Portada del álbum Pneuma / Pneuma
Los más atentos se habrán percatado de una nueva presencia en la escena del jazz habanero, que hace poco más de un mes estrenara su sencillo Entre el Humo, a través de las redes sociales. Pneuma es el nombre al que responde este nuevo proyecto, que en su debut cuenta con la participación de Marlon Castro (teclado y bajo), Alejandro Mendoza (saxofón), Jonathan Formell (guitarra y contrabajo) y Luis Martinez (drums). Su EP homónimo se encuentra disponible en todas las plataformas desde el pasado 30 de abril.
Pneuma, en su significado como palabra, evoca las cualidades del aire, la vida y el espíritu en cuanto a su fluidez y libertad, algo que viene muy bien como concepto de un álbum (así como de una banda), que no tiene otra esencia que la espontaneidad y la exploración misma. La búsqueda en este EP no trae consigo pretensión alguna; el oyente decide cómo hacer propio aquello que se le ofrece.
Con 28 minutos de duración, Pneuma se conforma por cinco temas que a su vez son uno solo; con una media de seis minutos, excepto el cuarto. Dicho de otra forma: un viaje con varias paradas. Lo que más destaca en la primera escucha es cómo resulta imperceptible la transición de un tema al siguiente, transportando al oyente de un estado a otro con una invitación cálida y genuina notable desde Lumbre, el track que abre.
Lo segundo más relevante es que todo lo que ocurre fue grabado en vivo, producto de una improvisación colectiva. Sin partituras ni ensayos previos, todo lo que está sonando es fruto del momento, de la inspiración y la complicidad de los músicos. Saber esto no solo incita y garantiza de antemano que habrá una segunda escucha, sino una experiencia más deliciosa donde uno es capaz de ser partícipe de una forma más personal con lo que oye, casi como si formara parte.
Se trata de un evento único e irrepetible, como lo fueran las legendarias sesiones en vivo de Miles Davis, John Coltrane, Wayne Shorter y Ambrose Akinmusire, quienes son grandes influencias en este proyecto. Y digo legendarias no en vano, pues es difícil creer que productos tan elaborados y a la vez coherentes hayan sido fruto de la improvisación.
Muchos se han mantenido escépticos ante qué tanto es cierto lo que puede lograrse sin ensayo alguno, sin partituras, sin apenas una idea previa; sin embargo, Pneuma llega para demostrar y confirmar que es posible. Hasta la fecha solo se encuentra registrado fonográficamente en Cuba otro material con estas características. Masintin, de Yasel Muñoz, Mario Salvador y Marcos Morales se lleva el primer lugar, dejando para Pneuma el segundo. Ser testigo como espectador de estas particularidades al tiempo que suceden es demasiado tentador como para dejarlo pasar.
Como ya mencionaba antes, desplegando el contenido del EP nos encontramos primero con Lumbre, que nos hace de umbral para comenzar el viaje. La atmósfera desde el inicio nos propone relajarnos y dejarnos llevar. El saxofón nos da la mano para llevarnos a un momento preciso casi palpable. Se puede sentir ese momento de la tarde en que las farolas despiertan y el sol casi duerme; cuando el frescor de la noche que llega tiene ese olor característico que tiene la brisa del malecón. Lumbre es una caminata por El Vedado, yendo para algún lugar con la mente perdida en el paisaje, reconociendo el horizonte cotidiano como nuevo y a la vez como hogar.
Bordeando el Nexo, el segundo tema, o más bien el segundo momento, es como un arribo luego de la caminata que es Lumbre. El diálogo entre el teclado y la batería lideran la dinámica. La conversación de los instrumentos lo incluye también a uno, que fácilmente siente el impulso de dialogar internamente y, a la vez, escuchar. Es una acogida, como si se llegara a casa de amigos a disfrutar de esa noche que nos ampara. La compenetración de los músicos se hace muy presente más que nada en las pequeñas sutilezas en las que confluyen. Su conversación es también nuestra.
Bordeando el Nexo tiene el privilegio de dejarnos entrever el bagaje de sus autores, algo que se irá ampliando a medida que se avanza en el disco. Resalta en primera instancia una inclinación constante en la guitarra de Jonathan Formell hacia la música contemporánea y que sugiere una formación académica vinculada a la misma. Se percibe, de igual forma, una gran influencia del rock que por momentos recuerda a bandas como The Doors.
Céfiro, el número tres, es el momento que personalmente elijo habitar con más frecuencia. Tal como el nombre, suena refrescante y lleno de colores, con un final que dibuja una salida del sol a través del saxofón: la noche se nos hizo muy corta, la conversación fue amena y extensa; nos ha sorprendido el amanecer. El teclado se pasea como se pasearía la luz por la silueta de la ciudad, con una caricia que es casi una carta de amor. La sensibilidad que se desprende en este instante cobra mayor sentido recordando la formación como flautista de Marlon Castro. Los colores que consigue sacarle al teclado podrían muy bien lograrse con la flauta. El saxofón, una vez más, es clave, y Alejandro Mendoza lo lleva de la manera más genuina, recreando melodías que recuerdan a las palabras.
El Interludio es el penúltimo momento y el más corto de todos, con solo 2:12 minutos. Este es algo más frío y recuerda una escena de lluvia. El paisaje es otro, la mañana lluviosa nos obliga a quedarnos donde estamos y lo hacemos con gusto. Los sonidos que nos llegan empiezan a evocar lo acuoso, una fricción humedecida. Si bien todo el disco cuenta con elementos vanguardistas, especialmente en la guitarra, es aquí donde más se evidencian. Tal como con Céfiro, los detalles son tan precisos como un castillo de naipes, de mover uno podría colapsar el resto. Es entonces cuando se vuelve realmente importante entender y saber de antemano el proceso creativo del que surge el EP. Esa unidad y conexión son un instrumento invisible que no calla.
La lluvia del Interludio levanta el vapor del pavimento para que se dé el último momento: Entre el Humo. El paisaje regresa a lo que fue, pero no nosotros, con toda la belleza de las narrativas circulares. La calle nos recibe como la primera vez, pero en colores contrarios. A pesar de ser el final, la historia no decae, por el contrario, deja con ganas de más, con el sabor de una despedida en la que nadie se quiere ir, con una promesa de más en sus últimos segundos. El espectro de sonidos se amplía, buscando sonoridades que se funden entre lo cubano y lo extranjero. Los guiños al rock, que antes podían pasar desapercibidos, ahora se remarcan y el saxofón se muestra cómodo. Luego de haber sido un gran cómplice en este recorrido, la batería se permite resaltar. Luis Martínez hace que se vea fácil acompañar un jazz de impromptu con su mano bien certera.
Me gustaría comentar sobre pequeños detalles, quizás más técnicos, y otras cosas de las que se vuelve un atrevimiento hablar sin saber. La verdad es que todo está dicho, y lo que no lo parece va surgiendo mientras más se escucha. ¿Por qué hablo de tantas escuchas? Porque es inevitable. Cada una es una experiencia diferente en la que aparecen sonidos e imágenes nuevas. La narrativa que logra Pneuma permite que el disfrute se acomode en capas, y cada cual “pela” hasta donde lo desee.
Este EP resulta una propuesta diferente, dispuesta a enriquecer y retroalimentarse, algo siempre positivo en cualquier esfera, pero especialmente necesario en el arte. El continuo surgimiento de proyectos jóvenes en el jazz, dispuestos a la evolución y la experimentación le auguran un futuro esperanzador a la música cubana.
Pneuma nos trae una oportunidad de explorar dentro de nuestra propia mente con libertad y darle rienda suelta a la imaginación. Una obra muy recomendada para la búsqueda de inspiración o de sensaciones. Es, en el más escueto resumen, aquello que cuando suena de fondo de repente te hace parar una conversación acalorada para preguntar quién es el artista.