos que están fuera y que a pesar de encontrarse lejos siguen extrañando la vida que dejaron aquí.

“Se fue para no volver, se fue, pero como extraña”: Me falta La Habana, al igual que Háblame de las cubanas comienza con una línea cargada de sentimiento. “El médico de la salsa” guardó lo último para el final como cosa buena, se nota mucho más la voz de Manuel González Hernández, el ser humano, y se aleja del de la comercialidad que a veces caracteriza a Manolín.

El disco representa un reencuentro con todos sus seguidores cubanos, para conectar y volver a calentar la pista de la música en la Isla. Según las palabras del autor se reconoce más experto y maduro en comparación con sus vertiginosos inicios en los años 90, y agradece con especial cariño a Alexander Abreu, líder de Havana D’Primera, por ayudarlo en el proceso creativo del álbum.

Su principal aspiración es llegar a todos los rincones del país, que se sienta propio, que se disfrute y se vuelva distintivo de la sociedad cubana. Que lo escuchen todos, desde el chico próspero, hasta el cubano de a pie que sigue caminando cansado bajo el sol perenne de La Habana.

Sergio Iré Ruiz García Más publicaciones

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